11 de Septiembre: un museo controvertido para revivir el dolor y repensar la historia

11 de Septiembre: un museo controvertido para revivir el dolor y repensar la historia
En las entrañas de la Zona Cero, el espacio, considerado un proyecto en permanente construcción, será inaugurado hoy por Obama
Después de una década marcada por el profundo dolor , el rencor partidista, la guerra, el despilfarro de fondos y la inundación del huracán Sandy, hoy finalmente será inaugurado por Barack Obama el Museo Nacional del Memorial del 11 de Septiembre, aunque la apertura oficial será el 21 de mayo. La experiencia de visitarlo es casi un golpe bajo: si hay un museo nuevo cuya construcción ha parecido desde el principio un verdadero desastre es éste, empezando por su trifurca identidad.

¿Iba a ser ante todo un testimonio histórico, un monumento a los muertos o una atracción turística tipo parque temático? ¿Cuántos museos históricos se han levantado alrededor de un depósito de restos humanos en funcionamiento y al que todavía se le suman muertos? ¿Cuántos cementerios cobran 24 dólares de entrada y venden remeras de recuerdo? ¿Cuántos parques temáticos nos hacen saltar las lágrimas a cada paso?

Porque eso es lo que ocurre con este museo. Lo primero que hay que decir, y tal vez lo último, es que es emocionalmente sobrecogedor.

Los angustiosos y furibundos cuestionamientos por el museo de parte de las familias de algunas de las 2983 víctimas tuvieron una amplia difusión. Pero las obras avanzaron, centímetro a centímetro, y el museo que emergió es fiel a su objetivo inicial y fundamental: contar la historia del 11 de Septiembre desde el lecho de roca de su "zona cero".

Mientras que el adyacente Memorial Nacional del 11 de Septiembre -dos espejos de agua de granito con cascadas que llenan las huellas de las que fueron las torres- es visible desde la plaza seca a nivel de la calle, el nuevo museo es casi enteramente subterráneo. La mayor parte, unos 1000 m2 de espacio expositivo, se encuentra más de 20 metros bajo tierra.

La invisibilidad tiene un fuerte efecto dramático. El descenso a las tinieblas es constitutivo del suspenso. También es el clásico camino del ritual y la regeneración religiosa, trayendo a la mente imágenes de la tumba y del lecho marino.

El drama empieza en tono menor y al nivel de la calle, con un pabellón de entrada situado a mitad de camino entre las dos cascadas del memorial. Diseñado por la firma noruega Snohetta, se trata de una caja de vidrio inclinada y fuera de escuadra que marea como un barco escorado. La recepción de madera clara, con su guardarropas, su café y su salón de uso exclusivo para las familias de las víctimas, es atmosféricamente neutra, incluso anodina, pero ofrece una imagen inconfundible: la presencia de dos de las emblemáticas e inmensas columnas de acero en forma de tridente de la fachada de las torres.

El sonido ambiente grabado juega un papel protagónico. Al igual que la escala. A través de un corredor de atmósfera opresiva se emerge a una plataforma que da a un espacio vacío y a un monolito arqueológico: una sección expuesta de 18 metros de altura del muro pantalla del World Trade Center. Esos cimientos de vaciado de hormigón, colocados antes de que empezara, en 1966, la construcción de los edificios, fueron y siguen siendo la barrera defensiva que separa al World Trade Center del río Hudson.

Cuando las torres colapsaron, se temió que ese muro cediera, inundando el lugar. No cedió. Crujió, pero se sostuvo, y se convirtió rápidamente en símbolo de resistencia y de capacidad de recuperación.

El pensamiento metafórico abundaba en los días y meses posteriores al 11 de Septiembre. Todo era en términos de luz y tinieblas, herida y sanación, muerte y renacimiento. El diseño interior del museo, encargado a la firma neoyorquina Davis Brody, refleja ese tipo de pensamiento, en especial la interminable rampa por la que los visitantes descienden siete pisos, entre los gigantescos bloques hundidos de las cascadas del exterior, hasta llegar a la verdadera "zona cero".

La rampa está inspirada en la calle de acceso que se construyó en la primera fase de recuperación del lugar, y que más tarde quedó revestida de un aura sacra. Pero en el contexto del museo, la rampa se convierte en la ruta de una procesión que avanza entre imágenes proyectadas de los pósteres de los "desaparecidos" que empapelaron la ciudad durante las semanas que siguieron al atentado.

Y cuando ese camino finalmente llega al lecho de roca, se abre en caminos alternativos, ya sea hacia una sobria exhibición que conmemora a las víctimas del ataque terrorista o hacia una evocación perturbadoramente vívida de los hechos en sí. En este punto, el conflictivo carácter del museo empieza a hacerse evidente.

Las paredes de la galería están cubiertas de las fotos de casi 3000 personas. Hay pantallas táctiles donde se puede tocar la imagen de esas mismas caras para acceder a reseñas biográficas o anécdotas grabadas, que también pueden ser proyectadas en gran formato en un salón contiguo. Alrededor de 14.000 restos no identificados o no reclamados del 11 de Septiembre yacen no a la vista, en un depósito adyacente, a pedido de la gran mayoría de las familias.

La historia que prevalece en el museo, como en una iglesia, está enmarcada en términos morales como una historia de ángeles y demonios. Según ese relato, los ángeles son muchos y heroicos, y los demonios son pocos y malvados, una banda de islamistas radicales, según se los identifica en una película descontextualizada y sin matices llamada The Rise of Al-Qaida (El ascenso de Al-Qaeda), que se proyecta al final de la exhibición. El relato no es tanto equivocado como drásticamente incompleto.

De todos modos, dentro de esa perspectiva estrecha, quizá justamente por ella, el museo logra algo poderoso. Y afortunadamente parece considerarse a sí mismo un proyecto en construcción, enfocado en la investigación y no en la acumulación. Eso espero. Si deja de crecer y congela su relato, se transformará en otro objeto más del 11 de Septiembre. Si aprende a lidiar con el hecho de que no sólo le atañe la arquitectura sino la política global, no sólo un hecho violento sino una época belicosa, tal vez ayude a profundizar nuestra comprensión de la política, los valores y la devoción.

EL PEOR ATENTADO EN EE.UU.

2983

Son las personas que murieron en las Torres Gemelas luego de ser impactadas por dos aviones de pasajeros

14.000

Es la cantidad de restos humanos de víctimas de los ataques que se encuentran en un depósito adyacente al museo

El proyecto en Nueva York busca homenajear a las víctimas

Comentá la nota