Qué semana

Qué semana
Muchos temas relevantes han sido reflejados en los medios de comunicación durante la última semana. La ideología expresa de Macri quedó en evidencia en la administración del presupuesto y en la represión de su policía. La incomodidad que le provoca hablar de un tema que no se habla al ministro de Economía de la Nación. Por último, la reforma del Consejo de la Magistratura: el congreso paralelo del diario La Nación y la oratoria del diputado Rivas como un punto de altísima claridad y calidad política.
MACRI GOBIERNA

El diario Página 12 publicó “A costa de los pobres e indigentes” una nota que expresó la denuncia de la administración de fondos del jefe de la ciudad. Una clara muestra de su ideología política: “El gobierno de Mauricio Macri reunió los fondos extraordinarios para pagar las indemnizaciones a los inundados con un recorte al programa de Ciudadanía Porteña, que subsidia a las personas en situación de pobreza o indigencia. Así lo denunció el legislador del Frente Progresista y Popular Aníbal Ibarra. Para reunir los 60 millones de pesos extra para el fondo de subsidio a los inundados recortaron 10 millones de partidas del ministerio de Hacienda, otros 10 millones al de Espacio Público y 40 millones a Ciudadanía Porteña, que depende del ministerio de Desarrollo Social porteño. Esto implica que las dos terceras partes de los fondos extraordinarios salen del programa social. Para Ibarra, esto demuestra ‘el perfil ideológico del gobierno de Macri’. Según los documentos que hizo públicos Ibarra, en la gestión PRO recortaron 40 millones de pesos de la partida 51413 del ministerio de Desarrollo Social destinado al programa “Con todo derecho”, de Ciudadanía Porteña. Se trata de las partidas destinadas a personas en situación de pobreza e indigencia. Según explica la web del gobierno porteño, ‘su objetivo general es disminuir los niveles de desigualdad en la ciudad’ y ‘se utiliza únicamente para la adquisición de alimentos, productos de limpieza e higiene personal’. El recorte es de casi el 6 por ciento de los fondos con los que cuenta el programa”.

El mismo diario, también se hizo eco de la represión que realizó la policía de la ciudad de Buenos Aires, una herramienta coercitiva utilizada para afrontar los conflictos: “La Metropolitana reprimió a trabajadores del Borda” fue el título de la nota que informó que “El gobierno porteño ordenó un despliegue del cuerpo de infantería de la Policía Metropolitana que a fuerza de balas de goma, gases lacrimógenos y palos avanzó contra los trabajadores del hospital neuropsiquiátrico que reclamaban contra la demolición de un sector donde funcionaban talleres sociales para los internos. ‘Macri, basura, vos sos la dictadura’, cantaron médicos, enfermeros y demás empleados que, además, protegían a los pacientes que se acercaron hasta ese sector del predio donde el Ejecutivo pretende construir un centro cívico. La represión tuvo lugar esta mañana en el hospital del barrio porteño de Barracas, hasta donde se acercaron algunos legisladores y referentes de varios gremios. El delegado del Hospital Garrahan, Gustavo Lerer, dijo que los agentes dispararon balas de goma al entrar ‘con topadoras e infantería para instalar un centro cívico, destruyendo el lugar donde se tratan enfermos neuropsiquiátricos’, en el edificio de la calle Ramón Carrillo 375”.

ME QUIERO IR

La pregunta lo puso incómodo y no supo o no quiso (o ambas cosas) dar una respuesta. La inflación sigue siendo tema tabú para el gobierno: “A Lorenzino le preguntaron por la inflación y dijo: ‘Me quiero ir’” fue el título de Clarín. La nota detalló que “La periodista griega Eleni Varvitsioti esperó hasta las 11 de la noche detrás de una puerta de vidrio esmerilado del quinto piso del Ministerio de Economía. Sabía que del otro lado, en algún momento, aparecería Hernán Lorenzino. Efectivamente el ministro se desocupó y Varvitsioti fue recibida en su oficina. Era una noche de diciembre de 2012 y Lorenzino creyó que la entrevista no le depararía inconvenientes. Pero eso fue hasta ayer. La frase ‘me quiero ir’ que Lorenzino pronunció cuando la periodista le preguntó sobre la inflación quedó en el anecdotario de frases célebres de los ministros de Economía (...) El incidente comenzó cuando la periodista lanzó, ‘Tengo una pregunta simple, ¿cuál es la tasa de inflación?’. Y Lorenzino respondió: ‘Las estadísticas argentinas oficiales registran mes tras mes la inflación y esa es la única tasa posible. La única oficina pública con capacidad técnica y equipo para medir la inflación es la del INDEC’. Pero Varvitsioti insistió: ‘¿Pero cuál es?’. A lo que Lorenzino, sin ocultar sus dudas, eludió una vez el tema: ‘Creo que el acumulado en el último año es 10,2%. Me puede estar equivocando en décimas’. La tercera fue la vencida. Cuando la periodista cargó una vez más se encontró con la sorpresa. ‘Vuelvo a repetir. La inflación creo que eh … es... perdón. No sé, ¿puedo cortar esto?’, dijo Lorenzino. Ayer se dio a conocer el video traducido. Rápidamente se convirtió en el tema número uno de Twitter. Allí se vio que, mientras la cámara no toma su imagen, Lorenzino lanzó: ‘Me quiero ir, sí, me quiero ir. Y además hablar sobre estadísticas en la Argentina es complejo, ok? Prefiero quedarme con la última respuesta que di y no ahondar en el tema’”.

CONGRESO PARALELO

El debate y votación en el congreso donde se trataba el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura fue extenso, de clima caldeado. Mientras se desarrollaba, el diario La Nación, como si sus oficinas fueran un congreso paralelo, organizó una mesa redonda para que se debata el proyecto. Un gesto de poco respeto republicano: “Legisladores y juristas dicen que la reforma permitirá al gobierno ser más autoritario” fue el título y el comienzo de la nota expresó: ‘Un gobierno cada vez más autoritario’ ‘Se politizará aún más la Justicia’ ‘La gente tendrá menos protección contra las medidas arbitrarias del Gobierno’ ‘Los juicios serán aún más largos que ahora’. Ésos son algunos de los serios riesgos de la reforma judicial que, durante una mesa redonda en La Nación, señalaron los diputados Paula Bertol (Pro), Gustavo Ferrari (Peronismo Federal) y Ricardo Gil Lavedra (UCR), y el ex fiscal de la Cámara Federal Julio César Strassera -él y el legislador radical fueron dos de los siete magistrados que acusaron y condenaron a las juntas militares-, y los constitucionalistas María Angélica Gelli y Alberto García Lema. Muchas de esas advertencias también fueron formuladas ayer, durante el plenario de comisiones. Pero los diputados kirchneristas se aprestan hoy a avanzar con la sanción de los proyectos y apenas autorizaron a introducir algunas modificaciones menores en la iniciativa que regula el Consejo de la Magistratura”.

LA ORATORIA DE RIVAS

Se destaca la oratoria del diputado socialista durante el debate en el congreso, dónde hubo chicanas, acusaciones y críticas al gobierno y se repitió constantemente democratización de la justicia o defensa del poder judicial, sin argumentar demasiado. Estas son sus palabras, una muestra que excede su reconomiento como “ejemplo de vida”, sino que alcanza su perfil político e intelectual, orando con gran claridad y calidad política.

“Señor Presidente:

Le confieso que no pensaba participar de este debate, si bien fui confirmante de los seis dictámenes, y voté los tres proyectos que aprobamos el miércoles pasado, y por supuesto votaré afirmativamente los tres proyectos que tratamos hoy en el convencimiento de que vivimos un proceso de democratización progresivo, que va superando de a una las antiguas carencias democráticas.

La democracia plena es aún un objetivo que perseguimos, no un logro ya obtenido. Cuando la presidenta habló de la necesidad de democratizar el poder judicial no pronunció ninguna blasfemia contra la Constitución, ni lanzó ataque alguno contra uno de los poderes del estado. Se refirió, sin más, a esa necesidad de seguir ampliando nuestra democracia.

Desde ya que, sin ingenuidad y con la absoluta certeza de que estamos tratando de desatar nudos de privilegio que han sido fuertemente atados durante más de un siglo y medio, suponía que íbamos a encontrar muchas resistencias. Pero el motivo que me empujó a hacer unas breves reflexiones en este debate es que me preocupa la peligrosa banalización que cierta parte de la oposición hace de algunas palabras.

Palabras tales como democracia, dictadura, república, entre otras, deberían ser definidas con precisión por quienes las están usando en esta circunstancia, así tenemos la certeza de que hablamos un mismo idioma. Porque no dudo de que en el debate parlamentario le asiste a la oposición todo el derecho a oponerse, incluso a hacerlo de manera firme y vehemente. Pero, estimados y estimadas colegas, guardemos el recato elemental que debemos tener como representantes del pueblo.

Nuestros fueros parlamentarios, necesarios para poder cumplir libremente nuestra representación, no son una patente de corso para decir cualquier cosa sin el más mínimo fundamento. He ejercido por más de veinticinco años la profesión de abogado y he sido docente de derecho constitucional por más de una década, por lo que me siento tentado a entrar en el debate técnico jurídico sobre la reforma del Consejo de la Magistratura, o sobre la creación de las cámaras de casación, o de la regulación de las medidas cautelares contra el estado.

Sin embargo, honestamente, no creo que nos encontremos frente a un debate técnico jurídico. Por el contrario, creo que estamos frente a un debate netamente político, que por eso mismo no debe limitarse a los abogados. Debe ser amplio, ya que el eje de la discusión, me parece, pasa nada menos que por determinar si en nuestro orden constitucional el derecho colectivo tiene supremacía sobre el derecho individual, o viceversa.

A mi juicio esa cuestión ya fue saldada a principios del siglo XX, con el nacimiento del constitucionalismo social, que nuestra constitución recoge en el artículo 14 bis. De modo que anteponer los derechos individuales a los colectivos no solo me parece un rasgo de fundamentalismo ideológico. También me parece que es negar la propia evolución del estado de derecho contemporáneo. Y que a quienes pensamos de esta manera, se nos trate de totalitarios, esconde, en el mejor de los casos, una profunda ignorancia sobre el concepto de totalitarismo.

Estoy convencido, señor presidente, de que el poder judicial es el único poder del estado que se reproduce a sí mismo sin participación de la voluntad popular, el de espíritu más corporativo, el más cerrado sobre sí mismo. El que está más lejos, fuera del alcance casi, de los ciudadanos comunes. El más permeable, si se me permite, a la presión de los intereses minoritarios más poderosos. En otras palabras, el poder del estado de origen y funcionamiento menos democráticos.

Huelga decir que su reforma exige un debate de genuina calidad política y teórica. Pero sería necio negar la necesidad de esa reforma. Tanto como negar que ella debería contribuir al objetivo superior de la democracia, que no puede ser otro que la igualdad social.

En esta inteligencia, adelanto mi voto afirmativo a los proyectos que estamos tratando, convencido de que estamos aportando a la construcción de una democracia más genuina, más vigorosa, y más legítima. Muchas gracias”.

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