La visita de la Presidenta a Tierra del Fuego generó muchas expectativas sobre la posible definición de su respaldo a algún candidato, de cara a las elecciones de junio. Cada gesto, mirada y palabra fueron seguidos con atención. Pero más allá de las lecturas que se puedan hacer, no bendijo ni a propios ni a extraños.
Fue así que se planteó si la visita debía definirse como institucional o política. Y la realidad marca que tuvo tanto de una como de otra.
Por un lado, la presencia de la Primera Mandataria en la reinauguración de una planta fabril y la presentación de nuevos productos tiene un carácter netamente institucional.
Pero cuando Cristina ratifica al desarrollo industrial como política de Estado y destaca los logros de su gestión en materia económica y social; cuando ese desarrollo industrial en Tierra del Fuego recibe un fuerte impulso con la sanción de una ley nacional impulsada en forma conjunta por la Nación, la Provincia, los legisladores nacionales fueguinos de todos los partidos y por organizaciones sindicales; y luego esos mismos actores se ponen a la cabeza de la defensa del Régimen de Promoción Industrial vigente en la isla, la visita tuvo entonces un corte netamente político.
Y en ese marco todos los referentes con aspiraciones para las próximas elecciones buscaron al menos un gesto de aprobación de la Presidenta que los posicionara como el presunto bendecido.
Lecturas
En función de ello, antes y después de la visita presidencial hubo diferentes lecturas y posicionamientos.
Por ejemplo, la gobernadora Fabiana Ríos destacó previo al arribo de Cristina que cada una de sus visitas tuvieron “un fuerte carácter político”, ya que se dieron “en circunstancias que tuvieron a la provincia como protagonista de hechos relevantes”. Reseñó entonces que “estuvo en la inauguración del nuevo aeropuerto de Río Grande, en la inauguración del nuevo aeropuerto de Ushuaia, en lo que fue la puesta en marcha del gasoducto transmagallánico y en el acto del 2 de abril en el marco del Bicentenario”.
No obstante, también manifestaba ante la consulta que “todos tenemos la responsabilidad de no desnaturalizar el sentido del acto, por el tiempo en que se suscita la visita de la Primera Mandataria”.
En esa misma línea declaraba la diputada Nélida Belous, quien cuestionó que “es lamentable que algunos colegas legisladores que hoy son candidatos no hayan comprendido el mensaje y hayan querido convertir un acto de relevancia institucional en un mitin de internas partidarias, peleándose por una silla o la foto más cercana a la Presidenta para el afiche de campaña”.
Lo que la ofendida Belous no aclaró, o quizás no tuvo en cuenta, es que la ubicación en la mesa principal durante el acto en el gimnasio Margalot fue determinada por Protocolo de Nación.
En tanto, el concejal Gustavo Longhi, candidato a intendente de Río Grande por el PSP, afirmó que Cristina “dejó un mensaje que está por encima de la foto o el cartelito”.
Por su parte, los diputados nacionales Rosana Bertone y Rubén Sciutto, alineados con el kirchenrismo, reivindicaron las políticas económicas y sociales que lleva adelante el Gobierno nacional y plantearon la necesidad de profundizar el que consideran un proceso transformador de la Argentina y además replicarlo en Tierra del Fuego.
Cabe recordar que Bertone es candidata a gobernadora por fuera del PJ, y Sciutto es precandidato a gobernador y participará en las internas del PJ. Uno y otros se adjudican ser las caras del proyecto kirchnerista en Tierra del Fuego.
En busca de una señal
El clima previo se vio enrarecido por las versiones sobre una supuesta discusión entre grupos que respondían a referentes justicialistas por la ubicación de carteles en el Margalot la noche previa al acto, e incluso de cruces con personal de Gobierno. Sin embargo, esto fue desmentido por Ríos. “No me consta”, dijo la mandataria, y señalaba que esa noche “estaba la gente de la custodia presidencial y de seguridad de la Provincia, que es algo habitual en cualquier lugar al que llegue un primer mandatario, y no me informaron nada de eso”.
Además, se dijo que una llamada de Cristina hizo que las facciones en pugna retiraran la cartelería.
También hubo rumores de que en el aeropuerto se quiso impedir el ingreso al sector VIP de los diputados Bertone, Sciutto y Mariel Calchaquí, que la orden la había dado la propia Ríos, y que finalmente la Policía Aeronáutica flanqueó el paso y los parlamentarios accedieron al lugar.
Más allá de este “color”, se pudo apreciar que la disputa en el marco de la interna peronista tuvo su capítulo en el Margalot, donde distintos sectores quisieron mostrar a la Presidenta su poder de convocatoria, más teniendo en cuenta que muchos referentes no pudieron siquiera acercarse a ella.
En ese contexto, el Gobierno no pudo evitar quedar en medio. Al punto que Ríos fue silbada por parte de los presentes identificados con el PJ. Sin embargo, las primeras líneas del Ejecutivo provincial destacaron la relación institucional con la Nación al igual que el respaldo de Cristina a la gestión Ríos, y no dejaron de mencionar que el “resurgimiento” de la industria fueguina se está dando en el marco de un trabajo conjunto Provincia-Nación. Ante este panorama, los silbidos solo fueron una reacción lógica en el marco de una disputa electoral.
Mientras tanto, se pudo apreciar que los dirigentes fueguinos aprovecharon la recorrida por la planta de BGH para posicionarse cada vez que pudieron muy cerca de Cristina, y de paso sacarse cuanta foto pudieran. Los distintos registros los muestran, sobre todo cuando el protagonista era otro, más cerca o más lejos de Cristina, sacando pecho y hasta dando la sensación de estar parados en puntas de pie para tratar de sobresalir.
Todos estaban pendientes de cada gesto, de cada mirada y de cada palabra de Cristina, tratando de dilucidar algún indicio que les permitiera descifrar el pensamiento de Cristina. Lo mismo sucedió en el acto.
Pero más allá de las lecturas que se hagan, la Presidenta solo se limitó a destacar su propia gestión, endulzó los oídos de dirigentes y militantes, y hasta se dio el tiempo de emocionarse, pero no bendijo a nadie. Ni a propios ni a extraños.
Pudo haber, y de hecho hubo, palabras, gestos y miradas para con unos u otros, pero ninguna señal concreta acerca de su posicionamiento de cara a las internas peronistas primero, y las elecciones generales después.



Comentá la nota