Scioli reavivó un viejo anhelo: Sentar en la Cámara Baja a uno de su 'riñón'

La difusión de un sondeo aún no procesado pero con tendencia creciente que lo ubican como favorito consolidado de cara a las generales de octubre, ganador cómodo en un distrito en el que la simple mayoría proclama ganadora a una fórmula, resucitó un viejo deseo del mandatario provincial, Daniel Scioli: sentar en la presidencia de la Cámara Baja a un hombre propio.
Coqueteó en la antesala de la definición de su compañero de fórmula, una decisión que –se sabe- finalmente tomó Cristina Fernández de Kirchner pese a sus mensajes en sentido contrario, con recurrir a la misma estrategia en la conformación del binomio provincial. Regó por los diarios un rumor con tono de advertencia para frenar el avance kirchnerista sobre una jurisdicción que creía exclusiva, la integración de su fórmula: designar a su Jefe de Gabinete, Alberto Pérez, uno de sus funcionarios de máxima confianza, para que nadie dudara que fue él quién resolvió la cuestión que más atrajo la atención del oficialismo por aquel entonces.

La irrupción de la juventud en la Provincia, un sector con fuerte representación en las listas seccionales del oficialismo al que Scioli -habituado a adaptarse a las circunstancias que suelen imponérsele- empieza a acercarse para aggiornarse al nuevo escenario, más la ratificación de que hombres jóvenes de su riñón volverán a ocupar lugares claves –a salir- en algunas secciones, reavivó un viejo deseo del mandatario provincial: quedarse con la Presidencia de la Cámara Baja. Una forma de compensar fuerzas hacia el interior de la fórmula mientras Gabriel Mariotto asuma las riendas del Senado.

En ese marco, trascendió, el actual Ministro de la producción bonaerense, Martín Ferré, inscripto para revalidar la posesión de una banca que obtuvo cuando Scioli ganó la Gobernación en representación de la 7ma. Sección Electoral empieza a probarse el traje de Presidente de la Cámara Baja. El cuerpo en el que se desempeñó como vicepresidente primero en el arranque de la gestión provincial, hasta que fue convocado a formar parte del Ejecutivo. Arriesgada, la idea del Ejecutivo requiere de hacer algunas cuentas. En eso está entretenido, aseguran, un sector del sciolismo que dibuja la forma de cerrar con cada sector que pueda garantizarle llegar a la presidencia del cuerpo.

No es, se dijo, la primera vez que el scioslimo está dispuesto a ir por los principales cargos de la Cámara baja provincial. Ya se escuchó en los pasillos de la Legislatura, en el arranque de su gestión, una frase que se regó, deliberada y con tono de advertencia –finalmente desoída- que si no se erigía como Presidente a un hombre del riñón del Gobernador, éste estaba dispuesto a no asumir.

Finalmente, el ex motonauta terminó aceptando la decisión del cuerpo que, se sabe, “integra un Poder Independiente de la República en un Estado de Derecho”, como se preocupan en remarcar sus integrantes.

No será, de todas formas, fácil la embestida con la que sueña un sector del scioslimo. La nueva avanzada se encontrará con algunas barreras bravas de saltear: la Cámara Baja tiene su propia lógica construida espalda con espalda por los jefes territoriales que allí se albergan. Hay, además, salvoconductos sellados de antemano: habrá 16 diputados oficialistas que no revalidan títulos en las próximas elecciones que hoy forman parte de un acuerdo que tiene referentes claros, el presidente de la bancada oficialista y el titular del Cuerpo.

El sciolismo de paladar negro también deberá advertir, una vez lograda la integración definitiva de la Cámara, la relación de fuerzas con las bancadas opositoras: seguirán éstas siendo más que los hombres y mujeres del oficialismo, aún cuando el Gobernador se imponga con el 53% de intención de votos que le augura un trabajo difundido hoy de la consultora Poliarquía.

Hoy por hoy, sólo el –nunca bien ponderado- entramado que los líderes legislativos lograron alcanzar es lo que hace posible el actual equilibrio, inestable, que exhibe la Cámara joven provincial. No vaya a ser cosa que una fractura del hipotético bloque oficialista termine alentando ideas subversivas en la multifacética tropa opositora, y terminen éstos ocupando las espaciosas oficinas de la planta baja del Palacio.

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