Sangrando por las heridas

Mientras el Gobierno continúa desandando el camino de las obras y la solución a problemáticas en las que se pone en juego la fuente de trabajo; mientras la fórmula oficialista para las elecciones legislativas pone en marcha la campaña, algunos aún intentan cerrar las heridas que no paran de sangrar.
Pasó el armado de las listas. Y con ello, el vendaval de las postulaciones de muchos que, por lógica matemática, terminó siendo la candidatura de unos pocos. Y en el medio un sin fin de polémicas que ya quedaron atrás, porque ahora corre el tiempo de poner primera a la campaña.

Por lo menos, claro está, en lo que respecta al oficialismo, con la lista que encabezan Teresita Luna y Mario Guzmán Soria y a la lista que encabeza el ex presidente Carlos Menem, conformada por cuadros del gobernador Luis Beder Herrera, con ascendencia K.

Tal vez, esto último, haya sido lo más sorprendente de todo para algunos analistas que gustan de revolver en pasados no muy lejanos -como si esto fuera impedimento de algo en materia política-, junto con la candidatura de Teresita Quintela, devenida de senadora inamovible -según sus propias declaraciones- a segunda para una diputación, detrás del actual ministro de Infraestructura, Javier Tineo.

Y es que la táctica ajedrecística de Beder Herrera, asesorada por su arquitecto político Ariel Pui Soria y supervisada en tiempo y forma -al igual que lo hizo en casi todas las provincias- por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, marcó la temperatura exacta en la contienda. Y en el termómetro, se sabe, están los que suben y también los deben bajar.

Y en este marco, el descenso -al mejor, o peor, estilo River Plate- de Tere Q podría compararse perfectamente con la caída de la reina con la que contaba el intendente capitalino Ricardo Quintela para llegar a Nación casi sin escalas, en la que podría definirse además como la partida más importante de su carrera política, no sólo por lo que se jugó en este particular momento, sino por lo que puede implicar este inesperado enroque en un futuro no tan lejano.

La decisión final de la dama del quintelismo, aún cuando se la intente teñir del fragor de la militancia que, según afirman, no sabe de espacios, abrió una herida en el sector.

Y la herida, aún sangra. Y lo que es peor, es que sangra hacia adentro, poniendo al descubierto todas y cada una de las posturas a favor y en contra de una situación inesperada, sobre todo luego de haber retenido la intendencia con cerca del 50 por ciento de los votos.

Así, entonces, algunos afirman que el Intendente debía ponerse a disposición del bederismo no sólo con mayor antelación, sino también con mayores convicciones, mientras que otros se lamentan por la ruptura que propusieron a viva voz y que nadie quiso escuchar.

El debate, al igual que la herida, está abierto y sólo el tiempo dirá quién tenía razón, pero mientras tanto todos se miran como asombrados. Y desde el rey hasta el último de los alfiles, gobierna el desconcierto en el que el quintelismo se retuerce. Y es que estar, no es igual a pertenecer.

No obstante, valga la esperanza, la herida Q es bastante más factible de sanar que la herida abierta en el interior del radicalismo, un partido que, definitivamente, no para de desangrarse. Al parecer, no fue suficiente la dura derrota en las últimas elecciones para tomar conciencia y aprender, y buscar verdaderamente el camino de los consensos y los acuerdos.

Muy por el contrario, el armado de las candidaturas para las elecciones legislativas de octubre evidenció con más fuerza aún todos y cada uno de los desencuentros entre quienes consideran -cada uno por su cuenta- que están en todo su derecho a decidir por ellos mismos y no por el conjunto.

Y así, el radicalismo riojano se encamina una vez más a otro fracaso electoral, de la mano de un nuevo fracaso en la pretendida unidad que no termina de llegar nunca, ni siquiera luego de los mediáticos anuncios.

Y en este contexto, todos los cañones apuntan -otra vez- al actual diputado nacional y candidato a senador nacional Julio Martínez -y en menor medida a Inés Brizuela y Doria-, quien se hizo acreedor de todas y cada una de las críticas y al que acusan de plantear las negociaciones poniendo una pistola en la cabeza.

El problema, según argumentan los detractores de "Mashasha", no fue el lugar en las listas sino la falta de reconocimiento a un sector provincial que pretende renovar sus filas con militantes valiosos que aún no tuvieron la oportunidad de ser candidatos.

"Dejaron a la mitad del partido afuera", se lo escuchó lamentarse a Guillermo Galván y el reclamo alcanzó dimensión nacional, cuando parte del Comité Capital llevó su enojo para hacérselo saber a autoridades del partido.

Pero lo cierto es que estos reclamos, sumados a las disidencias que hoy complican a la UCR riojana, nada hace suponer que se pueda quitar de toda esta situación el velo que marca que esta nueva carrera en la que participa el centenario partido, está perdida incluso antes de largar.

Y es que si en sí mismo, ya será duro el desafío de todos -oficialistas y opositores- para arrastrar a los votantes a las urnas cuando se realicen, por primera vez, las internas abiertas y obligatorias de agosto, cuesta imaginar que alguno de esos votantes puedan inclinarse por una propuesta que carece de unidad y, como consecuencia, de seriedad.

La mirada en su lugar

Será por esto que el Gobierno, al menos en la semana que pasó y seguramente en las próximas que vendrán, quitó la mirada de la cuestión eleccionaria y la volvió a fijar sobre problemáticas que amenazan con afectar directamente las fuentes laborales.

Es este el caso del reclamo por la aplicación del decreto presidencial 699/10, a través del cual se concreta la prórroga del régimen de Promoción Industrial, y que el Gobierno retomó con fuerza al recurrir a la Corte, donde La Provincia pedirá la inhibitoria de los jueces federales que emitieron resoluciones sobre la medida presidencial que se conoció en mayo del año pasado.

Las dilaciones en esta materia producen onda preocupación, sobre todo si se tiene en cuenta que del mencionado régimen dependen más de 10 mil puestos de trabajo actuales y otros tantos que se podrían generar a futuro -con la radicación de nuevas empresas-, y el Gobierno resolvió ir a fondo, lo que generó satisfacción en la Unión de Industrias Riojanas (UNIR). El accionar del Gobierno, con Beder Herrera a la cabeza, implica, ni más ni menos, que tomar el toro por las astas y atacar así todos los frentes posibles.

Pero no es este el único conflicto al que el Gobierno encara, sino que también pone la mirada sobre una situación que no es nueva, pero que no por eso deja de llamar la atención.

Los problemas en la ex Curtiembre Yoma parecen no tener fin y ahora la preocupación pasa por la reducción de la productividad en la planta ubicada en Nonogasta, sumado a los fuertes rumores de que la empresa brasilera que hoy está a cargo, estaría evaluando seriamente retirarse del mercado.

El propio Beder Herrera recibió en la residencia oficial a los trabajadores para que brindaran una radiografía de la situación -ajena- sobre la que el Gobierno ya aporta económicamente para que los empleados cobren sus salarios en tiempo y forma. El de la Curtiembre de Nonogasta es un problema de arrastre, agravado aún más por la falta de materia prima para el sector, lo que abre un serio interrogante en relación al futuro de quienes allí desempeñan sus actividades.

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