El periodista fue uno de los principales asesores de la exministra de Seguridad. Las supuestas escuchas a Puricelli y la postura ante el Papa.
En la jefatura del Ministerio de Defensa, Puricelli se quejaba de la injerencia de Garré en el edificio Libertador. A tal punto que llegó a pedirle ayuda al jefe de la Secretaría de Inteligencia, Héctor Icazuriaga.
En su despacho, Puricelli les pedía a sus íntimos que bajaran la voz porque estaba convencido de que el general César Milani, jefe de Inteligencia y leal a Garré, lo espiaba con micrófonos. Las quejas en ese sentido llegaron hasta oídos de la Presidenta.
Durante la crisis de la fragata Libertad embargada en Ghana por un reclamo de fondos buitre, Verbitsky hasta dio por echado a Puricelli. El ministro de Defensa fue uno de los blancos predilectos del periodista.
Cuando estalló el escándalo del denominado Proyecto X, una base de datos de Gendarmería en la que había información de inteligencia sobre gremios y movimientos sociales, Verbitsky defendió a su amiga y orientó sus cañones hacia los detractores de la entonces ministra de Seguridad.
El binomio Garré-Verbitsky también intentó hacer pie en la Secretaría de Inteligencia, cargo al que siempre aspiró la ex funcionaria de la Alianza. Allí su caballito de batalla era Fernando Pocino, un ex radical que llegó a la SIDE durante el gobierno de Raúl Alfonsín y cuya cercanía al kirchnerismo lo posicionó como jefe de Reunión Interior del organismo de espionaje.
Garré utilizó el silencio cuando Verbitsky embistió contra Jorge Bergoglio al ser designado Papa. No se sumó a la prédica a favor del Papa como el resto del Gabinete.
Verbitsky también se cruzó con el secretario de Justicia, Julián Alvarez, durante el debate por la reforma judicial. No fue bien visto por La Cámpora.
La agrupación juvenil kirchnerista comenzó a discutir la influencia del periodista. Al parecer, tuvo sus efectos.








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