Rubén Rodó: "Es dudosa la victoria del PJ sin Domingo Amaya"

Cree a pies juntillas que ha llegado su hora. Y esta vez no la dejará pasar. Es el último tren. No tiene reelección. La alternativa que le queda es pelear por la gobernación en el 2015.
Es su íntima decisión, sin marcha atrás. Otro cargo no lo tienta, ni le interesa.

El almanaque con el otoño desgaja sus días y ya no hay mucho margen para demorar su salida a la arena. Si hasta ahora no rompió con el mandamás es porque su gestión está sujeta a la faltriquera oficial para sobrevivir.

Para Alperovich, siempre fue un rival en potencia, a quien miró con recelo. Y ahora mucho más. Domingo Amaya -de él se trata- en su gestión municipal recibió del zar un continuo maltrato y hasta humillaciones públicas.

Soportó en silencio.

No obstante los infortunios, supo construir su fuerza política en los barrios periféricos, independientemente del patrón. Es su capital y no lo subastará gratis.

Cuenta con un caudal de votos que no tiene ningún otro de los súbditos del César que sueñan con la sucesión.

Cualquiera fuese el dibujo electoral que diseñe, no podrá prescindir del alcalde si pretende prolongar la era K en versión subtropical. Ya ocurrió en las consultas habidas en la década. En la ciudad, Amaya superó en votos al zar y a la zarina. Nunca digirieron tal supremacía.

En el tramo agónico de su administración, Alperovich tendrá, muy a su pesar, que apearse de la soberbia, doblar la testuz y negociar con Amaya la integración de la fórmula oficialista. La duda es qué término le ofrecería.

El jefe municipal no se baja del N° 1. Nada menos.

Acompañante de nadie, ya fuera Manzur, Jaldo o la esposa del mandatario.

El “Tío Yamil” viene en picada, con la Justicia Penal pisándole el rastro.

Con Jaldo hay una manifiesta enemistad y con la senadora Rojkés no se aman.

Si no fuera el primero de la fórmula, se lanzará solo al ruedo. Su acompañante lleva pollera: Stella Maris Córdoba, de fluida comunicación con la Presidente.

No descarta una alianza por fuera del peronismo, llegado el caso. Como Ulises, se tapa los oídos para no escuchar las propuestas que le formulan. Se convirtió en una vedette a quien todos cortejan, sin todavía obtener sus favores.

Ante el peor momento político de Alperovich, es el árbitro dentro del PJ. En soledad, no gana, pero sin él, el contador tiene el abismo por delante. A través de Germán Alfaro conversa con popes políticos de todo pelaje, haciendo brotar iras en el palacio. Personalmente dialogó con Scioli durante sus vacaciones en Cariló, en casa de Alberto Samid. A la UCR propuso la intendencia capitalina -ya ganada en octubre- para José Cano.

Es una negociación inútil y sin futuro. El radical aspira a sentarse en la silla de Lucas Córdoba y no la cederá a nadie. Amaya políticamente se siente más cerca de Scioli que de Sergio Massa. De todos modos, por demasiado prematuro, no definió a quien apoyará en el choque nacional. Desensilló hasta que aclare.

Sabe bien que los sufragios que podría disponer son insuficientes para coronarse.

Al Duce vernáculo le ocurre lo mismo. Sin Amaya la victoria de su favorito entra en un cono de dudas.

Ambos están, por lo tanto, condenados a firmar la paz y conciliar intereses, pero antes que nada resolver cuál será el dueto que se ofrecerá a la sociedad en 2015. Con el peronismo pulverizado -como nadie duda que así suceda-, el único beneficiario será el radical Cano, candidato puesto de la alianza después de su exitoso desempeño en los comicios de octubre.

Las elecciones de Tucumán no coinciden con las nacionales. Aquí, se realizarán tres meses antes del 29 de octubre de 2015 -fecha de recambio del poder-, en tanto, las de la Nación antes del 10 de diciembre con la misma antelación. E

liminada la re-re-re de Cristina, esta vez Alperovich no tendrá para su pupilo -quienquiera fuere- la tracción de la Casa Rosada. En su intimidad festeja en silencio. Sabe que ella, ahora, no es la mejor compañía para andar del brazo y por la calle. Más resta que suma. Está despidiéndose del poder y con su desaparición de la escena nacional, comienza el deshielo de la era patagónica.

El gobernador tiene acogotado a Amaya con el Pacto Social. No es más que la sujeción de las municipalidades a su arbitrio.

Centralizó el cobro de impuestos, paga los sueldos y ejecuta la obra pública. Se apropió de la ciudad como si fuera un bien del Alperovich Group, adjudicándose la paternidad de obras del intendente. Además de asfixiarlo con la provisión de recursos en cuentagotas, padece una poda mensual de $ 4 millones.

Lo quiere cercar por hambre y sed. Acaba de anunciar que no le proveerá más fondos, ante la decisión de Amaya de titularizar a 300 docentes de dependencia municipal. Un acto de estricta justicia y equidad, porque estaban en desigualdad -en cuanto a sueldos- con los educadores de la Provincia.

En el fondo es una represalia por la determinación de Amaya de liberarse del yugo del mandamás, en busca de la gobernación. Y, a la vez, una advertencia al interior por donde incursionan los adelantados del alcalde anudando acuerdos. Entre los que se arrimaron a Amaya está Antonio Estofán, otrora soldado judicial del mandatario. Participó de una larga comida con él. A la hora del ocaso, el viento muta de cuadrante, con rebote en los fallos.

Sisto Terán, siempre imaginativo y transgresor, parió una tesis para prolongar el continuismo del patrón en el poder, con una fórmula encabezada por él, con Alperovich de vice, metiéndolo por la puerta de servicio en el palacio. Por ese atajo, si tomara una larga licencia -como Manzur, por ejemplo, o si dimitiera-, quedaría como gobernador Alperovich, un disparate jurídico inviable. Todo cambia, todo cambia -dice la canción-, y nada cambia. Una travesura institucional que, de paso, le permitiría al insumergible legislador seguir colgado del presupuesto estatal, del que pastorea desde hace casi dos décadas.

La Justicia tucumana es una saga de intrigas y tropelías que da mucho que hablar.

La ida de Tribunales de Graciela “Muñeca” Jiménez, para jubilarse, generó un entuerto que desvela a Alperovich. Formaba parte de la Cámara de Apelaciones Penal de Instrucción, enclave decisivo en el entramado judicial.

Edmundo Jiménez, ministro político y hermano de aquélla, habilitó el tribunal de marras, con la venia del patrón y la integró con jueces fiables, para atajar sofocones poco gratos. Por ese estrecho filtro pasa, sí o sí, todo proceso penal contra los jerarcas del oficialismo que hubieran dado un mal paso. No son pocos.

El zar lo tiene claro: al dejar la poltrona puede convertirse en visitante frecuente de Tribunales. Espera guarecerse en el Senado Nacional, si es electo.

Con un PJ fragmentado, nadie puede garantizarle el curul en el combate de 2015.

Domingo Faustino Sarmiento durante su larga visita a EE.UU, en 1865, diálogo con un funcionario que se jactó que en su país se conocía el nombre del coronado presidente apenas concluidos los comicios.

Sarmiento disparó su respuesta: “En la Argentina, varios años antes”. Por similitud, la recordación viene al caso por la cobertura de la vocalía vacante en la Cámara Penal citada. Antes de que se realizara el concurso del CAM se sabía que dos aspirantes al cargo estaban vetados: Juan Carlos Nacul y Gustavo Romagnoli. En el orden de méritos ocuparon el primero y segundo lugar.

Todo pareciera indicar que el favorito del zar es el último de la terna: Enrique Pedicone, pese a que su puntaje está lejos del de aquéllos.

Ya se pavonea con el peso de la toga en sus hombros. Para Alperovich, como funcionario de su dependencia, es hombre de confianza no obstante añejas diferencias. Entre sus colegas que participaron del concurso hay dudas acerca de cuál fue el criterio del CAM para evaluar los antecedentes de Pedicone, dejando entrever que hubo favoritismo. Se recuerda que en la selección para cubrir la vocalía de la Cámara Penal, Sala IV, en 2012, ocupó el penúltimo lugar entre nueve. Ese concurso se declaró desierto.

La Corte Suprema -integrada por Estofán, Daniel Posse (votó en contra) y los conjueces Ebe López Piossek y Sergio Gandur- abruptamente frenó el proceso del CAM, ante la acción judicial incoada por el abogado Mario Arnaldo Salvo, en representación del juez Guillermo Acosta, descalificado en la selección.

La cobertura quedó en suspenso hasta definirse la cuestión de fondo. Estofán señaló en su voto que “está suficientemente acreditada la posible existencia del grave perjuicio que la continuidad del proceso de selección causaría a Acosta”. Antes, en un caso similar votó al revés.

El César tiene la potestad discrecional de elegir de las ternas a cualquiera de ellos, sin dar explicaciones.

Pero cuando el veto es contumaz y repetido -como en los casos de Romagnoli o Carlos Eduardo López- cae en la arbitrariedad, para volverse una persecución que más semeja una cacería humana.

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