El presidente Morales dedicó gran parte de su empeño en convencer a los empresarios de que inviertan en los yacimientos de litio, un área en la que Bolivia va camino de transformarse en una potencia. El rey Juan Carlos le pidió "reglas claras".
Morales se presentó en palacio acompañado de su ministro de Hidrocarburos, Oscar Coca, y mantuvo una reunión a puertas cerradas con el monarca, a quien luego agradeció el recibimiento, afirmando que "no somos defensores del narcotráfico y la cocaína", como según el presidente boliviano se lo suele presentar. Bolivia se verá beneficiada por la firma de un acuerdo de condonación de deuda con España por 77,3 millones de dólares y 5,55 millones de euros, un convenio similar al que benefició al país andino en el año 2000 y el 2003. En su calidad de jefe del Estado español, el monarca también le pondrá la firma al acuerdo que permite a los bolivianos votar en las elecciones municipales españolas, transformándose así en una de las primeras comunidades latinoamericanas que gozarán de este derecho. En la actualidad hay cerca de 85 mil residentes legales de nacionalidad boliviana en el país, y se calcula en 165 mil los que se encuentran sin papeles, razón por la cual Evo pidió también durante su visita que se acabe esa anomalía, un reclamo que tiene pocas posibilidades de volverse efectivo, ya que España ha limitado desde 2004 la política de regularización masiva de inmigrantes.
Más tarde, Morales se encontró con los empresarios españoles reunidos en el Fórum Nueva Economía, una de las reuniones que más expectativas había generado de todas las que el líder indígena tiene previstas en su agenda durante los tres días que durará su visita a la península. En ese marco Evo hizo uso de sus mejores dotes oratorias para tratar de convencer a un público preocupado por la inestabilidad política en la región y por la tendencia a la nacionalización y el control por parte del Estado de los negocios de explotación de recursos naturales que ha demostrado la Bolivia gobernada por el MAS. Ese fue el contexto elegido por Morales para explicar las razones por las que expulsó hace un año al embajador norteamericano Philip Goldberg, afirmando que no podía permitir que "ayudara y alimentara a la oposición", aunque matizó que "una cosa es el comportamiento de un embajador y otra cosa la embajada", afirmando a continuación que no tiene intenciones de romper relaciones con Estados Unidos, con Colombia, "ni con nadie". Luego volvió a sacar el tema de las bases militares norteamericanas y ratificó su firme oposición a que se instalen en América latina. "Donde están las bases militares no hay paz, no hay democracia", disparó ante un público en el que resaltaba la presencia del presidente de Repsol, Antonio Brufau; el presidente del Senado español, Javier Rojo, y gran cantidad de empresarios y políticos.
Morales concluyó la reunión explicando las características del movimiento indigenista que dirige, afirmando que no es "ni excluyente ni marginador", sino que propugna "cambios en de necesita de la inversión extranjera para comenzar a comercializarse. En medio de su discurso, el presidente boliviano cometió una gaffe, que luego fue ampliamente resaltada por la prensa local, al señalar que se había reunido con "el canciller de la república española", olvidando que se encontraba en un reino y que la palabra "república" tiene ásperas connotaciones para gran parte de la población. Evo concluirá hoy su visita reuniéndose con el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.




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