Por: Alcadio OñaLos empresarios se manejan ahora con una inflación real promedio del 23%: 6 puntos por encima de la que proyectaban a fines del año pasado. Y los consultores empiezan a estirar sus estimaciones de crecimiento económico hasta el 6%.
Pero lo si se quiere llamativo es que el Gobierno no sólo acepta esta ecuación: en más de un sentido, la promueve. Claro que también resulta una jugada riesgosa, aun en el corto plazo.
En principio, porque cuando los procesos inflacionarios van en ascenso, como ahora, cuesta mucho darlos vuelta más adelante. Porque la inercia y las expectativas, la inclinación a cubrirse de futuros aumentos, tienden a acelerarlos.
No existe nada parecido a las híper conocidas. Aunque es un dato que se pueda saltar de una inflación del 15 %, como estimaron los estudios privados para 2009, a otra del 23 %. O a una mayor, según perciben los dirigentes sindicales y se nota en sus demandas salariales: para ellos lo que cuenta es el aumento de los alimentos.
Nadie o muy pocos pretenden, seriamente, un ajuste recesivo, tal cual el Gobierno quiere hacer creer cada vez que alguien menea el avance de los precios. Pero hasta economistas cercanos al oficialismo dicen que, con un plan que ataque varios frentes en simultáneo, sería posible crecer con tasas de inflación más moderadas. Sencillamente, porque de verdad advierten los peligros del proceso.
La pregunta del millón es, entonces, por qué al Gobierno podría resultarle útil un mix de crecimiento con inflación.
El repunte de la economía que Néstor Kirchner quiere está en el 7 %. Esa carta le dio resultados políticos en el pasado y ahora insiste con la apuesta. Y, se sabe, él es quien mueve los hilos y no Amado Boudou.
Probablemente, le permita achicar el desempleo y mejorar condiciones sociales. Irá adelante con nuevos planes para fogonear el consumo y meterá todo el gasto público que sea posible. Lo acompañan una cosecha de soja récord y el impacto de la demanda brasileña en la producción industrial.
También las bajas tasas de interés, un dólar relativamente contenido y la propia inflación son funcionales a la estrategia. Porque disparan compras de electrodomésticos, autos u otros bienes semejantes. Todo parecido a los tiempos del plan cuotas o a escapar de los pesos.
Esa sensación de prosperidad es la que el Gobierno pretende instalar y capitalizar.
Si hasta puede interpretarse que en el discurso anti ajuste que la Presidenta llevó a la cumbre de Madrid, hubo algo más que un alarde ante los líderes europeos. Fue un mensaje con destinatarios mucho más cercanos: buscó resaltar lo bien que se hacen las cosas aquí y lo pésimo, afuera.
Esta claro que, con todas las bombas expansivas funcionando a pleno, incluida la monetaria, el Gobierno piensa que el crecimiento de la economía le da más rédito político que enfrentar la inflación. Es jugar con fuego, pues un avance mayor de los precios puede pegar en la otra pata de la ecuación.
Como pocas veces antes, los sindicatos se manejan con la inflación futura que ellos mismos estiman. Así se entiende que la alimentación haya logrado un aumento salarial del 35 %, que los camioneros de Hugo Moyano vayan por un 25 o el 28 % y que quienes pactaron subas menores puedan pedir la reapertura de sus paritarias.
Llamativamente, según una encuesta de SEL Consultores, la mayoría de los empresarios no prevé un período de alta conflictividad gremial. La traducción directa es que proyectan trasladar las subas salariales a los precios.
El ajuste por precios es una película conocida. Que puede ser evitada si se amplía la capacidad productiva, esto es, si crece la inversión.
Aquí, la fotografía que surge de la misma encuesta arroja poco o nada alentador. Apenas un tercio de los empresarios proyecta aumentar el gasto en inversiones, pero muy limitadamente. El grueso piensa destinar los fondos a procesos de mantenimiento o al "estiramiento" de la capacidad de producción, sin mayores innovaciones tecnológicas.
Según se ve, aversión a tomar riesgos y todo de muy corto plazo, lo que se llama incertidumbre. En el sondeo aparecen tres explicaciones: una inflación que revela desequilibrios macroeconómicos, fuerte conflictividad política y escasa seguridad jurídica para sus inversiones.
Aún así, el 70 % de los empresarios dice que hoy el estado de sus negocios es bueno o muy bueno, lo cual equivale a posibilidades de ganar plata. La contracara: también opinan que la recuperación de la economía es "inestable o no sostenible".
Cuesta encontrar experimentos en los que la suba de los precios haya jugado a favor de los proyectos electorales. Simplemente, porque pega en la ancha franja de quienes menos tienen. Y esto también es parte de los riesgos implícitos en la fórmula crecimiento con inflación.



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