El candidato radical no cree que se pueda hablar de “oposición” porque ese concepto pertenece a los sistemas bipartidistas. Se muestra escéptico sobre acuerdos a futuro.
—“Parece”, dijo usted, y tiene razón, al menos en lo que se refiere al Ejecutivo, pero hasta que no se defina debemos continuar trabajando. Con relación al Legislativo, ni siquiera se puede decir que la cuestión “parece” definida.
—¿La pelea por el segundo lugar es clave para el tipo de oposición que haya a partir de diciembre?
—Forzar una segunda vuelta es difícil. Ser la principal fuerza de la oposición debería ser fácil. Por la siguiente razón: quienes no votaron al oficialismo, incluso parte de los que lo hicieron, aspiran a lograr cierto equilibrio en el poder. Saben que el oficialismo tiene una tendencia a “pasarse de la raya”. No ven con buenos ojos que el partido de gobierno controle también el Parlamento. Y saben que la UCR es el partido de la oposición que da mayores garantías. Además, nuestro partido también ofrece más seguridad en el sentido de que después del 10 de diciembre no habrá pases al oficialismo. No sé si todos los otros candidatos pueden decir lo mismo.
—¿Qué bloque de la oposición cree que le conviene al Gobierno que quede mejor parado?
—Cualquiera menos la UCR. El oficialismo y otras fuerzas políticas y económicas desean construir un escenario electoral futuro de las siguiente características: el Frente para la Victoria pretende presentarse como la expresión exclusiva del progresismo y la centroizquierda; para ello necesita enfrente una fuerza neoliberal, pro mercado, más o menos noventista. Por su parte, a estas últimas les resulta muy funcional a su desarrollo la pretensión del oficialismo. La consolidación de la UCR como principal fuerza opositora sería un obstáculo para la construcción de este escenario.
—Si tuviese la oportunidad de volver el tiempo atrás, ¿repetiría la estrategia de alianzas?
—Si se refiere a la provincia de Buenos Aires (porque hubo otras en otras provincias), sí, lo volvería a realizar, porque allí, gobernado por una acuerdo entre la derecha justicialista –con Scioli como principal referente– y sectores más progresistas del mismo partido, las personas sufren mucho las consecuencias de la mala gestión. Solos no podíamos ganar y no queríamos hacer algo testimonial. Celebramos un acuerdo con una tradición política diferente a la nuestra, pero ninguna propuesta contraría nuestra identidad. Si se refiere a las alianzas que pudieron ser y no fueron, con el socialismo, en realidad no me siento responsable de su frustración. El socialismo privilegió a Proyecto Sur y a (Luis) Juez. Esta es la razón por la que el acuerdo no se hizo. Los permanentes agravios y descalificaciones de ellos hacia el partido generaron dudas acerca de su viabilidad.
—Después de las elecciones, ¿el rol de la oposición debe cambiar?
—No existe un partido que se llame “oposición”. Este lenguaje es propio del bipartidismo. Deberíamos ser fieles a nuestra idea acerca del rol de la oposición: debe ser responsable y constructiva, debe controlar y promover iniciativas. La UCR debe trabajar por lograr acuerdos con partidos afines. Es lo que hemos venido intentando, sin demasiado éxito lamentablemente, desde el ’83.
—Si Cristina saca más de 50% y ninguno de la oposición supera el 20%, ¿cuánto tiempo le llevará a la oposición constituir una alternativa por si fracasa el oficialismo?
—No sé lo que pasará con otros partidos. Respecto del radicalismo, creo que, de no ganar, si nos consolidamos como principal fuerza de la oposición, en 2013 demostraremos que en 2015 podemos ser gobierno.
—¿Qué hará tras el 23 de octubre: seguirá en la política activa, se tomará un descanso o dará un paso al costado?
—La última parte de su pregunta revela que usted va muy de prisa. No imagino mi vida en el futuro sin militancia política. Pero no me importa tanto como a usted cuál será mi lugar concreto, me importan el país y el partido.

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