Reparó un respirador artificial y lo entregó a la Clínica Güemes

El ingeniero electrónico Mariano Urtasun, junto a un grupo de médicos, reacondicionó el equipo que se encontraba roto en el depósito del sanatorio. "Estaban todos sorprendidos que lo hayamos podido poner en funcionamiento", contó. El aparato ya está en la terapia intensiva a la espera de ser utilizado.

Entre tantas malas noticias por el coronavirus, una que alimenta la esperanza: un vecino tomó una actitud proactiva y reparó un respirador artificial que se encontraba arrumbado en un depósito de la Clínica Güemes. Así, el instrumento que puede salvar una vida ya está listo para volver a ser utilizado en la terapia intensiva del centro de salud de nuestra ciudad.

Se sabe que, cuando llegue el pico de contagio de coronarivus, los respiradores serán herramientas fundamentales para salvar vidas. Y son elementos que escasean en hospitales y clínicas. Por ejemplo, en el nosocomio público de nuestra ciudad hay ocho respiradores funcionando, al tiempo que las autoridades sanitarias gestionan la llegada de otros cuatro. Por eso, la noticia toma aún más relevancia.

Mariano Urtasun tenía pocas intenciones que esto saliera a la luz. Pero una publicación en las redes sociales del médico Federico Helfer (presidente del Luján Rugby Club) hizo viral la noticia y se propagó. Al principio, dudó en hablar con EL CIVISMO. No quería saber nada con figurar. Pero, con el correr de las horas, fue cambiando de opinión. “Todos me decían lo mismo: hay tanta mala noticia que una buena siempre viene bien. No era mi intención que se conozca que participé. Pero algo que me ayudó a abrirme es que esto puede impulsar a otros a animarse, no solo acá sino también en otro lugar. Ojalá que sea ese el efecto”, apuntó el vecino de nuestra ciudad que es ingeniero electrónico.

La iniciativa surgió casi de casualidad. “Nosotros tenemos un chat entre las cuales hablamos de todo, de cosas locas y otras interesantes. La otra vez alguien tiró ‘che, ¿por qué no hacemos un respirador?’. La verdad es que me prendí enseguida y, de hecho, se generó un debate de hacer un equipo a nuevo. A mí me gusta hacer cosas proactivas”, contó.

De movida, surgieron muchos ‘peros’. “No contábamos con tiempo ni recursos”, reconoció Urtasun. “Era medio imposible hacer un equipo de cero por el tiempo, los insumos y la situación. Entonces al otro día me planteé que seguramente tenía que haber un equipo viejo que no se estaba usando o alguno nuevo roto. Así fue como lo contacté a Oscar Chau (cirujano de la Clínica Güemes), que enseguida se ocupó y averiguó si había un equipo en el depósito”.

El médico “se ocupó, él mismo buscó el equipo y me planteó si estaba dispuesto a llevármelo”. Aunque allí surgieron las dudas  sobre el equipamiento necesario para repararlo. “Si yo me traía un equipo de esos a mi casa, además de los riesgos por compartir cosas por el coronavirus, lo que tenía dificultad era en los recursos. Si lo traía acá, ¿qué hacía sin los elementos necesarios? Yo tengo herramientas básicas y específicas pero no tengo un arsenal de cosas para probar”, sostuvo Urtasun.

Por eso, rápidamente hizo un pedido formal en La Serenísima, la empresa donde trabaja, “para ver si me podían prestar materiales para abordar el tema. La verdad es que tuvieron dispuestos desde un primer momento. Me dijeron que use lo que crea conveniente, en un momento donde todo es válido. Me sirvió como soporte y me traje instrumental y equipamiento para poder trabajar”.

Recién ahí pudo traer el respirador roto a su casa. “Empecé a consultarlo a Oscar y al anestesista Tino Novoa, que es quien más los conoce y utiliza. Empecé a desmenuzar el equipo, interpretar cómo funcionaba y todas las dudas las iba canalizando con Tino, que me ayudó mucho a comprender cosas del equipo”, relató.

“En el trabajo, mi tarea es un desafío de encarar cosas que no sé muchas veces. Me dedicó a la industria láctea, no con la parte de medicina. Pero la verdad es que cuando vi el equipo, no es que le tuve miedo. Me tenía fe que si lo agarraba de a poco, lo iba a sacar. En el trabajo también saben que soy bastante perseverante en este tipo de cosas y quizás por eso me dieron el apoyo”, contó.

Urtasun se armó un taller en la casa. Fueron cerca de tres semanas de trabajo, aprovechando los varios feriados en los que no tuvo que asistir a su trabajo. “Le pude dedicar a full en esos días”, contó el ingeniero.

“Una vez que empecé con las pruebas, vi que una parte del equipo funcionaba y fui habilitando diferentes sectores. Resultó que andaba la mayoría del equipo, no funcionaban algunas partes principales que las supimos hacer de otra manera. El equipo, viejito como estaba, salió andando. La verdad es que estaban todos sorprendidos que lo hayamos podido poner en funcionamiento”.

Antes de entregarlo reparado a la Clínica Güemes, Urtasun y Novoa realizaron varias pruebas: “Pedí compresores y me hice de un arsenal de cosas para hacer los ensayos. Si bien con Tino Novoa lo estuvimos chequeando y analizando, él me decía que estaba para funcionar. Pero hasta que la Clínica no me dio el ok que el equipo estaba listo, sentía que la tarea no estaba cumplida. El equipo hace 10 días que está en la Clínica. Yo le había indicado algunas reformas de adaptaciones mecánicas en el aire y el oxígeno que hicieron el personal de mantenimiento. Después lo tuvieron un día entero funcionando y ya está disponible para ser usado”.

Por eso, Urtasun valoró el trabajo y apoyo también de los profesionales Chau, Novoa y Helfer: “Hemos formado equipo a la coronavirus porque no nos pudimos juntar. Solamente estuve con Tino cuando estuvimos probando el equipo. Después fue todo por teléfono, fotos, búsqueda de información y demás. Hicimos un equipo a la nueva normalidad”.

Comentá la nota