Con el ansiado título en la categoría elite, el equipo del parque Mitre se recibió como uno de los grandes de la competencia y ahora no quiere bajarse.
Y pasaron los años, hasta que Regatas, en su novena temporada consecutiva en la Liga Nacional de Básquetbol, consiguió el título más anhelado. Sucedió en la edición 2012/13, cuando a mediados de mayo pasado, en la fría noche del Sur del Gran Buenos Aires, el conjunto dirigido por Nicolás Casalánguida arrasaba con Lanús en la serie final (4-0) para dar por primera vez la vuelta olímpica como campeón del torneo criollo.
Muchos trofeos ya ostentaba la institución ribereña en sus vitrinas. Desde aquella Copa Argentina en 2007, siguiendo por la Liga Sudamericana y el Súper 8 de 2008, un par de copas Desafío en el medio y la Liga de las Américas en 2011. Pero la temporada que pasó no fue una más. Decidido a armar un equipo para pelear por todo lo que se le pusiera enfrente, los dirigentes hicieron el esfuerzo y consiguieron un presupuesto acorde a las pretensiones.
Entonces, Regatas logró retener a Paolo Quinteros, Javier Martínez ya venía con contrato vigente y pudo repatriar a Federico Kammerichs después de la aventura de un año del “Yacaré” en el básquet brasileño, donde defendió los colores de Flamengo.
Con ese tridente estelar, más la continuidad de Casalánguida al frente del cuerpo técnico y algunos otros valores de peso, como ser los estadounidenses Tony Washam y Jerome Meyinsse (reemplazó en la segunda fase de la competencia a Djibril Kante), le dieron a Regatas el mote de favorito.
La candidatura cobró más fuerza cuando en plena campaña obtuvo primero el Súper 8 y luego la Liga Sudamericana, siendo anfitrión de ambos en Corrientes. Pero si el cierre de 2012 era promisorio, las expectativas crecieron aún más en el presente año. Porque el Nº1 de la etapa regular le daba a Regatas la posibilidad de definir cualquier instancia de playoffs como local y en su fortaleza del parque Mitre habitualmente dispone de un “plus”.
Si bien contra Gimnasia, de Comodoro Rivadavia en cuartos y Boca Juniors en semifinales tuvo que llegar a la última instancia (quinto juego en casa) para llegar a la llave definitoria, Regatas siempre creyó en sus genuinas posibilidades de ser campeón.
Y entonces fue Lanús el último escollo en el camino a la consagración. Pero el entusiasta elenco “granate”, conducido técnicamente por Silvio Santander (el mismo que festejara tantos logros con Regatas), no hizo pie y la contienda careció de equivalencias. Con el poder goleador de Quinteros, quien sería elegido “MVP” en cada uno de los torneos ganados de la temporada; más la excelente demostración del paraguayo Martínez para manejar a su antojo los ritmos de la final y un Kammerichs siempre preponderante en la pintura, el equipo del parque Mitre pudo “barrer” a su rival y obtener la estrella que más ilumina su sendero.
Ya como campeón de la Liga Nacional, Regatas terminó de afianzar su crecimiento institucional y el ambiente en general le tiene sumo respeto. Algo que supo cosechar con un proceso de crecimiento progresivo y que no conoce de impedimentos para soñar.
Regatas llegó a la década en la elite y sigue con la ambición de ganar cosas. El cimbronazo que le dio Peñarol en las semifinales del reciente Súper 8 en Mendoza (lo derrotó 96-89 aunque en un momento le sacó 30 puntos de diferencia) seguramente dejará enseñanzas que sabrán capitalizar Casalánguida y compañía. En definitiva, un tropezón no tiene que ser caída y Regatas por ahora manda en la LNB, un dato que no se puede dejar pasar por alto y halago que deberá defender desde enero venidero y mucho más en febrero, cuando la agenda internacional coloque en simultáneo la Liga de las Américas. Material para ilusionarse hay, por lo que está permitido continuar este camino soñado.


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