Los republicanos, que asumirán mañana el control de la Cámara de Representantes, anunciaron que empezarán por el sistema de salud
WASHINGTON.- Para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, será el comienzo de una nueva etapa: a partir de mañana, deberá gobernar con un renovado y combativo Congreso, con la Cámara de Representantes en manos de la oposición republicana, que ha prometido complicarle la segunda parte de su mandato con el propósito de evitar su reelección en 2012.
En una abierta declaración de guerra a la Casa Blanca, los líderes republicanos advirtieron ayer que intentarán revertir "punto por punto" la mayoría de las reformas impulsadas por Obama, empezando por la histórica reforma de salud. Además, intentarán reducir el exorbitante déficit presupuestario, de 1,3 billones de dólares, y poner bajo investigación todos los proyectos de su administración.
El 2 de noviembre pasado, el Partido Republicano logró recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes, donde ahora cuenta con 241 diputados frente a los 194 demócratas, y redujo la ventaja en el Senado, donde tiene una minoría capaz de bloquear las medidas que se aprueben en la Cámara alta.
"No soy ingenuo. Sé que habrá duras batallas en los próximos meses", reconoció hace apenas unos días el propio Obama, que hoy volverá a Washington después de dos semanas de vacaciones. Se presume que renovará parte de su gabinete para reforzar su gobierno.
El primer blanco de los republicanos será la reforma del sistema de salud, uno de los puntos fuertes del programa electoral de Obama en 2008, que fue aprobada por el Congreso el año pasado, y que la oposición confía en empezar a debatir el lunes próximo en la Cámara baja, con el fin de anularla incluso antes del tradicional discurso del Estado de la Unión.
Si bien la revocación de esta reforma es un claro guiño a las bases del cada vez más influyente Tea Party, el movimiento ultraconservador que expresa el enojo popular contra el gasto público, también podría producir el efecto contrario y unir nuevamente a las filas demócratas, algunas de las cuales mostraron gran resistencia a la reforma.
"Si en la Cámara de Representantes conseguimos revertir esta medida por un amplio margen, y creo que será así, pondremos una enorme presión sobre el Senado para que haga lo mismo", dijo el representante por Michigan, Fred Upton. "Revisaremos la reforma de salud pieza por pieza", advirtió.
El otro gran campo de batalla entre ambos partidos será la deuda pública y el déficit presupuestario. "El gobierno debe reconocer que el enemigo es la burocracia y el despilfarro fiscal", dijo el representante republicano Darrell Issa, próximo presidente del Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara baja, que tendrá el poder de ordenar investigaciones sobre diversos programas federales.
En un anticipo de la guerra que se avecina en el Congreso, la respuesta a Darrell no se hizo esperar y el líder demócrata Tim Kaine le respondió: "Ya veremos si los republicanos están realmente dispuestos a reducir el tamaño del gobierno. No lo estaban durante la administración Bush".
La oposición también ha prometido que combatirá las anunciadas medidas sobre el cambio climático, las perforaciones petroleras y la inmigración, y que realizará audiencias públicas el mes próximo sobre las operaciones del Departamento de Justicia, luego de dos años en que las comisiones en la Cámara baja dieron un virtual cheque en blanco a la Casa Blanca.
Agencias AFP, AP, EFE y Reuters
Algunos analistas advierten que el nuevo papel combativo asumido por los republicanos será más simbólico que realista, ya que los demócratas aún controlan el Senado, y tendrá más impacto en las elecciones presidenciales de 2012 que en la vida de los norteamericanos en los próximos dos años.
"Llevaremos a la Cámara legislaciones que impulsen el crecimiento. Pero la última vez que miré, Barack Obama seguía siendo el presidente y [el demócrata] Harry Reid seguía siendo líder de la mayoría del Senado. Por lo que sabemos, nuestra capacidad para aprobar leyes estará, de alguna forma, constreñida", admitió el legislador republicano Jeb Hensarling.

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