Reemplazar a Betty al frente del Senado es prioridad para Cristina

¿Quién quiere ser presidente provisional del Senado? A diferencia de otros tiempos menos convulsionados y de apogeo kirchnerista, el cargo que ocupa Beatriz Rojkés, el segundo en la línea sucesoria presidencial, no sólo no es la zanahoria de los legisladores de perfil más alto, sino que es vista por ellos como un “castigo” que impondrá Cristina en febrero, cuando se elegirán las nuevas autoridades de la Cámara.
Cada año, la puja por la presidencia provisional encendió cruces internos en el bloque K que, en algunos casos, trascendieron públicamente. Sólo hubo “paz” en 2012, cuando tras ser reelecta, Cristina ungió a Rojkés, que llegaba al Senado fortalecida por el contundente triunfo en Tucumán e impulsada por su esposo, el gobernador José Alperovich.

Para este año, la disputa fue feroz.

Debilitada por el fallo judicial en torno al caso Marita Verón y el exabrupto (“La prostitución existe y va a seguir existiendo”) que cometió al intentar desligar del tema a la gestión Alperovich, se barajó hasta último momento la posibilidad de que la legisladora tucumana fuera reemplazada.

Incluso hubo una danza de nombres, entre los que figuraron Aníbal Fernández y Miguel Pichetto. Ante los rumores este último, histórico jefe del bloque, debió salir a aclarar que no estaba en la carrera por el cargo. “Aquel lugar me sienta poco para mi estilo y forma de hacer política en el Parlamento”, señaló. Hoy mantiene esa postura, aunque hay quienes sostienen que sus últimas desmarcaciones públicas podrían costarle el pasaje directo a la presidencia provisional.

Pero más allá de que tal como él mismo reconoció, “en ese tema la que manda es la Presidenta”, resulta difícil imaginar que en el Senado pueda ocurrir algo que pueda perjudicar a Pichetto. Su rotundo triunfo en Río Negro, en medio de la catástrofe K en las urnas, su peso específico en el Congreso y la influencia que tiene sobre el resto de los senadores oficialistas; lo ponen en una situación casi de igualdad de elección. En esta coyuntura, el Gobierno lo necesita tanto o más que él a la bendición de Cristina.

¿Por qué está en duda Rojkés? Si bien tiene ganas de seguir en el cargo y cuenta con el aliciente de que tuvo un año sin demasiados sobresaltos, con la excepción de las críticas que recibió por algunos viajes que hizo junto a su marido, es la última opción. Desde el kirchnerismo admiten que los serios problemas de salud que sufrió la Presidenta dejaron en evidencia la necesidad de tener una figura “más fuerte” en ese cargo, que pueda equilibrar la debilidad que supondría tener a Amado Boudou a cargo del Ejecutivo, ante otra eventual licencia de Cristina.

En ese contexto, sin tantas opciones a la vista, el nombre del radical K Gerardo Zamora es el que surge con más fuerza. Aunque según se pudo saber, al ser sondeado desde Casa Rosada, el ex gobernador de Santiago del Estero ya habría rechazado el cargo en su afán por “hacer equilibrio” a la espera de que se aclare el escenario político.

“Pero si lo llama Cristina no le va a quedar otra que aceptar”, se sinceraron desde su entorno.

También asoma, como cada año, Aníbal Fernández, aunque aseguran que el quilmeño no moverá fichas para ser el elegido.

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