La postal de una situación desesperante se pudo observar en las aproximadamente 72 horas de incertidumbre provocadas por la ocupación de un parque en la Ciudad Autónoma.
Si bien el gobernador Daniel Scioli dijo que no hay lugares impenetrables, tal afirmación quedó hecha trizas por la ocupación y la no resolución de varios conflictos de ocupación indebida e ilegal de espacios públicos y terrenos.
Sin querer, Scioli compró un problema que amenaza con ser una novela del verano, donde se hacen visibles todas aquellas deudas en materia de justicia social que se enunció incansablemente por muchos medios. La falta de terreno y vivienda propia y de esperanzas en la materia, también inscribe a Scioli en esa deuda social y en este gran problema, aunque gran parte de su entorno digan lo contrario.
Pero Scioli siempre tuvo un discurso incierto sobre los graves problemas sociales y no hay ninguna sorpresa por la falta de definición. El mandatario sabe que en el momento oportuno sólo tendrá que escuchar a la Presidenta y suscribir incondicionalmente. En algunos casos, sus exégetas apuntarán que su silencio, respecto de algunos asertos kirchneristas, obedece más a respeto que a coincidencias.
Esa es la historia que se repite periódicamente y que a Scioli, por algún fenómeno enemistado con la lógica política, lo convierte en un gran beneficiado. Sólo la terrible impronta de incondicionalidad salvaje que le deparó su aceptación de las candidaturas testimoniales le provocó una baja sensible, pero que duró apenas unos meses. Todo lo demás es cosecha gruesa para su caudal electoral.
Pero el problema de la vivienda propia para millones de bonaerenses persiste, por más que a sus responsables les vaya bien en las encuestas.
Según estadísticas que se manejan a nivel legislativo, en la provincia de Buenos Aires hay cerca de tres millones de personas que viven en viviendas deficitarias, sin contar a quienes son inquilinos. Curiosamente, desde la oposición esta semana le reclamaron a Scioli por su escasa preocupación para resolver la problemática. Así, señalaron que, de una partida de más de 1100 millones presupuestada para 2010, sólo se ha ejecutado hasta agosto apenas el 30 por ciento de los fondos asignados.
No es un problema sólo de Scioli, claro está. También de aquellos intendentes que escaso o nulo esfuerzo desarrollaron por un problema que, al no salir en las cámaras, no se hacia visible como prioridad a resolver. Ahora este problema es un drama y, en lugar de visible, se hizo impactante.
Acá hay algo más que pesa, sobre todo a intendentes más rayanos con el progresismo que Scioli. Por caso, Francisco “Barba” Gutiérrez, jefe comunal de Quilmes, siempre emparentado con las más acuciantes problemáticas sociales, sufre en carne propia la falta de asistencia efectiva de Scioli para avanzar con propuestas que sean convincentes para aquellos que le han propinado importantes actos de ocupación en espacios públicos de su territorio.
En otros casos, el sufrimiento no es por cuestiones de coherencia discursiva, sino de emergencias a pocos meses de las elecciones. En esos distritos donde la deuda siempre estuvo presente, se acumularon intereses astronómicos en lo social y ahora esto no lo pueden aunque quisieran, como consecuencia de la desidia sedimentada durante plazos generosos.
Al parecer, el fenómeno "okupa" tuvo otros efectos y actos de presencia en territorio bonaerense. No sólo a través de réplicas de usurpaciones temporarias, sino también a través de los primeros sondeos encargados desde la oposición.
En algunos distritos de la Cuarta Sección electoral, además de medir la imagen e intención para elecciones presidenciales, donde Cristina Fernández registró una leve baja, hubo alguna pequeña sorpresa con respecto a la carrera provincial.
Francisco De Narváez, quien en 2009 perdió frente al Acuerdo Cívico y Social por pocos miles de votos, recuperó terreno y emparda posiciones con Scioli, cuyo entorno se vanagloriaba de sacar varios cuerpos de ventaja. Según confiaron voceros políticos no oficialistas, se mandó a medir también la eventualidad de una postulación provincial de Ricardo Alfonsín, quien curiosamente ya se lanzó hacia la Casa Rosada.
Con la inclusión del diputado nacional en ese escenario, éste le resta algunos puntos de intención de voto a Scioli, lo cual coloca, en esa hipótesis, a De Narváez por tres puntos por encima del actual gobernador. No sale de la variante lingüística del conocido "empate técnico", pero también es una muestra de la volatilidad del electorado y los cambios del humor social.
Reconocen, quienes encargaron ese sondeo, que la Cuarta Sección, del oeste provincial, con referencias en distritos como Junín y Trenque Lauquen, siempre fue la región en la cual peor le fue al kirchnerismo, y que es posible que ese esquema no se repita directamente en las siete secciones restantes, sobre todo en las dos del Conurbano.
Respecto de la Cuarta Sección y del interior bonaerense, se dispara otra reflexión acerca de la carrera hacia el sillón de Dardo Rocha. No son pocos los portavoces que pidieron especial atención en lo que está haciendo, políticamente, el ministro de Agricultura de Nación, el diputado Julián Domínguez.
En ese sentido, voceros del peronismo indicaron que quiere jugar la carrera pero en condiciones especiales, siempre y cuando Scioli no quede ratificado a tales fines.
Eso implica aceptar que el actual mandatario provincial se allane a un eventual ofrecimiento para la candidatura a vicepresidente. En ese caso, Domínguez pretendería anotarse en la compulsa en la cual, por dentro o por fuera del peronismo "k", ya están inscriptos Francisco De Narváez y, eventualmente, el intendente de Tigre, Sergio Massa.
Julián Domínguez es otro dirigente que ha hecho del silencio y el perfil bajo un verdadero culto. Pero quienes le conocen señalan que tiene sus aspiraciones lógicas en materia provincial.
El ex intendente de Chacabuco y ex diputado provincial tiene fuertes lazos con la Iglesia Católica –que no siempre fue amiga del kirchnerismo- y, sobre todo, por sus orígenes, con el mundo agropecuario. En su metier como ministro del área, realizó un trabajo de hormiga tras el cual, dicen sus seguidores, ni la más acerada expresión de la Mesa de Enlace pudo quebrar su imagen.
Asimismo, señalan que, si no regresaron los cortes de rutas y camionetazos, es porque, en gran parte, hubo gestión en esa materia y mucha cintura política. En ese sentido, creen haber recuperado la paz social con un mundo que era totalmente antipático al oficialismo.
Todo suma en el análisis de la ingeniería electoral, que tendrá a Cristina como la portadora del voto calificado respecto del futuro de la Provincia. Pero esa definición tiene un largo plazo y podría conocerse en marzo.






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