Hasta hace poco, la previsión de un real a 2,45 por dólar situaba a BNP Paribas en el extremo solitario y casi apocalíptico del espectro pronosticador: era el más pesimista de los bancos relevados por Bloomberg.
En todo caso, la preocupación por su impacto inflacionario empieza a aflorar. Es cierto que en julio los precios al consumidor avanzaron 6,27% anual, por debajo del 6,7% del mes anterior. Y los sondeos muestran que el mercado aún cree que en agosto la inflación volverá a quedar por debajo del techo de 6,5% que establece el target del banco central. Pero en Brasil devaluación equivale a crisis y rápidamente activa la remarcación de precios. Según apuntan en el equipo de Santander Brasil, por cada 10% que pierde el real, la inflación suma 0,85 puntos porcentuales, más del doble que la tasa de pass-through en países como Chile, Colombia o Perú.
De ahí que hoy los bancos ya estén anticipando un ciclo aún más agresivo de suba de tasas (hoy en 8,50%) para frenar esa dinámica. Si el real se consolida en estos niveles, el banco central puede incrementar la tasa hasta cerca del 10%, advertía ayer Tony Volpon, de Nomura. Y apuntaba: El crecimiento probablemente caiga en el corto plazo y podemos llegar a ver una recesión.
La semana pasada, JPMorgan redujo drásticamente su pronóstico de crecimiento para el tercer trimestre del 1,5% a 0,3%. Para este año espera una expansión del 2%, mientras que para 2014 ya rebajaron su proyección del 2,7% a 2,4%. En el Citi, en tanto, revisaron sus números del 2,2% al 2,1% para este año y del 2,5% al 2% para el que viene. En cuanto al tercer trimestre del 2013, son aún más pesimistas, con un pronóstico de apenas 0,2%. Somos escépticos sobre la capacidad de la economía de volver a un ritmo de crecimiento fuerte en el mediano plazo, reconocen.
Queda claro que Brasil está pagando el precio del veloz ajuste de carteras global, animado por la expectativa de una normalización monetaria en Estados Unidos. ¿Pero por qué no se interviene en forma más dramática? El banco central ya ofreció al mercado casi u$s 40.000 millones en swaps cambiarios, derivados que cumplen la función de inyectar dólares en los mercados de futuros. Hoy recurrirá a la siguiente línea de defensa, una herramienta que no utilizaba desde mediados de junio: las líneas de crédito cambiario. Por ahora, no obstante, se abstuvo de vender dólares en el mercado de contado, como lo hizo por última vez en febrero del 2009. Hay quienes creen que repetirá la estrategia que utilizó ese año, permitiendo que el overshoot se desarrolle antes de sacar la bazuca. Están dejando que la demanda especulativa haga lo suyo y se debilite antes de lanzar un contra-ataque demoledor, especulan algunos. Pero no todos están tan seguros.
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