Todo comenzó a la madrugada en Saavedra. Dos jóvenes huyeron de la Federal y uno de ellos le disparó a un agente que, herido en la rodilla, mató a su atacante. Los amigos del fallecido se enfrentaron con vecinos y policías.
Todo comenzó entre las 0:30 y la 1 de ayer, cuando agentes de la Comisaría 35 que patrullaban la zona advirtieron que dos hombres intentaban ingresar a robar a una casa de Estomba y Correa. Según voceros de la fuerza, en ese momento comenzó una persecución a la que se sumó personal de la Seccional 49 que llegó a divisar a uno de los asaltantes en la esquina de Naón y avenida Ruiz Huidobro.
De acuerdo con esta versión, se produjo un forcejeo entre el sospechoso, Marcelo Crespo, de 24 años, y uno de los agentes, Javier Almirón. En medio de la pelea, ambos habrían disparado. Almirón fue baleado en una pierna y el muchacho habría recibido dos balazos, aunque la cantidad de tiros fue puesta en duda por su familia.
"Los dos quedaron tirados en el piso uno sobre el otro, por eso pensamos que se dispararon en medio del forcejeo", comentó uno de los jefes policiales que participa en la investigación, quien detalló que cerca de los cuerpos estaban la pistola reglamentaria calibre 9 milímetros del agente y una Glock calibre 40 del fallecido.
Al ser consultado por Tiempo, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, defendió el accionar de la Policía Federal y dijo que estaba allí para detener a dos jóvenes delincuentes. "Uno de ellos le disparó en la rodilla al efectivo. Lo hizo con una pistola Glock. El agente respondió al ataque porque estaba en peligro su vida. Después, los amigos del delincuente hicieron todo tipo de desmanes en el barrio", resumió.
Cronológicamente, así sucedieron los hechos, pero para la familia de Crespo los excesos ocurrieron porque "inmediatamente después del hecho, un patrullero se llevó al policía herido y dejaron a mi marido abandonado. Además, la policía le pidió a una ambulancia que apagara la sirena y no la dejaban que se acercara a mi esposo", explicó a este diario Fiamma, de 22 años, la pareja de Crespo, con quien tiene un bebé de seis meses.
"Él me había dicho que se iba un rato y volvía. Me quedé dormida. Después, vinieron a despertarme para decirme que estaba herido en la canchita del barrio de Saavedra", sostuvo la chica, quien agregó: "Nos costó una hora llegar hasta donde estaba mi marido porque desde los edificios nos disparaban y nos decían que nos fuéramos porque éramos unos negros de mierda."
La mujer de Crespo argumenta que los excesos llegaron "porque los chicos estaban decepcionados por la situación". La desilusión y la bronca de los amigos se saldó con decenas de autos incendiados y destrozados. También rompieron una garita de seguridad privada y otra de la Policía Metropolitana.
El portón del garage de un edificio situado en Naón y Ruiz Huidobro fue violentado. Adentro, rompieron otros autos que estaban estacionados e intentaron robar algunas motos que había en el lugar, según fuentes policiales. Los vidrios de los departamentos de los pisos inferiores tampoco se salvaron de las pedradas y varias ventanas terminaron rotas.
Los amigos de Crespo creen que el muchacho fue asesinado con saña. Si bien la versión policial sostiene que recibió dos balazos, Fiamma aseguró que su cuerpo tendría al menos cinco disparos. "Yo encontré cuatro casquillos y otro pibe encontró tres", detalló.
"Tenía los ojos abiertos cuando lo vi. Intenté levantarlo, pero me di cuenta de que estaba muy mal. Apenas tenía pulso y no reaccionaba. Las piernas me temblaban. Logramos subirlo al coche de un vecino y lo llevamos al Hospital Pirovano, donde ni siquiera tenían camilla. Lo tuve que sentar en una silla", añadió Fiamma, quien aseguró que su marido tenía un balazo en el cuello y otros tantos en el abdomen.
Crespo falleció en el Pirovano mientras que el agente baleado fue internado en el Hospital Churruca, donde intentaban reconstruir su pierna, ya que la lesión de un balazo de 40 milímetros produce serios daños.
Al cierre de esta edición no había detenidos por los disturbios. Ayer surgieron versiones de que un grupo de agresores –con los rostros tapados con remeras y armados con palos y piedras– había llegado al lugar en dos micros.
La causa es investigada por la fiscal Cristina Caamaño, quien pidió que Gendarmería realice los peritajes y ordenó el secuestro de cinco patrulleros de las Comisarías 35 y 49 que participaron de la persecución.
"Teníamos muchos proyectos. Estábamos conviviendo y terminando de construir nuestra casita –dice Fiamma–. No sé qué pasó." «


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