Ante la presencia de autoridades municipales, integrantes de entidades intermedias, agrupaciones de danza, de música, y con el complemento de gran cantidad de actividades; se realizó el acto correspondiente de la apertura de este Museo Criollo ubicado en calle Belgrano y ex vías del Ferrocarril Provincial, detrás del Lago Güemes.
Ayer desde la mañana y hasta el mediodía se realizaron una serie de discursos y celebraciones con el fin de inaugurar el Rancho Museo Criollo “Beato Pereyra”, ubicado en Belgrano y ex vías del Ferrocarril Provincial, detrás del Lago Güemes.
De esta manera en el sector estaba el Centro de Artesanos y Manualistas del partido de Azul ofreciendo sus creaciones. Además se comercializaban masas dulces para la media mañana y los presentes que iban llegando eran recibidos por los impulsores de este rancho de adobe: Los hermanos Juan Carlos y Julio Pereyra.
En la oportunidad se encontraban autoridades municipales, integrantes de entidades locales, agrupaciones de danzas, musicales, la Banda Combate de Perdiel, entre tantas otras personas que hicieron posible que este rancho se convierta en un Museo Público.
Cabe recordar que esta actividad está enmarcada dentro de las celebraciones por el 182º aniversario de Azul, y además la casa museo fue declarada de interés municipal decretada por el Gobierno Municipal.
Retomando la historia del lugar los hermanos Juan Carlos y Julio Pereyra fueron quienes promediando 2012 decidieron la construcción del rancho, como una manera práctica de que se conozca cómo se cobijaba el gaucho y a su vez fueron recibiendo donaciones de diversos elementos de la época, los cuales están exhibidos en el lugar y pasaron a constituir el museo. Pueden observarse lazos, recados, catres, herramientas de campo, asientos de cadera, morteros, pecheras y frenos, entre muchos otros.
Asimismo, los hermanos Pereyra llevaron adelante esta obra para rendirle homenaje a su padre, quien siempre sostuvo en alto las banderas tradicionalistas.
Previo a los discursos, se cantó el Himno Nacional Argentino con el acompañamiento de la banda militar, el rancho fue bendecido por el sacerdote Jorge Di Pascuale y finalmente se abrieron las puertas de esta casa que, a partir de ayer, está para fomentar la cultura gauchesca.
La actividad tuvo como cierre un desfile, que incluirá a entidades del barrio Villa Fidelidad, donde se ha construido el rancho, carruajes de época y agrupaciones gauchas. Finalmente, fue servido un almuerzo para autoridades e invitados especiales.
Realizaciones y discursos
En segundo término, como símbolo de la cooperación se plantó un ceibo a través de Medio Ambiente del Gobierno Municipal y un sauce provisto por la señora Marta Fredes y los vecinos que quedarán como testigos de este legado.
Así fue invitado al intendente José Manuel Inza, al director de Medio Ambiente y Parques Industriales, Lucas Pantaleón y a los hermanos Juan y Julio Pereyra a que planten el ceibo. Después el Dr. Inza junto a Dardo Restivo y los hermanos Pereyra a plantar el sauce.
Posteriormente se cedió la palabra a los impulsores de este museo a dirigirse al público que con humor expresaron su agradecimiento. Julio sostuvo que “ante todo muchas gracias a toda la gente que ha venido para inaugurar nuestro querido rancho. Como ustedes saben que este rancho lleva el nombre de mi padre en homenaje a lo que él amaba. Nosotros con Juan Carlos pusimos en marcha esta casa que aun no pudimos terminar, con el esfuerzo de todos; pero principalmente quiero destacar al señor intendente que cooperó esta fiesta no se hubiera hecho de la manera que se habría hecho”.
Por su parte Juan Carlos señaló que “yo voy a pecar, porque por ahí me olvido de alguno, porque fue tanta la gente que cooperó con esto que son muchos y mi más profundo agradecimiento a mi hermano, a mi familia, a mis amigos y a toda la gente que cooperó con esto. Gracias, gracias, gracias. Además quiero mencionar a la Cooperativa Eléctrica que nos donó parte de los cables y a la Facultad de Agronomía. Quiero nombrar a un gran escultor Miguel Ángel Bon, quien puso todo su talento para las esculturas de nuestro rancho, más que nada nuestro paisano a la izquierda”.
Posteriormente los hermanos hicieron entrega al intente José Manuel Inza de un cuchillo artesanal.
Después Inza puntualizó que “buenos días a todos, es una emoción estar acá presente y siendo una pequeña parte de toda esta historia. Quiero felicitar a los muchachos, a Juan Carlos y Julio y a todos quienes han puesto este gran esfuerzo. Desde lo personal la verdad es que estoy muy feliz y con los muchachos que hemos jugado al fútbol de chicos y estar hoy como intendente y ellos brindándole a Azul esta maravilla que es este icono de la tradición azuleña, como Municipio estamos muy satisfechos por haber ayudado para que esto se pudiera concretar. Porque obviamente, que por otro lado, entiendo que era nuestra misión porque se suma al patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad y quiero destacar más allá del rol que cumplió el municipio la cantidad de gente que ha venido, los vecinos, instituciones del barrio y esto que es algo que es del pueblo y representará a la barriada que lo vamos a contar como un patrimonio a la comunidad para ofrecerlo, no solamente a los azuleños, sino a los turistas”.
A continuación el vicario de la Diócesis Jorge Di Pascuale bendijo el rancho. “Antes de la bendición me permiten unas palabras, como todos saben Beatos quiere decir feliz en latín. Así que cuando hacemos un acontecimiento en nombre de alguien, somos todos beatos y somos todos felices. Inaugurar este espacio y también pedir que de ahora en adelante que este rancho cumpla el propósito de sus hijos”, agregó.
Por último, Osvaldo Urbina también expresó sus palabras de agradecimiento.
El desfile
Después de los discursos se procedió al Paseo Criollo. Primeramente hizo su pasada la Escuela Nro. 21 “Sargento Cabral” junto a su directora Ana de Carrucio. Posteriormente desfiló el Club San José con su presidente José Ramallo. En tercer lugar estuvo el Centro de Artesanos con su presidenta Dora Huertas. Para posteriormente darle paso a “Amigos del carruaje” el primero fue un break totalmente reparado y restaurado por el señor Oscar Mauri. El segundo fue un break wagonette también llamado en nuestro país break de estancia junto con la americana fue el coche de cuatro ruedas mas utilizado en la campaña.
Después, bailó el taller municipal Peñi Mapú y demás bailarines se unieron en esta oportunidad adhiriendo los festejos inaugurales. Quienes bailaron fueron: Osvaldo y Silvina; Facundo y Yisela; Neldo y Claudia, Néstor y Mercedes; Lorenzo y Lucía, Flavio y Florencia; Jonattan y Analía; Franco y Magalí; Guillermo y Mirta y Rafael y María. Bailaron “Los Amores” y luego “Un Triunfo”.
El cierre de la jornada fue un almuerzo de camaradería.
EL DATO
El rancho está construido por cinco rollos de púa usada, tierra negra, entre otros materiales donados. En tanto que en el techo se pueden visualizar las banderas argentinas, de los Pueblos Originarios y de Azul. Detrás del espacio los hermanos Pereyra están culminando la obra con un horno de barro y un aljibe para terminal con un corral.
Inauguración del Rancho “Don Beato”
Por el profesor Dardo Restivo
El domingo fue un día particularmente grato para mí, no sólo por la plantación del árbol en la inauguración del rancho “Don Beato”, sino por los innumerables recuerdos que se agolparon en mi mente acerca de hechos ocurridos a partir del mes de Marzo del año 1967, oportunidad en que con un grupo de dirigentes del Azul Athletic Club fundamos la Escuela Integral del Deporte.
Ni bien llegué al lugar y me acerqué al sector donde estaban haciendo los asados, un grupo de alrededor de diez “muchachos” que estaban abocados a esa importante tarea, me saludaron directamente declamando a coro el hurra preferido que teníamos por entonces: “Gabodiyá, yogá, boungá, changá, tirán, rompen y pegan en el gong, guerrero con guerrero hacen fuchi-fuchi-fá; (bis) Por Azul: ¡¡IP, IP Rá, Rá, Rá!!. Sorpresa y emoción fue mi reacción antes de saludarlos con un gran afecto. Que es mutuo.-
Por aquel entonces Athletic no tenía su gimnasio de la calle Burgos y las clases las dictaba personalmente en el estadio “Lorenzo Palacios”. Lo que voy a contar ocurrió en la primera clase, donde tenía alumnos de aquél y de éste lado del arroyo. Desde el primer momento se logró una buena integración entre chicos de ambos sectores. Y después de una entrada en calor, eran alumnos entre 10 y 13 años, comenzamos con una gimnasia liviana, tan liviana como para no asustarlos. Luego –lo recuerdo muy bien- hicimos algunos juegos tipo relevos y llegó finalmente, el tan ansiado “dulce de leche”: el picadito de fútbol, algo que estaban esperando con mucha ansiedad.-
Al comienzo fue todo muy rígido, producto de los nervios que tenían muchos. Estaba claro que era la primera clase y que había mucha gente, entre padres y dirigentes, que estaban observando desde la tribuna. Hasta que se “aflojaron” y ahí sí vino algo que me llamó poderosamente la atención: empezaron a gritarse en relación con la pelota: “Pasala Charo”,”Tomala Garza”, “Dámela Tero”, “Tuya Sapito”, “Ahí va Ratón”. No salía de mi asombro. Yo estaba haciendo de árbitro. Paré el partido y le pregunto a Carmelo Pereyra, que era el canchero por entonces: “Dígame Carmelo, qué es esto, ¿un zoológico? Y se soltó una carcajada generalizada de los jugadores y todo el público presente, algo que ayudó a crear un interesante rapor que fue fundamental en las futuras relaciones con esos alumnos.
La gente de Villa Fidelidad está muy adentrada en mis sentimientos. Otro de los recuerdos que siempre atesoro fueron los Juegos Olímpicos Barriales que concretamos en la última etapa de la década del 80 y comienzos de la del 90 cuando era Intendente el querido amigo y colega “Poliya” De Paula. Entre las actividades que componían el programa, estaban los juegos de carta: mus y truco y se iban rotando todos los años las sedes para su disputa. Y muchas veces se realizaron en el club Estrella de Juventud. Y como se trataba de una buena cantidad de jugadores, las damas de la subcomisión hacían unas exquisitas empanadas, muy bien rociadas con algún vinito tinto de cuerpo o gamba de pernice, según la preferencias del consumidor, con lo cual obtenían unos recursos interesantes. Pero lo gracioso era que las vendían como milanesas de ternera y resulta que después de mucho tiempo, me enteré, por boca del propio Charo, que no eran de ternera. Eran de potranca. Evidentemente estaban muy bien adobadas, tenían un exquisito sabor y las servían con una amabilidad envidiable. ¿Las protagonistas de la anécdota? Margarita Cardoso y la Sra. de la Garza Pereyra.-
Y para terminar, quiero felicitar efusivamente al Charo y al Morrón Pereyra, que fueron quienes tuvieron esta brillante idea de hacer un rancho y lo pudieron concretar con sus propias manos. Y que, además, le pusieron el nombre de “Don Beato” como justiciero homenaje a su padre. Hermoso ejemplo para ser imitado y que tiene el gran reconocimiento de toda la comunidad azuleña. Me siento realmente orgulloso de aquéllos ex alumnos de hace casi medio siglo.

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