Un grupo de integrantes del Frente Popular Darío Santillán viajó al país de Hugo Chávez para conocer aspectos sociales y culturales. El lujanense Diego Motto nos contó detalles sobre políticas estatales y medios de comunicación.
En diálogo con EL CIVISMO, repasó trazos salientes de la experiencia. En principio, dio el marco teórico del viaje. “Cuando el neoliberalismo estaba fuerte en la región, existía un plan de los Estados Unidos para toda América Latina que era el ALCA (Área para el Libre Comercio de las Américas). Era muy resistido por las organizaciones sociales y se hicieron grandes campañas porque veíamos que era un avance comercial para perjudicar a las industrias y a los bienes naturales. En 2005, en Mar del Plata, el presidente de Estados Unidos, junto a Kirchner, Chávez, Fidel Castro y otros presidentes, resuelven ponerle un freno a la iniciativa y quedó enterrado. En esa misma fecha, en el estadio de Mar del Plata, algunos presidentes lanzan un programa para América Latina, diferente al ALCA, llamado ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas)”.
“El ALBA propone un plan de intercambio económico, cultural, más amplio, pero de complementación de los países, para evitar que el más fuerte avasalle al resto. Se plantea como el viejo sueño de Bolívar y San Martín con aquello de la Patria Grande. Están dentro de la iniciativa Ecuador, Bolivia, Venezuela, Cuba, entre otros. Pero también desde los gobiernos del ALBA sugieren que no se espere la participación de todos los países, sino que también se sumen organizaciones sociales y movimientos populares y armen en cada país capítulos argentinos del ALBA”, detalló Motto.
El Frente Popular Darío Santillán forma parte del capítulo argentino, junto con la CTA, el Movimiento Nacional Campesino Indígena y otras organizaciones. “Así salió este intercambio –contó el dirigente social-. Vinieron al país 15 compañeros de organizaciones populares de Venezuela y fuimos para allá 14 compañeros de distintos lugares de Argentina, junto a dirigentes de la FUBA”.
En el viaje, recorrieron una docena de estados de Venezuela y observaron lo que sintetizaron como “el proceso de revolución socialista del siglo XXI”.
Según Motto, “no es un gobierno que ya se ganó al pueblo con el socialismo. Es un gobierno metido en un proceso de transformación y cambio muy grande, y se ven algunas cuestiones. Hay un gran protagonismo popular. Acá queda el residuo del ‘No te metas’ o la sensación de meterte en política para ser usado. Allá, desde los más chicos hay participación y se organizan”.
Motto también subrayó otra cuestión, “paralela a lo que sucede en Cuba: el estudio. Un atado de cigarrillos sale muy caro y un libro cuesta muy poco. Todo el mundo estudia algo. Hay misiones para terminar la primaria, la secundaria y la universidad”.
Motto consideró que “lo fundamental fue observar qué significa el socialismo del siglo XXI. Al margen de lo histórico, teníamos esa intriga”.
En tal sentido, dijo que “nos encontramos con un proceso mediante el cual los grandes terratenientes fueron perdiendo tierras y si los empresarios tenían fortunas basadas en acuerdos comerciales ilegítimos, también perdieron. Pero también se enfrenta la lógica de producción del capitalismo, su consumismo y tratarnos a todos como objetos. Vimos un inmenso trabajo sobre la cuestión subjetiva y de los valores y se machaca que hay cosas que no tienen que ser un negocio”.
- ¿Qué hacen al respecto?
- “En unos cuantos estados tienen mucha producción agroindustrial. Por tratarse de un país petrolero, Venezuela importaba casi el 100 por ciento de lo que comía.
Ahora se proponen no depender tanto del petróleo y vieron que la cuestión del alimento era muy importante. Por eso se fomenta la producción del campo. Pero a diferencia de Argentina y de lo que da plata, que es la soja, se incentiva la soberanía alimentaria y la sustentabilidad ecológica. No sólo hay una política para repartir la tierra, sino también para ir contra maximizar la ganancia aunque dentro de 50 años la tierra sea un desierto. Eso es socialismo del siglo XXI”.
“Estudiaron en detalle qué come el pueblo venezolano y a partir de ello, qué hay que producir. Se determinaron tierras para cada producción, se armaron cooperativas y empresas de agroindustria en manos del pueblo organizado”, resaltó Motto.
Además, en cada barrio hay negocios llamados ‘mercales’ a los que llegan los alimentos básicos como el arroz, la polenta, fideos y otras cosas “para comer bien, pero a precios populares. Ahí se logra un circuito desde la producción hasta la llegada a la mesa para garantizar que eso no es un negocio. Impacta que eso sea política de Estado y que involucre y llegue a millones de personas. No se trata de un experimento”, afirmó el dirigente del MTC.
- ¿Qué observación pudo hacer en relación con los medios de comunicación?
- Tuvimos la suerte de estar allá entre el 11 y el 13 de abril, fechas en las que se conmemora el golpe de Estado contra Chávez de 2002. En eso los medios de comunicación alternativa o comunitaria tuvieron un gran rol, porque las grandes cadenas de noticias no informaban lo que estaba sucediendo, con Chávez preso y la gente en la calle. Eso dio un impulso muy grande a los medios comunitarios o alternativos.
En todas las provincias o pequeños municipios hay medios y radios alternativas. En general están gestionados por organizaciones populares que si bien muchas son afines al chavismo, no dependen directamente del Estado.
Según Motto, “los grandes medios privados son recontra antichavistas y no paran de pegarle. Están los medios del Estado, con una versión oficial de las cosas, un poco más fuertes que acá. Y una innumerable cantidad de medios alternativos, algunos que sólo llegan a 50 kilómetros. Pero hay medios comunitarios de alcance nacional, administrados por colectivos populares. Por eso la pluralidad de voces es impactante. Y no se observa persecución o boicot a los privados”.
- ¿Hubo algún aspecto que le resultó negativo?
- Lo que más queda boyando es que Venezuela vive este presente por el momento mundial. Estados Unidos está debilitado y eso permite que en América Latina se ensayen procesos más afines a las mayorías populares. En los 90 esto no era posible. Pero acá los avances parecen tibios y da la sensación de que estamos perdiendo la oportunidad histórica de construir algo realmente diferente.


Comentá la nota