La aprobación en la Cámara de Senadores de la Nación del Servicio Cívico Voluntario (SCV), pone en debate las dificultades de la juventud. Distintos sectores sostienen que gran parte de los conflictos sociales del país tienen como génesis la inapropiada educación que reciben los adolescentes. En dialogo con EL LIBERTADOR la licenciada en Psicología Juvenil Marta Rott sostuvo que "no se deben confundir las cosas; la formación de los jóvenes es responsabilidad directa de las familias; el Estado solo debe acompañar con distintas políticas, pero la formación militar no garantiza disciplinamiento".
Según distintos datos, en promedio se estipula que en el país existen alrededor de 700.000 chicos fuera del sistema educativo. Es decir que dicho sistema debe ser repensado integralmente pues por múltiples causalidades gran parte de los jóvenes no estudian y además no trabajan. El número se vuelve más abrumador si se piensa que es similar a la población completa de provincias como San Luis o San Juan.
A su vez, estudios universitarios revelan que uno de cada cuatro chicos de 18 a 24 años no tiene el secundario completo. "Desde ese punto deben empezar a revertirse los números del Estado, porque las posibilidades para solucionar la problemática juvenil son muy diversas, pero todas ellas deben estar pensadas desde una perspectiva integral. Mucho se escribe y habla, a veces sobre la situación de vulnerabilidad o de riesgo en que se encuentran dichos adolescentes; lo cierto es que muchas de las medidas que se toman son parcializadas", sostuvo la psicóloga al ser consultada por este medio.
Por otra parte, la profesional remarcó que cualquier medida a tomar debe ser ampliamente debatida, pero no solamente desde la euforia social, sino también desde una perspectiva científica social. "Por lo general se aborda la cuestión, y muchos recuerdan esta realidad, cuando algún adolescente está involucrado en algún hecho delictivo de gran difusión. Otro tanto se dice sobre pérdida de valores, de la cultura del trabajo, de la necesidad de reinsertar a los chicos que están en la calle y deberían estarlo en la escuela. Pero no todas las soluciones pasan por un disciplinamiento de carácter militar".
También la psicóloga como profesional de las Ciencias Sociales sostuvo que "El Estado tiene el deber indelegable de diseñar políticas educativas que incluyan, formen, capaciten e integren a los jóvenes que por diversas causas no han continuado sus estudios, sea en el nivel primario o secundario. Pero es imposible negar que la familia y otras instituciones tienen la responsabilidad de formar a los adolescentes y jóvenes y protegerlos para que estos no caigan presos de malos hábitos o adicciones", remarcó Rott.
El Servicio Cívico Voluntario para muchos procura poner a la educación como eje de las políticas sociales, superando y transformando planes meramente asistencialistas por otros que promuevan la educación y capacitación para el trabajo. "No hay que darles el pescado, hay que enseñarles a pescar, pero no es un cuartel, el espacio apropiado donde los jóvenes aprenderán los hábitos saludables, no es la esencia de las fuerzas armadas modelar los valores de los jóvenes".
"El país necesita tanto a soldadores, carpinteros, herreros, torneros como universitarios. La enseñanza de oficios (uno de los puntos que se indican como pilar sobre el cual se sentaría el nuevo Servicio Cívico) ha sido desechado en la década del 90 hasta la supresión misma de muchas escuelas técnicas, la capacitación y la educación en general han sido y son el verdadero progresismo en la Argentina, lo que le ha permitido una movilidad social ascendente única en América Latina. Las posibilidades de salir de la pobreza y la exclusión aumentan en forma proporcional al nivel educativo alcanzado.
"Sin duda estamos frente a uno de los temas que será ampliamente discutido con el correr de los meses, en el que las generaciones antiguas o pasadas recordarán con una visión positiva la posibilidad de reimplementar este servicio y tratar de depositar en el la esperanza de una solución inmediata. Cada uno tendrá la experiencia. Pero reitero, el servicio militar no es la solución. Creo que para encontrar una solución todos debemos involucrarnos, es decir familias, Estado, comunidad religiosa. Solo de ese modo se superará esta ámbito de violencia que se ha instaurado", concluyó la profesional.
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