Las protestas reinstalaron el dominio de 'la grieta'

Las protestas reinstalaron el dominio de 'la grieta'

Los banderazos del sábado contra la expropiación de Vicentin reativaron los términos de una disputa entre posiciones irreconciliables que marcó el escenario político hasta el cimbronazo que provocó la pandemia

 

Otra vez 'la grieta' está entre nosotros y goza de una salud envidiable hasta para las mentes desveladas por el funcionamiento del sistema sanitario y su efectividad real para dar respuestas ante el avance de la pandemia. Lo que no consiguió reactivar por si solo el debate insólito entre salud versus economía en medio de la prolongada cuarentena, ahora cobró una fortaleza inusitada por efecto del propio traspié del Gobierno en el caso Vicentin. Y la oposición, que había comenzado a dejar atrás el modo hibernación que operó en sus movimientos tras la derrota electoral y el primer semestre de la gestión del Frente de Todos, halló una oportunidad perfecta para dar el zarpazo y empezar a plantarse con otra ambición en un territorio político por demás incierto.

 

El tweet de Mauricio Macri del sábado por la noche fue toda una declaración de intenciones. La imagen simple de una bandera argentina flameando fue una síntesis perfecta de los banderazos que se multiplicaron en diversos puntos del país y hasta en el AMBA (aún a riesgo de incumplir el distanciamiento social necesario) en rechazo contra la avanzada del Gobierno contra Vicentin.

La reacción casi inmediata del propio Alberto Fernández, que desde el discurso se vio instado a reafirmar sus convicciones pero que en privado empezó a transitar la senda de una solución intermedia a la apuesta por la expropiación de la compañía, fue una señal evidente de que no pasó por alto el dato de la reaparición en escena de Macri y su aparente decisión de dejar atrás el estratégico silencio de los últimos meses.

El movimiento del Presidente parece bastante justificado justo en el arranque de una semana especialmente difícil para los intereses de la Casa Rosada y de los actores políticos más visiblemente comprometidos con una prórroga menos light del confinamiento obligatorio.

Alberto Fernández comprobó en plenitud durante los últimos días que la ofensiva para que el Estado intervenga la compañía motorizó, como no había ocurrido con otros temas previamente, el realineamiento opositor en los términos de la dinámica política consagrada por 'la grieta', por la división entre posiciones que redundan irreconciliables. Un caldo de cultivo muy poco propicio en momentos en que su administración demanda amplificar el nivel de consensos para blindar de legitimidad la extensión de un encierro que, día a día, se vuelve doloroso y angustiante para miles de argentinos.

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