La protesta política también se hace sentir en el Sambódromo de Río de Janeiro

La protesta política también se hace sentir en el Sambódromo de Río de Janeiro

Una de las escolas del Carnaval denuncia las "manchas" que ensucian el país

Por Alberto Armendariz

RÍO DE JANEIRO.- La crisis brasileña no sólo ha golpeado los presupuestos de las grandes escolas de samba que ayer y hoy compiten en el Sambódromo Marqués de Sapucaí de Río de Janeiro. Una de esas tradicionales agrupaciones, Mocidade Independente, usó como inspiración el convulsionado contexto actual del país y convirtió su desfile en una suerte de protesta a través de un Don Quijote que lucha contra todas las "manchas" que ensucian a Brasil: la corrupción política, la pobreza, los problemas en la educación y la salud, la violencia policial, la esclavitud y el racismo...

"El Brasil de la Mancha", como se llama el "enredo" (trama) del desfile, comenzó a tomar forma a principios del año pasado, en medio del estallido del escándalo de sobornos en Petrobras.

"Por esos días, en Madrid se anunció el descubrimiento de los huesos de Miguel de Cervantes y se me ocurrió que podíamos utilizar su personaje más famoso, el Quijote, como excusa para contar todos los males que aquejan a Brasil", contó a LA NACION André Luis da Silva Junior, autor del guión que sirvió de eje a esta escola del barrio carioca Padre Miguel.

Aunque los "carnavalescos" (directores artísticos) de Mocidade, Alexandre Louzada y Edson Pereira, ya habían elegido antes otro tema, la idea de darle a su desfile un mensaje más a tono con la realidad les encantó. Y pronto convencieron a los 3700 miembros de la escola, que ayer desfilaron entre grandes plataformas petroleras a las que Don Quijote se enfrentó pensando que eran dragones, gigantescos ratones que representaron a políticos corruptos que roban el dinero del país, tanques que remitían a la dictadura militar y policías que disparaban contra chicos de la calle. Todo en un entorno de samba y alegría, como corresponde a la fiesta del Carnaval.

"El pueblo brasileño se identifica mucho con Don Quijote y su lucha contra gigantes; desde que nace, cada día el brasileño tiene que superar grandes desafíos para sobrevivir", señaló Louzada en medio de los últimos preparativos para los carros alegóricos del desfile, en los galpones de la Cidade do Samba.

Según apuntó Louzada, las alusiones a Petrobras les trajeron una advertencia de la petrolera estatal, que normalmente sirve de sponsor para todas las escolas. Los carnavalescos de Mocidade aclararon a la compañía que con el desfile estaban levantando la bandera de la integridad de la propia Petrobras, pero al final este año no recibieron nada de dinero de la empresa. Tuvieron que hacer frente al costo (unos dos millones de dólares) con contribuciones particulares y el fondo de financiamiento del que dispone la Alcaldía de Río de Janeiro.

Como para no dejar la sustancia política del desfile tan sólo en su interpretación poética, además convocaron para ser parte del cortejo a diferentes personas que han sido "víctimas" de estas "manchas" de Brasil: personas que viven en la calle, desempleados, negros discriminados, chicos que no tuvieron acceso a la educación, endeudados con los bancos, y hasta el hijo de un narcotraficante asesinado, como Luciano Daniel Santos, de 16 años, que creció en la favela del Complexo do Alemão, y representa la esperanza del cambio que propone la escola al final de la parada.

"Somos parte de una generación de chicos que nació sin futuro, que enfrentamos todo el tiempo prejuicios por ser pobres o porque nuestros padres fueron parte de una banda de narcotraficantes", explicó a este diario Santos, que hoy dirige un diario comunitario y tiene un proyecto bautizado Crianças Felices, para distribuir libros y juguetes a chicos carenciados de la favela.

Los "carnavalescos" de Mocidade confiaban en que su desfile causaría gran impacto en el jurado que vota por las escolas campeonas del Sambódromo, pero su mayor expectativa era que generara ideas en las 72.000 personas que ayer lo disfrutaron desde las tribunas en el lugar o en los millones de brasileños que lo siguieron por televisión.

"Nos gustaría que la gente reflexionara sobre el país que tenemos y que las personas juntaran coraje para luchar contra todo lo que está mal; que la voz del pueblo se manifestara de forma más fuerte. Creemos que el Carnaval tiene ese poder", afirmó el director artístico Edson Pereira.

Queremos provocar una reacción popular y, por qué no, hasta en la presidenta Dilma Rousseff; ella debería apoyar mucho más a la gente, que pese a ser engañada constantemente por los políticos mantiene el idealismo de que un país mejor es posible", agregó.

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