Una promesa que sonó como un mandato

Hernán de Goñi

La expectativa que creó el mensaje al país que la presidenta Cristina Kirchner prometió en horas de la tarde, fue lo suficientemente fuerte como para inmovilizar a dirigentes políticos, sindicales y empresariales, quienes optaron por llamarse a silencio hasta que surgiera alguna definición política.

Hasta ayer, eran muchos los que aguardaban encontrar en las palabras de la primera dama un anticipo de los tiempos por venir. Pero su discurso no dio margen para lecturas rebuscadas. En poco más de cinco minutos (grabados antes de su primera aparición oficial en la Casa Rosada tras la muerte de Néstor Kirchner) hizo un esfuerzo evidente para no dejarse llevar por la emoción, pero no lo logró. Agradeció a todos aquellos que la acompañaron en la despedida del cuerpo de su esposo (sobre todo a los más jóvenes) y se distanció de aquellos que evaluaban que su pérdida la enfrentaba al momento más difícil de su gobierno. Los que esperaban moderación o algún signo de que se podía profundizar el rumbo, encontraron un mensaje que fue simbólico, pero también directo: el compromiso de la Presidenta de sostener su gestión con los principios que defendió junto a Kirchner. Lo que tal vez haya sido un juramento íntimo, asomó casi como un mandato. Todo una señal para este primer día.

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