Por Santiago FioritiLo dijo en el contexto del 7D. Aseguró que ese día lo encontrará “trabajando”. Siguen las críticas a Macri.
-¿Está preparado para el fastidio que va a provocar en el Gobierno esta charla con Clarín en este momento ...?
-Yo hablo con todos ...
Scioli, en efecto, habló ayer con Clarín en un salón del Hotel Emperador, donde terminaba de reunirse con 400 gerentes del Banco Provincia y con su presidente, Gustavo Marangoni, Es un momento especial el que transita el gobernador. Desde el peronismo anti-k y también desde ciertos sectores sociales que no reniegan del todo del Gobierno pero no comulgan con su estilo, le suelen pedir gestos de rebeldía, alguna muestra de que, llegado el momento, será capaz de soltarle la mano a Cristina y caminar solo. Hugo Moyano, el primero en darle el apoyo cuando en mayo blanqueó sus aspiraciones presidenciales, dijo hace pocas horas que le gustaría que el mandatario acelerara un poco más. Pero Scioli, como cuando juega al ajedrez, se jacta de ser un tiempista y dice: “Yo acelero todos los días, pero contra los problemas. Ya di mis definiciones y la gente las entendió. Punto. La gente entiende todo, es maravillosa. No tengo más nada para agregar”. En el mundo de la política, cree Scioli, todos están apurados por el calendario electoral.
Menos él.
No se lo ve decidido a minar su relación con la Casa Rosada. Por el contrario. Insiste con lo que insiste su círculo rojo en charlas privadas: no va a romper, no va a dar más que señales, si es que las da, cada tanto. Es su manera de hacer y entender la política.
Hoy parece gozar de cierta tranquilidad. La caída en la imagen de Cristina –que también lo afecta a él– han hecho que desde Balcarce 50 lo miren con más cariño que en julio, cuando lo tenían con la soga al cuello y los empleados bonaerenses no sabían cuándo ni cómo se les pagaría el aguinaldo. Eso no pasará en diciembre. Scioli ya tiene la plata. Claro, no será gratis. “No es momento de hablar de candidaturas, cuando llegue el día lo dirimiremos. Pero hay que sostener y apoyar las políticas de este Gobierno”, avisa. Que nadie espere un Scioli distinto este verano: “Me reuní con mi Gabinete y les dije: ‘nada de 2015”.
Es capaz de quedar bien con la Iglesia y con el Gobierno en una misma frase, pese al tenor del documento del Episcopado. “En el marco de la democracia, la Iglesia tiene su derecho a expresarse. Soy católico y tengo fe de que si hay algo irreconciliable se puede reconciliar. Este Gobierno se hace cargo de los problemas con decisión y con iniciativa”.
En la conversación, Scioli va y viene todo el tiempo con el tema que más lo ocupa por estos días: el de la basura. En rigor, no sólo la basura. Lo ocupa un enfrentamiento con Mauricio Macri con el que, además de la discusión sobre la Ley de Basura Cero, lo separa el trayecto hacia 2015.
Macri, con el que habla de celular a celular más seguido de lo que sus propios asesores saben (“como mínimo cada quince días”, contó esta semana un ministro del PRO), es su principal blanco de críticas, sino el único. “El jefe de Gobierno debe tomar decisiones. Le quiere echar la culpa a la política, al kirchnerismo. Una respuesta superficial. Hace años que le pedimos que haga algo con la basura. Se lo dije una vez, dos, tres... No puede seguir tirando 6000 toneladas en la Provincia. Que invierta: la Ciudad tiene el mayor ingreso per capita”.
Macri dijo que Scioli es el gobernador más kirchnerista. ¿Es así? Scioli se escapa: “Que diga lo que quiera. Se vuelve a equivocar. Así no se arreglan los problemas. Al contrario, se agravan”. Sin embargo, en el propio entorno del mandatario admiten que la frase del conductor del PRO le molestó.
El gobernador no habla del proyecto reeleccionista. “La propia Presidenta ya contestó”, dice. Alude a la frase en Harvard en la que afirmó que no era “responsabilidad ni deseo de esta presidenta una reforma constitucional”. Se aferra a su estilo, a evasivas o silencios y a las charlas privadas que dice tener con Cristina para seguir creyendo que él puede ser el sucesor.




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