Profe de Inglés de miles de santarroseños

Profe de Inglés de miles de santarroseños
Hace mucho cambiaron las condiciones en las aulas. Las relaciones entre alumnos y docentes se modificaron y casi podría decirse escasea aquel respeto casi reverencial que los profes solían merecernos.
"This is a book", "This is a chair", "This is a pencil". Esas frases, simplísimas, todavía suenan en mí como una letanía cada vez que recuerdo aquellas clases de inglés en el Colegio Comercial. "Estudiá Vega, estudiá", solía decir la profesora aludiendo a la necesidad de acceder al conocimiento del inglés.

Cuántas veces, en algún aeropuerto, ignorante e incapaz de mantener una conversación en la lengua de Shakespeare me he acordado de la profe que nos aguantó en el secundario cuando no le dábamos valor al aprendizaje de un idioma que se utiliza en todas partes del mundo. Cuántas veces lamenté no haber hecho caso de aquellas recomendaciones y haberme quedado en esta ignorancia que verdaderamente lamento.

Rememoro con sumo afecto a aquella profesora que, con toda paciencia, llevaba adelante su intento de sacarnos de esa torpeza. Muchas veces la veo y le repito a modo de saludo aquellas tres frases que quedaron como remedo de aquel alumno anodino que no se daba cuenta qué importante resultaba conocer bien otro idioma.

The teacher.

María Delfina Causa de Fornés Rogers ha pasado por aulas del Comercial, del Nacional y también de "la Escuela Fábrica".

Me refiere su nombre completo y, de verdad, no tenía idea de cuál era su apellido de soltera. "Es que me casé muy joven y todo el mundo me conoce como Fornés Rogers", aclara.

José Alberto Fornes Rogers, "Cachito" para todos, fue un abogado que trabajó en la justicia provincial, y aunque no era nacido en estas tierras tenía muchos ancestros pampeanos, como que Ana María Cabral, quien es firmante del acta de fundación de Santa Rosa era su bisabuela.

Tampoco sabía que "la profe de inglés" es uruguaya. "Sí, nací en Montevideo, pero pronto mis padres se vinieron a Buenos Aires, y mi hermana María Inés aún vive allí", cuenta. Juan José Causa, su papá, trabajó siempre en la famosa tienda Gath & Chaves, a la que los porteños mencionaban como "gatichaves", y también lo hizo su mamá Delfina Scalabrini.

Vivieron primero en Floresta y luego en Ramos Mejía, porque les quedaba más fácil el acceso a estudiar, tuvo un paso por la UBA para llegar hasta tercer año de Ciencias Económicas y luego el ingreso a una institución que habría de decidir su destino, y buena parte de su vida: El Centro de Estudios Ingleses.

Casamiento y llegada a Santa Rosa.

Conoció a "Cachito", se casaron en 1957, llegó el hijo, José Enrique, hoy médico que vive en Capital Federal, y tomaron la decisión de venirse a Santa Rosa. "La ruta asfaltada llegaba hasta Pellegrini, y de allí hasta aquí era camino de tierra... en el viaje veíamos un panorama que entonces se me antojaba devastador", rememora. "La ciudad era muy chiquita allá por 1961, pero veníamos buscando nuestro destino", completa.

"Cachito" comenzó a ejercer su profesión, se insertaron y se acostumbraron, aunque esto se pareciera entonces muy poco a Buenos Aires."Pero Santa Rosa es la ciudad donde transcurrió mi vida", admite.

La "Profe" vive en una hermosa casona ubicada en Argentino Valle y Luther King -creo que ese era el terreno que antiguamente ocupaba el cabaret La Estancia, que el negro Parra incendió en una noche de copas-, y da toda la impresión que resulta demasiado espacio para una mujer sola."Convivo bien conmigo misma... No me cuesta estar sola, tengo muchas cosas para recordar y he tenido una buena vida... No me puedo quejar", me dice ante una pregunta.

¿Despedida?

"¿Si me voy a ir? Sí, creo que sí, que me voy a instalar en Buenos Aires. Pero no por mí, sino por mi hijo que tiene que estar viajando para venir a verme...", me apunta con un dejo de tristeza. Es el primer momento en que sentirá que la melancolía la embarga. "Yo aquí tuve una buena vida, y soy agradecida de lo que me dio Santa Rosa, pero...". Pero la vida es la vida, y a veces se encapricha en llevarnos por aquí, o por allá, y no nos deja demasiadas opciones. ¿No es cierto profe?

Recordando.

Ella va desgranando recuerdos. "Empecé a dar clases aquí cuando me convocó Pelusa Monedero, que era rectora del Comercial. Necesitaba una profesora para quinto y primer año... entre los primeros alumnos de quinto estaban Pancho Varela -que después fallecería en un accidente- y su hermano; Libertad Amit, la hija del ex gobernador; Nelson Festa que hoy es arquitecto; y Pacho Andreotti, entre otros", rememora.

Dio clases también en el nocturno Ayax Guiñazú, cuando "el rector era Zacarías Otiñano", pero después el Consejo Nacional de Educación Técnica la designaría profesora titular en "la Escuela Fabrica, y en la Enet estuve 20 años. Me jubilé ahí en 1988", precisa. También daba clases particulares y puedo evocar que muchos de mis compañeros concurrían y obviamente "la tenían más clara" en las clases de Inglés.

Un momento triste.

La vida habría de golpear muy duro a María Delfina. "Sabíamos que 'Cachito' no estaba bien, sufría del corazón y un día falleció en forma súbita. Tenía nada más que 50 años. Fue una enorme pena, y me costó más de 10 años poder superar ese trance", vuelve a emocionarse.

Siguió trabajando, cultivando amistades, viajando a Buenos Aires a ver a su hijo, y también en el medio de su dolor hubo un viaje a París, donde José Enrique había sido becado. "Estuve tres meses y la verdad es que me defendí muy bien con el idioma... hablaba algo de francés, pero el inglés me sacó de las situaciones más complicadas", explica.

La vida con Luis,

En 1988 ya vivía entre Buenos Aires y Santa Rosa. "Tres días estaba allá, y venía aquí los lunes, martes y miércoles a dar clases. Y lo que son las cosas... iba a ser mi último viaje a Santa Rosa, porque ya me había jubilado, y me encontré con Luis". Se refiere a Luis María Knudtsen, que sería su segundo esposo. Knudtsen, había sido por un corto tiempo -entre 1981 y 1982- intendente de Santa Rosa, y con él María Delfina estaría 18 años, hasta que se produjo su deceso.

"¿Cómo fue que nos casamos? Él iba caminando para Casa de Gobierno y nos cruzamos en la calle. Nos saludamos porque éramos muy amigos, con su familia, incluso con quien había sido su esposa, que había fallecido y me invitó a almorzar a su casa: 'Vení que está mamá, Amelia, que se va a alegrar mucho de verte', me convenció. Fui y ese día me propuso matrimonio. '¿Te querés casar conmigo?', me preguntó. Yo había tenido algunas oportunidades y ya le había dicho a mi hijo: 'el próximo que me proponga matrimonio me caso'. Ese mismo día le contesté a Luis que sí y lo llamé a mi hijo para hacerle el comentario... ¿Qué me dijo? Que estaba loca, pero que hiciera lo que creyera mejor", va refiriendo María Delfina.

Y después cuenta cómo fue ese matrimonio. "Nos llevábamos muy bien, compartíamos muchas cosas, viajábamos mucho porque a él le gustaba mucho manejar e íbamos para todos lados", señala.

Viajar, un placer.

Viajó mucho y naturalmente fueron experiencias hermosas. "Tuve la suerte de estar cuatro veces en Europa. En París, España, Italia, Austria... me encantó todo, y sobre todo Roma y Nápoles. También tuve la suerte de estar en Inglaterra y en Estados Unidos. Me di muchos gustos", reconoce.

La encuentro seguido por las calles, y se lo comento: "Sí, camino muchísimo, unas 100 cuadras por día. Salgo, a la mañana, o a la tarde, a hacer trámites, y a veces me cruzo con ex alumnos, como me pasa con vos. Y es lindo... ahí uno se da cuenta que hizo bien su trabajo, con responsabilidad y cariño, y la gente te lo hace saber", comenta.

"Vega, no se le pregunta la edad a una dama", me reprende. Lo cierto es que la profe Fornes Rogers se está por ir de Santa Rosa. Un día tomará sus cosas y partirá para estar más cerca de José Enrique -"llegó a ser primera raqueta en Santa Rosa", lo elogia como tenista-, y de su nieto, Santiago (11), que también juega al tenis, y al fútbol.

"Mi vida fue acá, pero me voy a tener que ir", me dice en el final mientras mira, hacia ninguna parte.

Gracias profe... y "sorry" por no haber entendido su mensaje. Lo lamentaré siempre. I send you a big kiss.

A cuatro décadas de un acontecimiento.

La profesora Fornés Rogers estaba circunstancialmente en Buenos Aires cuando recibió un llamado telefónico de su esposo, "Cachito". Le informaba que en la Universidad de La Pampa se iba a poner en marcha el Profesorado de Inglés y se necesitaba una matrícula que lo justificara. "Por supuesto me inscribí y pude recibirme", relata.

Las clases comenzaron a dictarse en 1970, y María Delfina, Cristina Pastorutti y Rita Ríos, habrían de ser las primeras egresadas de la carrera.

Manifiesta su "enorme agradecimiento" a quienes eran sus docentes en el Profesorado, y menciona "la gran ayuda que me daba Margarita Monges de Morisoli. Pero también Chana Capón Fila, Carmen Troubé y Vita Vanderlanken... tuve la satisfacción también de ser la primera alumna ayudante de cátedra porque Vita se fue y me dieron ese lugar. Realmente es muy oportuna esta nota para manifestar nuestro agradecimiento a aquellas profesoras, y también a Rita Ríos, que me dio una gran ayuda porque cuando iba transcurriendo el tercer año de la carrera que era de cuatro falleció mi esposo y realmente me costó mucho reponerme. Ella me apoyó y me ayudó a estudiar", agradece ahora.

Pasaron cuarenta años de haberse recibido, y a partir de allí Ana Delfina Fornés Rogers no dejó de trabajar. Miles de alumnos pasaron por sus clases y ella, al parecer, tiene muy buena memoria, porque cada vez que nos hemos encontrado en la calle me saludó y no dejó de recordar a algunos de mis compañeros, como Ana María Dalle Carbonare, Gladys Jensen, Susana Antonio, y "al más vago", el 'Pelado' José González, entre otros.

Aquella ingenuidad adolescente.

Hay una anécdota trivial que recuerdo siempre. Transcurría la clase de inglés y el "Pelado" José González estaba distraído. "Dije dos palabras... escribilas", pidió seria la profe. El alumno se puso frente al pizarrón y escribió: "Mu mu". La carcajada retumbó y el chico sintió vergüenza. Le habían pedido, obvio, dos palabras en inglés y él escribió el nombre del caramelo de leche que estaba comiendo. El pequeño gag muestra la inocencia de aquel alumnado, de hace muchos años, que tenía poco que ver con la conducta de muchos chicos hoy en día. Casi una cultura totalmente diferente. ¿O no?

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