El principio del ocaso del desacreditado Cavaliere Elisabetta Piqué

ROMA.- Silvio Berlusconi no tirará la toalla. Contra las cuerdas como nunca y con una imagen cada vez más desacreditada en Italia y en el mundo, el premier resistirá a lo que él considera un enésimo e injusto ataque de las "togas rojas" que, según sostiene desde que bajó a la arena política, en 1994, lo persiguen con fines políticos.

Si hasta ahora jamás pudieron condenarlo en las decenas de juicios que lo tienen como protagonista -por corrupción, falsos balances y demás irregularidades-, esta vez la apuesta es más alta.

Además de una sentencia de condena por prostitución de menores y abuso de poder -acusaciones sin precedente para un premier italiano-, la pesadilla más temida por Berlusconi es una pena accesoria: la interdicción para ejercer cargos públicos.

Esto significaría el fin para Berlusconi, que entonces se vería obligado a dimitir, según comentaron a esta corresponsal fuentes informadas.

En ese caso, se abrirían los dos escenarios de los cuales los italianos oyen hablar desde hace mucho. O habrá elecciones anticipadas -que nadie quiere, pero que podrían significar una última opción desesperada para el premier-; o se acordará un gobierno de emergencia, técnico o de unidad nacional, que debería reformar la actual ley electoral y atender la grave crisis económica que atraviesa Italia, que es lo que más le preocupa a la gente.

Según el código de procedimiento penal, en caso de juicio inmediato, como el que se abrirá a Berlusconi el próximo 6 de abril, el imputado tiene 15 días para pedir si quiere someterse al procedimiento abreviado o a la tratativa ( patteggiamento ); en caso contrario, será sometido al proceso ordinario.

El procedimiento abreviado tiene la ventaja de que se celebra a puertas cerradas y de que, en caso de condena, implica la reducción de un tercio de la pena. La desventaja es que la decisión judicial se toma con base en las pruebas recolectadas por la fiscalía hasta ahora. Según expertos, es difícil que Berlusconi opte por este camino, como tampoco por el de la tratativa, que implicaría reconocer culpabilidad, aunque presentaría la ventaja de comportar la exclusión de penas accesorias, como la interdicción de ejercer cargos públicos.

La hipótesis más probable es que la defensa del Cavaliere opte por el proceso ordinario y, a la vez, haga de todo para postergar la primera audiencia del 6 de abril, ya definida por algunos como "el juicio del siglo". Los abogados harán valer la tesis del legítimo impedimento, es decir que el premier no puede comparecer porque tiene importantes compromisos de gobierno que atender.

En una reciente sentencia, el Tribunal Constitucional, que invalidó parcialmente una ley que en la práctica había congelado los juicios pendientes del premier, indicó que es el juez el que tiene que decidir, caso por caso, si el impedimento es legítimo o no. Además, la defensa del premier alegará que el tribunal de Milán no tiene competencia para juzgarlo por ninguno de los dos delitos de los que se lo acusa.

El fin del premier

Más allá de estas cuestiones "técnicas" y de la determinación de Berlusconi de resistir a la "persecución judicial", parece evidente la llegada del ocaso del Cavaliere . Si bien él sigue negando las acusaciones, para muchos parece claro que Berlusconi terminará de la peor forma: como un anciano solo, golpeado por la sordidez de orgías junto con jóvenes que lo usaban como un cajero automático, tal como se desprendió de las escuchas telefónicas publicadas por los diarios italianos.

En este marco, todo indica que quien tiene ahora el poder para "desenchufar" el aparato que mantiene con vida a su gobierno es la xenófoba Liga Norte (LN), de Umberto Bossi. Hasta ahora socia clave del premier, la LN está cada vez más impaciente por el "pantano Ruby" en el que se ha metido el gobierno, que hizo fracasar su objetivo de que se apruebe el federalismo en el Parlamento.

En este sentido, un dato crucial fue la entrevista que concedió el líder del Partido Democrático, el mayor de la oposición de centroizquierda, Pierluigi Bersani, a La Padania -el diario de la LN-, en la que le propuso un "pacto de fuerzas populares" para llevar adelante el federalismo, pero también para hacer caer a Berlusconi.

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