Preocupación de la Iglesia por aumento del consumo de drogas en Villa La Angostura

El padre Federico Wernicke expresó su preocupación antes de marcharse de la localidad porque observa más jóvenes consumiendo marihuana en algunos barrios.
El padre Federico Wernicke se va mañana de Villa La Angostura tras permanecer ocho años en esta localidad. Antes de emprender el viaje, expresó su preocupación porque advierte que hay un aumento en el consumo de drogas, sobre todo, marihuana entre la juventud de la localidad.

“La preocupación es por lo que veo y lo que se está viendo en algunos barrios. Es un problema que está a la vista. Uno recorre un poco a la noche o en la madrugada y va a ver a los pibes fumando marihuana en las esquinas”, señaló el padre en diálogo con LA ANGOSTURA DIGITAL.

Dijo que percibe el crecimiento del consumo también por testimonios de jóvenes que concurren a la parroquia que plantean que la problemática está instalada a nivel local.

Observó que si bien es cierto que con frecuencia hay secuestros de drogas en la zona, siempre hay un porcentaje que no es detectado “y creo que es mucho más el porcentaje de droga que no se descubre”.

El padre señaló que el tema de las drogas “es una problemática nacional”. Y consideró que a nivel local se instaló hace tiempo. De hecho, recordó que el padre Rubén Capitanio cuando estuvo a cargo de la parroquia local denunció a presuntos vendedores de drogas. “Rubén hasta fue amenazado por esas denuncias”, destacó el padre Federico.

Opinó que el problema está relacionado con “la falta de oportunidades para los jóvenes de acceder a la educación, de conseguir un trabajo digno, el tema de la falta de contención familiar, de espacios de recreación”. “Todo eso fomenta que el joven opte por la droga como una vía de escape”, evaluó.

Advirtió que “lo que está en crisis hoy es la familia”. Rememoró que desde chico aprendió que la familia “era la célula de la sociedad y si esa célula está enferma, está enfermo todo el cuerpo”.

En la opinión del padre, todo ese contexto influye para que ocurra un aumento el consumo de la marihuana principalmente.

Dijo que es probable que el consumo de drogas “sea más visible en los jóvenes de los sectores pobres, porque lo hacen en la calle y están más expuestos. En los sectores más altos pasa más disimulado porque no lo hacen a la vista de todos”.

El padre Federico comentó que algunos chicos que concurren a la parroquia le comentaron que “había cierto consumo de drogas en algunos boliches” y consideró que la puerta de entrada al consumo de drogas es el alcohol, “porque es más accesible y más barato”. Dijo que si bien es cierto que el chico no puede comprar, cualquier adulto compra y se lo da al joven.

“Así llega un momento en el que el joven quiere probar algo más”, señaló.

“Creo que hay muchísimas cosas por hacer como promover el estudio y el deporte entre los jóvenes y adolescentes”, afirmó el padre. También “la contención familiar, los espacios de recreación, que el tema se aborde en los colegios y promover la familia”.

Polémica nacional

Esta semana, el ministro de Defensa del gobierno nacional, Agustín Rossi, sorprendió al dar un giro a la postura oficial y reconocer que la Argentina no era ya sólo un país de tránsito para las drogas, sino que también se había convertido en una región consumidora y productora de estupefacientes.

En cuestión de horas, el secretario de Seguridad del gobierno nacional, Sergio Berni, salió a desautorizar su opinión y ratificar la postura oficial: "En la Argentina no se producen drogas". Al día siguiente, el propio jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, respaldó los dichos del secretario de Seguridad. La polémica quedó instalada.

Documento de la Iglesia

En un escrito titulado "el drama del narcotráfico y la droga", la Conferencia Episcopal Argentina emitió a principios de noviembre pasado un duro documento que apunta a la política y a la sociedad.

La Conferencia Episcopal Argentina trazó un duro panorama sobre el flagelo del narcotráfico en un comunicado que apela a la dirigencia política para que tome medidas urgentes con las cuales combatir a las mafias que operan en el país.

Para la Iglesia, la Argentina está a punto de entrar en una situación de "difícil retorno" y pidió abogar por un amplio consenso entre todos los sectores para actuar con inmediatez.

El documento completo

Angustias de la sociedad

1 - La sociedad vive con dolor y preocupación el crecimiento del narcotráfico en nuestro país. Son muchos los que nos acercan su angustia ante este flagelo. Nos conmueve acompañar a las madres y los padres que ya no saben qué hacer con sus hijos adictos, a quienes ven cada vez más cerca de la muerte. Nos quedamos sin palabras ante el dolor de quienes lloran la pérdida de un hijo por sobredosis o hechos de violencia vinculados al narcotráfico.

2 - Sabemos que este problema es un emergente de la crisis existencial del sentido de la vida en que está sumergida nuestra sociedad. Se refleja en el deterioro de los vínculos sociales y en la ausencia de valores trascendentes.

3 - Cuando este mal se instala en los barrios destruye las familias, siembra miedo y desconfianza entre los vecinos, aleja a los chicos y a los jóvenes de la escuela y el trabajo. Tarde o temprano algunos son captados como ayudantes del "negocio". Hay gente que vende droga para subsistir, sin advertir el grave daño que se realiza al tejido social y a los pobres en particular.

4 - Es alarmante la expansión de las llamadas drogas sintéticas, que se distribuyen en diversos espacios festivos, y nos duelen las conductas autodestructivas en adolescentes o jóvenes que consumen diversas sustancias.

5 - Lo que escuchamos decir con frecuencia es que a esta situación de desborde se ha llegado con la complicidad y la corrupción de algunos dirigentes. La sociedad a menudo sospecha que miembros de fuerzas de seguridad, funcionarios de la justicia y políticos colaboran con los grupos mafiosos. Esta realidad debilita la confianza y desanima las expectativas de cambio. Pero también es funcional y cómplice quien pudiendo hacer algo se desentiende, se lava las manos y "mira para otro lado".

Necesidad de medidas urgentes

6 - La Argentina está corriendo el riesgo de pasar a una situación de difícil retorno. Si la dirigencia política y social no toma medidas urgentes costará mucho tiempo y mucha sangre erradicar estas mafias que han ido ganando cada vez más espacio. Es cierto que el desafío es enorme y el poder de corrupción y extorsión de los grupos criminales es grande. Pero no es verdad que "nada se puede hacer".

7 - La complejidad de este tema es tal que solo será abordado eficazmente por medio de amplios consensos sociales que deriven en políticas públicas de corto, mediano y largo alcance. Pero perseguir el delito es tarea exclusiva e irrenunciable del Estado. Recogemos también la preocupación por la desprotección de nuestras fronteras, y por la demora en dotar de adecuados sistemas de radar a las zonas más vulnerables.

Lamentamos que el organismo del Estado dedicado a coordinar las políticas públicas en esta materia (SEDRONAR) lleve tantos meses sin tener su responsable designado. (Aclaración: el gobierno nacional designó a finales del año pasado al padre Juan Carlos Molina al frente del Sedronar)

Pasión por el bien

8 - Muchos centros educativos, clubes barriales y diversas ONG colaboran en la educación, prevención y asistencia a las víctimas. Reconocemos gratamente la ardua tarea que se desarrolla desde la Iglesia implementando en las diócesis la pastoral de adicciones, promoviendo la contención de familias, el acompañamiento y la reinserción social de los adictos. Valoramos de corazón el esfuerzo, la dedicación y la entrega de tanta gente generosa que colabora en comunidades terapéuticas. No obstante, como obispos somos conscientes de que no hemos sido suficientemente eficaces en promover una pastoral que convoque y contenga a los adolescentes y jóvenes. A su vez, seguimos alentando la creación de centros de asistencia para quienes sufren la esclavitud de la adicción y les cuesta salir.

9 - Esta situación está dejando un tendal de heridos que reclaman de parte de todos compromiso y cercanía. Jesús nos pide que nos inclinemos ante quien sufre y que tratemos con ternura sus heridas.

10 - San Pablo nos enseña a "tener horror por el mal y pasión por el bien" (Rm 12, 9). Por eso no debemos quedarnos solamente en señalar el mal. Alentamos en la esperanza a todos los que buscan una respuesta sin bajar los brazos:

A las madres que se organizan para ayudar a sus hijos.

A los padres que reclaman justicia ante la muerte temprana.

A los amigos que no se cansan de estar cerca y de insistir sin desanimarse.

A los comunicadores que hacen visible esta problemática en la sociedad.

A los docentes que cotidianamente orientan y contienen a los jóvenes.

A los sacerdotes, consagradas, consagrados y laicos que en nuestras comunidades brindan espacios de dignidad humana.

A los miembros de fuerzas de seguridad y funcionarios de otras estructuras del Estado que aún a riesgo de su vida no se desentienden de los que sufren.

A todos los que resisten la extorsión de las mafias.

Que no nos roben la esperanza

11 - Es perverso vivir del sufrimiento y de la destrucción del prójimo. Por eso anhelamos una justicia más eficiente que erradique sin demoras la impunidad. Al mismo tiempo no dejamos de pedir la conversión de los traficantes.

12 - A cada uno de los que han caído en la droga, le decimos con el Papa Francisco: "Puedes levantarte, puedes remontar; te costará, pero puedes conseguirlo si de verdad lo quieres. Tú eres el protagonista de la subida, esta es la condición indispensable. Encontrarás la mano tendida de quien te quiere ayudar, pero nadie puede subir por ti".

13 – No dejemos que nos roben la esperanza, ni que se la arrebaten a nuestros jóvenes. Cuidémonos los unos a los otros. Estemos particularmente cerca de los más frágiles y pequeños. Trabajemos por una cultura del encuentro y la solidaridad como base de una revolución moral que sostenga una vida más digna.

Que el Señor nos ilumine y la Virgen de Luján nos ayude a cuidar el presente y el futuro de la Nación.

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