Por Hernán de GoñiLas gestiones que está intentando la oposición en el Senado por ahora parecen estar guiadas por un único gran propósito: demostrarle al matrimonio presidencial que el Gobierno puede contar con el Congreso y que el costo político que deberían pagar los Kirchner por moderar sus objetivos sería más aceptable que el que entraña profundizar su enfrentamiento con los jueces y los legisladores.
¿Cuál es el foco de esta instancia? La institucionalidad. Todavía no se ha discutido a fondo si la pretensión oficial de utilizar las reservas está justificada o si tiene efectos colaterales más perniciosos que el pagar una mayor tasa de interés. Pero los opositores parecen menos interesados en este punto que en convencer al Gobierno de que no se arroje al precipicio.
Morales planteó que no forzarán la convivencia. Aceptaron reformular la integración de la comisión revisora de los DNU y le darán más tiempo al oficialismo.
El escenario planteado (que incluye revisar el Presupuesto 2010 y aceptar una ley de normalización del Indec) luce racional. Pero esa palabra todavía no está incluida en la mesa.

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