Por Hernán de GoñiLa primera reacción que provocan las cifras que procesa el Indec sobre la inflación minorista es descreimiento. Para los consumidores, los datos oficiales del IPC son casi ficción pura. Quienes recorren constantemente las góndolas de los grandes hipermercados saben que esos números no están a la vista.
Ese es el registro que captura el Indec. Y desde ese concepto, es cierto que hay una canasta de bienes que sube 8%. Lo que resulta difícil de comprender es por qué el Gobierno renuncia a proteger el poder adquisitivo de quienes consumen marcas líderes, por lo general más caras. Es una forma de renunciar a su voto. No se logra legitimidad sólo con defender los derechos de un sector, si al hacerlo se olvida del todo.

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