Precios en alza y salarios en retroceso: la pérdida real es mayor a la oficial

Precios en alza y salarios en retroceso: la pérdida real es mayor a la oficial

Un informe estimó el impacto de la desactualización del IPC en el cálculo del costo de vida y en la caída del poder adquisitivo. Con una canasta desfasada dos décadas, el índice del INDEC no refleja el impacto pleno de tarifas y servicios sobre los ingresos. Este martes se conocerá el dato oficial de marzo.

Por

Eugenia Rodríguez

 

Este martes se conocerá el dato de inflación de marzo y las estimaciones privadas ya anticipan una nueva aceleración, con subas impulsadas por Educación, Transporte, servicios públicos y alimentos. El índice volvería a ubicarse en torno al 3% mensual, en un contexto en el que los precios regulados a marcar el pulso. Sin embargo, detrás de ese número hay una discusión más profunda: cuánto refleja realmente el IPC oficial el costo de vida actual. Un informe reciente advirtió que la pérdida de poder adquisitivo de los salarios es mayor a la que muestran las estadísticas, debido a que el índice del INDEC sigue basado en una canasta de consumo desactualizada, construida con patrones de gasto de hace dos décadas.

Al recalcular los ingresos con una estructura de consumo más representativa, tanto los salarios del sector privado como los del sector público exhiben caídas entre 4 y 5 puntos más pronunciadas que las que surgen de las cifras oficiales. Es decir, no solo los salarios pierden contra la inflación, también lo hacen frente a una medición que subestima el verdadero aumento del costo de vida.

Las expectativas para el resto del año no son prometedoras: “sin una desaceleración fuerte de la inflación —escenario hoy muy improbable— los salarios profundizarán su caída”, alertó un especialista en la materia.

 

El IPC oficial versus pérdida salarial real

Previo a la difusión oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC-INDEC) para el mes de marzo, relevamientos privados anticipan un panorama dominado por la suba de los regulados, con fuerte injerencia de los incrementos de tarifas de servicios como electricidad y gas, a lo que se agregan las subas en transportes y combustibles.

Sin embargo, dado que Gobierno nacional decidió a principios de este año postergar -indefinidamente- la publicación del nuevo IPC-INDEC que implicaba una actualización de la metodología de medición, la canasta de bienes y servicios con la que se mide la inflación hace tiempo dejó de ser representativa de los gastos familiares ya que se basa datos de consumo de 2004/2005, es decir, de hace dos décadas atrás. En dicha canasta (basada en la Encuesta de Gastos de los Hogares- ENGHo) se asigna -por ejemplo- una menor ponderación a Servicios –donde más gasta hoy la población- y una mayor incidencia para Alimentos y bebidas no alcohólicas, lo que se modificaría con la nueva metodología (Encuesta de Gastos de 2017/2018).

 

Es decir que al seguir usando la canasta de 2004 no se captan fielmente los cambios en el consumo y en las cantidades de estos últimos 20 años, por lo que aún con la aceleración de estos nueve meses, el IPC sigue mirando una estructura que ya quedó vieja. “En caso de haberse actualizado el índice, habrían ganado relevancia los servicios de la vivienda y el transporte. Estos rubros incluyen tarifas, boletos de transporte público y nafta, buena parte de los precios regulados. Por el contrario, los precios cuyo peso más habría caído son los alimentos y bebidas y restaurantes y hoteles, que no surgen de decisiones del gobierno”, señaló un informe realizado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP- UBA- CONICET). Según estimaron, actualizando la canasta, en 2024 la inflación hubiese sido 8 puntos mayor, por ejemplo (126% en lugar de 118%) y habría crecido al 33% (vs. 32%) el año pasado.

No obstante, el equipo liderado por el economista Joaquín Waldman puso la lupa en el impacto “mayor” que la desactualización del índice general de precios provoca en los salarios de la población. Al recalcular la pérdida del poder adquisitivo de los salarios utilizando el IPC con ponderadores nuevos, la caída respecto del promedio del primer semestre de 2023 pasa de -10% a -13%. Dentro de esta caída contrastan los salarios del sector privado, cuya contraccón se habría casi duplicado (siendo -7% en lugar de -4%), y los del sector público, que habrían caído -24% en vez de -21%. 

 

 

La actualización metodológica también afectó la medición de la pobreza, elevando el peso de los servicios regulados en la Canasta Básica Total y subiendo dicha línea en relación a los ingresos. Según el informe, “el nuevo IPC habría captado un mayor deterioro de los ingresos reales en los últimos dos años”. Lo anterior es clave para considerar, a su vez, la política salarial que la administración libertaria plantea para este año. Durante meses las paritarias superaron la pauta oficial pero ahora el Gobierno intenta reinstalar un techo del 2%.

 

“A fines de 2025 la pauta oficial de 1–1,5% mensual había quedado desbordada. Las negociaciones ya se ubicaban entre 2% y 2,5%. Sin bien en ningún momento los salarios lograron superar la inflación, por lo que el salario real continuó cayendo, la nominalidad subía y el gobierno había perdido la iniciativa”, analizó el economista Federico Pastrana, director de la consultora C-P. Según consideró en un informe reciente, el gobierno intenta imponer un nuevo techo del 2%. 

¿Cómo reaccionaron las negociaciones hasta ahora? “El patrón más común fue aumentos proporcionales por debajo del 2% y sumas fijas que elevan el incremento final”. Dos gremios ilustran bien esta dinámica: Camioneros y Comercio. El primero acordó aumentos proporcionales según la pauta y al cierre de cada trimestre incorpora una suma fija proporcional remunerativa para compensar parte de lo perdido. “Si el gobierno habilitara ese mecanismo de forma generalizada —una suma fija proporcional que compense al cierre de cada período— podría aliviar el poder adquisitivo y sostener la demanda interna. Es la diferencia entre un ancla que administra y una que hunde”, evaluó Pastrana.

 

Sin embargo, consideró que todo indica lo contrario. La paritaria más numerosa del país, de Comercio, es el ejemplo. “Cerró a comienzos de año un acuerdo inédito: solo una suma fija de $60.000 sin aumentos proporcionales para el primer trimestre. Como era de prever, la inflación no bajó y la caída del poder adquisitivo fue muy pronunciada. Ante ese panorama —caída acumulada del 8/9% en el primer trimestre y una pérdida del 2% en todo 2025— la semana pasada se cerró una nueva negociación: un sendero por debajo del 2% (2% en abril, 1,5% en mayo y 1,5% en junio) y una suma fija de apenas $20.000”, detalló el especialista. De esa manera, “sin una desaceleración fuerte de la inflación —escenario hoy muy improbable— los salarios profundizarán su caída”, anticipó.

 

Por su lado, el informe de coyuntura laboral de abril del Centro de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETYD-UNSAM) mostró igualmente que los salarios del sector privado quedaron rezagados respecto de la inflación en los primeros meses de 2026: los aumentos negociados en paritarias de enero (+1,7%) y febrero (+0,8%) corrieron por detrás del incremento de precios (+2,9% en cada mes). 

“Esta situación se explica en parte porque la aceleración inflacionaria registrada hacia fines de 2025 dejó rezagados muchos acuerdos paritarios que habían sido suscritos con anterioridad”, explicaron desde el centro que coordina el investigador Matías Maito. Además, agregaron que los aumentos nominales para marzo (2,3%) se mantienen por debajo de las proyecciones de inflación arrojadas por el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM-BCRA) del mismo mes (+3%).

 

 

En simultáneo, los ingresos de quienes cobran la jubilación mínima se vieron retraídos como consecuencia del congelamiento del bono de setenta mil pesos que acompaña a dicho haber y el cierre del programa Volver al Trabajo anunciado por el gobierno nacional afectará a 900 mil beneficiarios que, pese a cobrar un monto congelado hace dos años en 78.000 pesos, representaba una porción relevante de los ingresos de quienes lo percibían. 

 

Qué pasa con los precios

El escenario actual evidencia que el proceso de desinflación de 2025 se frenó. Ello ocurre pese a un dólar y salarios a la baja. Sobre ello, entre otros factores, desde el IIEP-UBA destacaron el impacto de las tarifas, con aumentos superiores a la inflación. De acuerdo con la canasta que releva el Área Fiscal y Políticas Públicas de dicho Instituto y que incluye agua, energía eléctrica, gas natural y transporte, los servicios subieron 46% interanual en marzo, trepando alrededor de 10% en términos reales. “Esto no sólo impulsa los regulados, sino que motoriza indirectamente la inflación núcleo, mediante efectos de segunda ronda sobre los costos de producción y comercialización”, explicaron. 

A su vez plantearon que los eventos internacionales recientes –con epicentro en la guerra en Medio Oriente-  incrementaron las expectativas de inflación global y podrían trasladarse a Argentina. “Aunque el shock petrolero tiene efectos favorables para nuestro país en términos de divisas, podría dificultar la desinflación. En este plano, la duda es cuánto durará la guerra y en qué precio se estabilizará la energía luego”, señalaron. 

 

Por último, un documento de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia mostró que, entre noviembre de 2025 y enero de 2026, el tipo de cambio real se apreció 8% y los salarios formales cayeron 4,5%. En febrero y marzo, el tipo de cambio real se apreció otro 7,5%, en tanto que el poder adquisitivo de los trabajadores registrados habría caído un 2% adicional. De esta manera, “podemos afirmar que estamos frente a un proceso de apreciación cambiaria con caída del salario real (-17% y -6%, respectivamente), una anomalía para la economía argentina”, subrayaron.

Este esquema atípico se explica, en buena medida, “porque el dólar calmo no pudo evitar la aceleración inflacionaria. Por el contrario, la suba de precios pasó de la zona de 2% a mediados del año pasado a la de 2,5% en el último trimestre y de 3% en la actualidad. Así, la aceleración inflacionaria fue más relevante que la apreciación del tipo de cambio real para la dinámica del poder adquisitivo, y éste viene cediendo terreno en los últimos meses”, explicaron.

Sin embargo, sostuvieron que el principal interrogante hoy está del lado de la cuenta capital y financiera: en los próximos doce meses vencen USD 17.500 millones de deuda en moneda extranjera, pero el superávit de cuenta corriente no alcanzaría para cumplir las obligaciones, y el financiamiento externo al Sector Público Nacional se vuelve determinante. “Mientras hoy estamos en un proceso atípico donde, simultáneamente, se aprecia el tipo de cambio, se acelera la inflación y cae el salario real. Sin reapertura de mercados, podemos pasar a uno de depreciación cambiaria, con aceleración inflacionaria y caída del salario real. Más usual, pero no por ello más feliz”, cerraron.

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