El precio del desprecio: otra vez los artistas locales fueron moneda de cambio

A la incertidumbre y las irregularidades en los montos y la concreción del pago para quienes se presentaron en los escenarios del festejo de los 20 años de la provincialización de Tierra del Fuego (celebrado “paradójicamente” el día aniversario de los tres años de gestión de Fabiana Ríos como gobernadora, y no en la fecha correspondiente a lo conmemorado), se sumaron la desorganización, la falta de respeto, el manoseo, la inoperancia y/o la ausencia de los coordinadores del evento. Y es que la improvisación y el oportunismo político-electoral siempre son malos consejeros.
Hubo bandas que no tocaron y otras a las que se les recortó el tiempo, cambios sorpresivos de último momento en las grillas y complicaciones de todo tipo; los retrasos fueron de varias horas y provocaron malestar; un apagón interrumpió el concierto final y dejó entrever la posibilidad de un boicot. Las promotoras del PSP (partido de la primera mandataria) en varios puntos de la capital repartiendo folletos, y el esquema dispuesto de 6 meses de eventos, casualmente hasta el mes de las elecciones de 2011, despierta desconfianza y resquemores. Lo que pudo ser una fiesta popular sin precedentes, dejó un sabor amargo.

El puntapié… a la entrepierna

La cuestión fue mal parida desde un principio. El encuentro inicial con los músicos, representantes de murgas y otros referentes de actividades culturales, fue el jueves 2 de diciembre en el Salón Azul de la Casa de Gobierno, a tan solo quince días del denominado megaevento. Los responsables aun no habían logrado siquiera la aprobación de la Municipalidad de Ushuaia para efectuar tamaño espectáculo al aire libre y, según comentaron ellos mismos, la discusión la llevaba adelante la propia mandataria y el intendente Federico Sciurano.

Tal es así, que finalmente no se levantaron los escenarios en cuatro esquinas de la avenida San Martín, como estaba planificado, sino únicamente el más grande frente al edificio provincial, donde luego tocaría, con muchos inconvenientes previos y durante el show, la banda nacional de reggae Nompalidece; y los otros dos palcos se construyeron en la doble ampliación de la Maipú y en la Plaza Enriqueta Gastelumendi. Por algún motivo, tampoco se llegó a un acuerdo para utilizar el inmenso escenario municipal ubicado en el playón de estacionamiento del Polideportivo.

En esa primera reunión, las contradicciones y la falta de certezas sobre la cantidad de escenarios, los horarios y otros temas sustanciales fueron protagonistas de lujo. Allí, se conoció a Germán Goenaga, un productor de Buenos Aires que trabajó con el tristemente célebre Omar Chabán, contratado aquel por el Ejecutivo como máximo encargado de todo el programa de festejos, el cual incluye eventos a realizarse durante varios meses venideros en las tres ciudades de Tierra del Fuego.

A pesar de “sacar chapa” en función de importantes actividades que habría gestionado en su carrera, esta persona demostró una notable incapacidad para proyectar y resolver problemas; un profundo desinterés por quienes formamos parte de la cultura regional, y una superflua concepción de nuestra idiosincrasia y nuestro sentimiento de arraigo, al punto de afirmar ante todos los artistas que “acá, fueguinos son muy pocos, y el resto somos todos de afuera”.

Más tarde, las suspicacias generadas en un comienzo se transformaron en realidad. ¿Por qué tenemos que seguir pagando a personajes extranjeros para que vengan a darnos cátedra de todo lo que se puede hacer mal? ¿Las autoridades creen que no hay productores musicales y de otros espectáculos aquí? ¿Acaso en 2010 no vinieron a nuestro sur bandas como Las Pelotas, Las Pastillas del Abuelo, Bulldog, Fidel Nadal, el “Tano” Romano, Embajada Boliviana, Luciano Napolitano, Luis Robinson, Dread Mar I, etc.? ¿O, por otra parte, no saben que existen en nuestro espectro territorial grupos de increíble talento (aparte de los que son favorecidos por el agrado de los funcionarios de turno); conjuntos de más de 15 años de trayectoria y gente que graba sus propios discos con calidad envidiable más allá de los escasos recursos, y que todos los fines de semana del año patean solos por la dulce ingratitud de la ruta musical?

Volviendo al mal augurio de esa charla originaria, ante las dificultades obvias de avanzar pisando el aire, se decidió efectuar otra conversación una semana después. No obstante, uno de los temas esenciales fue la remuneración de quienes participaran y, frente a unos 30 artistas, Goenaga aseguró que se estaba “haciendo lo imposible” para que cobren por su actuación, aunque el asunto pasó a integrar la interminable lista de lo que no se podía confirmar todavía.

Como era de esperar, hubo fuertes cuestionamientos por los antecedentes de “abuso institucional” en lo económico, particularmente contra intérpretes de danza, tango y folclore, ya que los músicos de rock han sido históricamente ignorados.

Pero por desgracia la cosa no concluye ahí. Al finalizar el debate, en un diálogo exclusivo y solicitándome una extraña absoluta reserva, el productor garantizó que el dinero ya había sido tenido en cuenta y que, como corresponde, se les pagaría a los involucrados en el certamen. Entonces, por qué jugar y especular con las expectativas de los artistas. ¿Para qué tomar esa actitud? No lo sé.

Goenaga también dijo que la cobertura mediática tendría repercusión nacional, con transmisión en directa para Canal 13 con el periodista de rock “Bebe” Contepomi; y remató subrayando que, en virtud de sus contactos personales, bandas fueguinas serían invitadas a tocar en conciertos de grupos muy reconocidos, en grandes estadios de la Argentina. Lo primero no aconteció, lo segundo –a riesgo de ser demasiado incrédulo, pero a juzgar por la credibilidad no alcanzada y a la vez perdida– descarto que suceda jamás.

Se va la segunda, y viene lo peor

La continuación de los des-encuentros fue el 9 de diciembre, en la misma sala, y sirvió para establecer horarios que nunca se cumplirían, pautas que se violarían y ratificar que se abonarían 1600 pesos a cada grupo, artista o institución que se presentara, aunque luego se modificaron los valores sin comunicar a los “beneficiados” con antelación.

El productor bonaerense explicó esta vez que se utilizaría “dinero que sobró del Bicentenario”, partida presupuestaria brindada por Nación para alimento, estadía y otros gastos de las dos bandas que representaron a la isla en la conmemoración de los 200 años de la Revolución de Mayo en Buenos Aires: Serenos de Tu Tierra de Ushuaia y Derribados de Río Grande, ambas agrupaciones posteriormente disueltas, elegidas en ese momento por antojadiza arbitrariedad. También aseveró que Nompalidece “viene sin cobrar”, siendo que normalmente su tarifa es de 80 mil pesos y “para los gobiernos más”.

Con objetivo de la equidad, teniendo en cuenta el parejo y buen nivel de todos los conjuntos de rock anotados, a instancias de los organizadores, los propios músicos efectuamos un sorteo con el fin de determinar el orden de la grilla de ese género, y se detalló el cronograma. Sin embargo, una semana más tarde, el mismo día del evento, los participantes nos enteramos de nuevos cambios establecidos por una mano mágica, y nadie aportó los motivos del caso.

Así todo, poco influyó el desmanejo planificado reinante, porque en la práctica no se respetó ni una cosa ni la otra, e incluso hubo artistas que no subieron a las tablas –como el Coro Iglesias de Jesucristo de los Últimos Días, la cantante Cintia Galeano y la banda Jardín Humano–, seguramente por falta de tiempo ante la extensa demora y la inminencia del show principal en el otro escenario.

Y no solo se agregaron grupos después de haber confeccionado la grilla y de anunciar el cierre de la inscripción, sino que se incorporaron músicos que interpretan canciones de diversos autores, cuando una de las reglas establecidas por la producción desde un inicio fue en base a la propia autoría de las obras.

Rock en el escenario de rock

La tardanza fue excesiva especialmente en el área estipulada para la música urbana y lo que debía haber comenzado a las 14 vio la luz del sonido alrededor de las 18, ya que una hora antes todavía se trabajaba en el armado de la estructura del escenario, que había sido solicitado para las 9 de la mañana.

A partir de allí todo fue caos, y no hubo persona que pusiera claridad porque, al ver el desorden y el malestar de los protagonistas, los voluntarios que estaban a cargo se retiraron del lugar. La locutora desapareció en medio del desconcierto, promediando la jornada; y el colaborador ad honorem Boris Piñero, un conocido músico integrante de la Casa de la Juventud Municipal, hizo lo mismo indignado por la ausencia de un referente de la producción y la falta de respuestas a sus colegas, a quienes había querido ayudar aceptando el pedido casi desesperado del Gobierno.

Cada grupo debió llevar sus propios amplificadores de guitarra y de bajo, complicando sobremanera las entradas y salidas de las bandas, ya que solo se alquiló la batería a usar en toda la jornada y el sonido de micrófonos. El orden fijado fue desorden nuevamente, y no se respetó la grilla, modificada una y otra vez por los organizadores sin ningún tipo de consulta.

Por su parte, los riograndenses de Tres Orillas, ex Derribados –que iban a cerrar la función a pesar de no haber sido sorteados en esa posición–, se adelantaron de motu propio al observar que tocarían al mismo tiempo que lo haría Nompalidece en el centro de la ciudad. Lamentable actitud que a su vez coronaron prolongándose por demás en el concierto, tal como lo había hecho precedentemente Luz Roja, que permaneció alrededor de una hora sobre las tablas, sin intervención de los coordinadores para moderar los tiempos ya exiguos.

Luego, una mujer recientemente aparecida en la zona y que ni siquiera había participado de las reuniones mantenidas en distintas oportunidades, comenzó a exigir a las bandas restantes que redujeran el tiempo de actuación a 20 minutos y, ante la proximidad del show en el escenario principal, incluso determinó que dos conjuntos no se presentaran, sin expresar argumento alguno acerca de la selección para dar la baja.

Damnificados en esto Jardín Humano y Fin Zona Urbana, el malestar de los jóvenes artistas no se hizo esperar y se generó una fuerte discusión con el secretario de Comunicación Institucional, Silvio Bocchicchio, funcionario que enfrentó las críticas en los escenarios a los que concurrió, a quien se le reiteró el reproche de no haber asistido a ningún encuentro pautado por la organización. Y en medio de la tempestad, el titular de prensa tuvo el desatino de reclamar a los músicos que “bajen los niveles de ansiedad porque acá se les va a pagar”.

Así todo, a pesar de haber evaluado la posibilidad de no brindar los recitales en repudio al abuso perpetrado, tres de las cuatro bandas que no habían podido subir a los tablones decidieron manifestar su descontento comentando frente al micrófono lo que estaba sucediendo, y desarrollaron los conciertos para los cuales habían aguardado horas soportando frío y viento.

Los últimos en enchufar expusieron sus temas mientras Nompalidece hacía reggae en el escenario principal del megaevento, alrededor de las 24, con escasa audiencia para los locales, ya que el grueso de la gente bailaba el estilo rastafari en pleno centro de la capital.

Folclore y tango: algo mejor, pero mal

En la plaza de los artesanos, los actores de la música tradicional tuvieron tan solo un poco más de suerte. Intervinieron todos los convocados y terminaron “en horario”, a las 23, sin superponerse del todo con el espectáculo en marcha frente a Gobierno.

Sin embargo, hubo una muy mínima convocatoria, quizás debido al clima y en razón de que el escenario estaba colocado en dirección al oeste, por lo cual en ningún momento hubo reparo de las ráfagas de viento. El telón aquí se abrió a las 16.30 y no a las 14, como estaba anunciado.

También hubo cruces con Silvio Bocchicchio y debió improvisarse un diálogo de partes en el IPRA, a las 18, en el cual se implicaron varios folcloristas, un dirigente del Sindicato Argentino de Música y el secretario de Comunicación. Desde el gremio se incitaba a firmar los contratos para comprometer al Ejecutivo provincial al pago de los haberes.

En este sentido, se destacó la contradicción entre la palabra empeñada del productor Germán Goenaga, quien había garantizando el pago generalizado de 1600 pesos por banda o artista, y una nueva postura de abonar el mínimo fijado por convenio en 412 pesos por persona. El dilema todavía radica en qué postura se tomará para el sueldo de los solistas, por ejemplo, y el de las bandas que tienen más de 4 integrantes.

Una vez en el Instituto Provincial de Regulación de Apuestas, los intérpretes locales supieron que había viandas de alimento y bebida, que no se entregaron a todos los participantes debido a la desorganización. “No sabíamos que teníamos un centro, que era el IPRA, para cambiarse la indumentaria, por ejemplo”, comentaron algunos de los reconocidos cultores de lo popular.

Sin energía positiva

Y, al parecer, el conflicto salarial-laboral vigente en la Dirección Provincial de Energía fue uno de los trascendentales obstáculos que tuvo la actividad en todos sus espacios: en el escenario de rock se pidió la ayuda de un grupo electrógeno de bomberos voluntarios para poder funcionar, en el palco de folclore la falta de electricidad dificultó el inicio de las performances y, en la estructura plantada frente al edificio gubernamental, se sufrió un dudoso y por el momento inexplicable, corte de luz a pocos minutos de concluir la presentación de Nompalidece, siendo que la banda se retiró y volvió a tocar 15 minutos más tarde, una vez resuelto el problema que solo afectó la zona neurálgica del espectáculo.

Transmisión de TV

La pantalla de la Televisión Pública Fueguina tenía que empezar a mostrar las diferentes propuestas a las 14 pero comenzó a las 16.30, aunque el escenario principal todavía no estaba armado completamente; y la confusión fue eje ineludible porque no hubo indicaciones confiables para los empleados de Canal 11, que en ocasiones no sabían lo que estaba transcurriendo en el escenario. Los trabajadores recorrieron un camino sinuoso desde el mediodía y hasta las 3 de la madrugada.

El núcleo del evento

No menor fue el enojo del sonidista representante de Nompalidece porque el escenario fue habilitado muy tarde y no hubo forma de hacer la clásica prueba de sonido. Con el correr de los minutos fuera de lo previsto, el grupo nacional pidió que las actuaciones de la banda soporte local Momento de Ocio y de la cantante Casiana Torres se postegaran y se realizaran después de su show, ya que no querían seguir esperando.

Los chicos del conjunto fueguino solo pudieron mostrar unas cinco canciones y, al igual que la solista, cruzaron duros términos con la producción del programa. En la iluminación se hizo lo que se pudo y se trabajó a contra-reloj ya que, por ejemplo, las luces se terminaron de colgar apenas antes del principal concierto. Finalmente, Casiana Torres debió presentarse después del espectáculo de reggae y en la calle sólo quedaba un puñado de personas.

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