Ya como una noticia que se repite todos los años en esta época de diciembre, la municipalidad y un grupo de vendedores ambulantes instalados en la zona céntrica volvieron a polemizar ante el intento de trasladarlos a otros lugares de la ciudad. Rescatando una ordenanza que rige desde 1996 pero que se ha aplicado con criterios dispares -o directamente no se la ha hecho valer-, las autoridades intentaron ayer decomisar mercadería pero fue en vano.
El principal conflicto fue con los vendedores de bijouterie oriundos de Senegal que ya hace tres años que ocupan esa esquina y otras cercanas. En el conflicto también intervino la policía, a pedido de los inspectores, quienes montaron un operativo numeroso encabezado por el jefe de la Seccional Tercera, Darío Seisdedos.
Decomiso.
Los inspectores insistían en hacer cumplir la ordenanza, y amenazaban con el decomiso de la mercadería. El grupo de seis vendedores se mantuvo en todo momento junto a sus elementos, insistiendo ante los empleados municipales y los uniformados en que en el tiempo que llevan allí vendiendo "nunca hubo lío" (los policías les dieron la razón) y que es el único ingreso económico que tienen. "Para juntar mugre en la laguna me quedo en mi casa", dijo uno de ellos, que se presentó como Mustapha. Al mismo tiempo algunos empleados de los comercios de la zona que pasaban por la esquina se solidarizaban con ellos, al igual que muchos transeúntes, en su mayoría jóvenes de los colegios de la zona que habitualmente transitan por la plaza céntrica.
Otro vendedores ambulantes, que ocasionalmente se ubican sobre la vereda de Yrigoyen o en la esquina de enfrente (sobre la cuadra de la UNLPam) se sumaban al reclamo mostrándose también como perjudicados por la decisión municipal, la que denunciaban como "inconsulta" y tomada "de un día para el otro" sin previo aviso. Más de uno insistía en que si el problema era que revendían mercadería y no artesanías, en los puestos de la plaza ese tipo de oferta abundaba.
Finalmente, minutos después de las 12 el despliegue policial ya fue menor y sólo un par de efectivos se quedaron con los inspectores. Estos redactaban una detallada acta de infracción y esperaban una orden de la jueza de Faltas, Alicia Corral, para llevar a cabo el secuestro de la mercadería. Eso hacía que la tensión aumentara, pero como la oposición de los vendedores parecía inquebrantable decidieron retirarse. Sólo dijeron que iban a buscar la firma de la jueza, pero minutos después de la partida los senegaleses anunciaron que se iban a almorzar y volverían a la tarde.
Instalados.
La expectativa entonces se centró en las 17.30. A esa hora los inspectores no aparecieron. Los senegaleses tímidamente y ya sin los gestos de enojo de la mañana se juntaron en una esquina de la plaza, junto a un puesto de panchos y acompañados por el abogado de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos, Carlos Pérez Funes. Luego de que los rumores sobre la llegada de los inspectores con la fuerza pública se disiparan (sólo se vio un patrullero de la Tercera recorrer dos veces), el grupo de vendedores se instaló sobre la mitad de cuadra, frente a una heladería, y comenzaron a vender su mercadería.
Allí ya no hubo quejas (supuestamente habían surgido de los vendedores instalados en la plaza) y el clima volvió a ser el habitual de todas las tardes en la calle Yrigoyen.
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