Los policías van y vienen por el cálculo electoral

Fernando Gonzalez

La batalla entre el Gobierno nacional y el de la Ciudad por el retiro de custodia de la Policía Federal en hospitales, escuelas y plazas porteñas es una llaga incomprensible del país adolescente. Los pacientes, los alumnos y cada habitante observan azorados como la ministra Nilda Garré redistribuye a los policías sin tener en cuenta la desprotección ciudadana que genera. Y ven al ministro Guillermo Montenegro padecer la misma falta de planificación que la Policía Metropolitana evidenció en las tomas de terrenos y casas en el sur de Buenos Aires.

No alcanzó la carta ni el diálogo telefónico que Garré y Montenegro mantuvieron ayer para darle un marco racional a una decisión que debiera tomarse por etapas y con fechas anticipadas con mucha mayor previsión. Lo que queda claro es que la Casa Rosada y el gobierno porteño están midiendo cada paso que dan en este traspaso policial consumado a los ponchazos con la vara arbitraria del calendario electoral.

Lo que no entienden unos y otros es que la sociedad no diferencia entre policías federales o metropolitanos y se siente cada vez más rehén de estas disputas. Prevalecen el cálculo avaro y la mirada pequeña, sólo para encender el fastidio y consolidar la idea de que la política se aleja sin remedio del bienestar general.

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