Los policías acusados por la muerte de Chami Fernández admitieron que no lo requisaron

Los policías acusados por la muerte de Chami Fernández admitieron que no lo requisaron
Empezó el juicio contra los tres policías acusados de homicidio culposo, por la muerte de Chami Fernández, un chico de 17 años. Se prendió fuego en el interior de la celda de la comisaría del Menor, en 2009. Lo habían dejado ahi, lastimado, casi inconciente y ebrio. Los imputados apuntaron a la responsabilidad de los entonces jefes de la Cuarta y la Primera de Pico.
Los tres policías acusados por la muerte de un menor quemado en el interior de una celda de la Comisaría del Menor de General Pico admitieron este martes que no lo requisaron antes de ingresarlo al calabozo. Acusaron a sus jefes de ordenarles el alojamiento en ese lugar a pesar de que el chico estaba lesionado y alcoholizado y en primera instancia se habían negado a recibirlo en esas condiciones y habían pedido que lo lleven al hospital.

Este martes comenzó en la Cámara del Crimen Nº1 de Santa Rosa el juicio contra el oficial Cesar Emilio Fernández y los policías retirados Sergio Daniel Pérez y Rogelio Omar Benitez. Están acusados del delito de homicidio culposo por haber actuado con negligencia. Esa noche, la víctima era el único demorado en la dependencia policial.

Juan Carlos “Chami” Fernández tenía 17 años y la madrugada del 22 de noviembre de 2009 tuvo un incidente en la puerta de un boliche bailable, porque no lo dejaron entrar. Un móvil de la Seccional Primera lo detuvo y lo acusaron de haberle tirado una piedra a un policía.

El adolescente se negó a que lo revisara un médico en la Primera. De allí, en estado de ebriedad -el dosaje alcohólico arrojó 1,65 y restos de marihuana- y con una rodilla sangrante, lo llevaron a la Cuarta. Los policías se negaron a recibirlo a las 4.50 y les pidieron a sus colegas que lo lleven al hospital. Pero a los diez minutos, por una orden de los superiores, lo admitieron.

Lo ingresaron sin requisarlo. El chico pidió un colchón. A las 5.22 llamaron una ambulancia porque se había prendido fuego dentro de la celda de 3,40 metros cuadrados. Lo trasladaron al Instituto del Quemado con el 48% del cuerpo afectado y falleció el 29 de noviembre en Capital Federal.

El tribunal está conformado por las juezas Alejandra Ongaro, Elvira Rosetti y Miguel Angel Gavazza. Como fiscal, actúa Jorge Marcelo Amado. El abogado Armando Agüero defiende a Pérez y Benítez y Elsa Braun a Fernández. El abogado Ezequiel Marquesoni es el querellante, en representación de los padres del chico, Mirta López y Justo Fernández. El juicio continuará este miércoles, a las 09.00 horas.

“Nunca me lo hubiera imaginado”

El oficial César Emilio Fernández (36) declaró en su indagatoria que “Chami llegó a la Comisaría del Menor casi “inconciente”, no se podía mantener en pie y le sangraba una rodilla. Les dijo a los policía de la Primera que en “esas condiciones” no lo podían recibir, que debía ir al hospital. Pero a los diez minutos lo llamó el jefe, el comisario Jorge Luis Gorjón, y le ordenó que lo reciba igual porque “no quería tener problemas con la Primera (a cargo de Javier Marotti)”.

“Me ordenaron eso y yo tuve que agachar la cabeza”, aseguró Fernández. Finalmente, ingresaron “Chami” y lo dejaron en la celda, a la espera del médico policial, que convocó con una llamada telefónica. Fernández contó que el detenido reaccionó y lo llamó a los gritos. Le pidió una zapatilla que había perdido y un colchón vieja que veía desde las rejas.

“Me mandé una y me pegaron. Me pegó la policía. Eran un par. Me llevaron a la primera y también me pegaron. Quiero saber a qué hora me voy”, contó el policía que, en esas circunstancias, le dijo el chico, durante un breve diálogo. “Le pasé el colchón y le dije que se quede tranquilo”, agregó.

Al rato, volvió a esuchar gritos y cuando llegó a la celda, vio el humo y las llamas. “Me sorprendió, no me lo esperaba. Nunca pensé que podía ocurrir algo así. No me lo podía imaginar. Me quedé tildado”, recordó.

Abrieron la reja y entraron con el policía Pérez con un matafuego a apagar el incendio. “Pasó caminando al lado nuestro. Y volvimos sobre nuestras pisadas. Lo veo tiznado y llamo al 107. Quería ir al baño y le dijo que se quedara tranquilo, que ya venía el médico”, relató.

El médico del Servicio de Emergencias Médias le dijo que había que llevarlo al hospital. “Se levantó y fue caminando. Se subió caminando a la ambulancia y eligió el asiento. Esa fue la última vez que lo ví”, siguió.

Esa mañana fue hasta la casa del chico y le avisó a la madre que su hijo estaba en el hospital. “Le dije que si quería los llevaba al hospital. El padre dormía, le avisó. Y le contestó: ‘Dejalo que se muera’. Me quedé sin palabras”, dijo.

“Si yo dejo de cumplir una orden, incurro en un delito. Yo tenía una manera de actuar que no era la del jefe. El jefe se va, cambia, y uno queda con el problema”, completó.

-¿Por qué no llamó antes a los padres? -le preguntó el querellante.

-Le iba a avisar cuando lo tuviera revisado. Si no podían venir, se lo íbamos a llevar. Pero primero lo quería tener revisado. Tenía trato con la familia. Pero si veía que los plazos se extendían más, les iba a tener que avisar.

-¿Cómo estaba el chico? ¿Estaba golpeado?

-No tenía velocidad en las respuestas. Estaba con un retardo, la mirada rara. Yo estaba acostumbrado a otro Chamy.Era un chico despierto.

-¿Se le efectuó una requisa?

-No la hice porque no me corresponde. Le corresponde al cabo de guardia.

-¿Supervisó si la había hecho el cabo?

-No le pregunté. Uno tiene muchas obligaciones. Y la ley no dice en qué orden debe cumplirlas. Le iba a preguntar al final del trámite.

-¿Revisó el colchón?

-No.

-¿Y la zapatilla que le devolvió?

-Sí, la di vuelta y se cayó un celular y un anillo.

-¿No funcionaba el extintor de agua que había en el techo?

-No. Lo habían roto mucho antes otros menores. Y no lo habían arreglado.

-¿No tenían colchones ignífugos?

-No. A partir de 2011 son obligatorios.

-¿Cómo cree que ingresaron los fósforos o el encendedor, que nunca se encontraron?

-Yo le dije a mi jefe que llamara a Criminalística porque el lugar estaba inalterable, lo habíamos preservado. Y el jefe me dijo: “¿Para qué querés que venga? Te vas a meter más preso”.

“Pasamos de largo”

Rogelio Omar Benítez (51), hoy jubilado, era el chofer y encargado de turno de la Cuarta. Hizo un relato similar al de Fernández. Dijo que la víctima “salió caminando y subió a la ambulancia”. “Una orden superior no se puede rechazar”, apoyó al oficial.

-¿Por qué no lo requisaron? -le preguntó el fiscal.

-Eso lo tenía que hacer el oficial de guardia. No le pregunté. Después me dijo que, como estaba lastimado, pasó de largo con la requisa.

Benítez justificó que el chico no quedara con una vigilancia porque eran solamente tres en la Comisaría. “Se hacía una vigilancia a las perdidas”, declaró.

“Como una bolsa de papas”

Sergio Daniel Pérez (49), ya retirado, era oficial de guardia. Dijo que el chico “se desplomaba” cuando los policías de la Primera que lo llevaron a la Cuarta lo soltaban. Contó que lo alcanzaron en andas hasta la celda, “como si fuera una bolsa de papas”.

Justificó la falta de una requista. “No lo hice porque no sabía qué tipo de lesión tenía”, dijo.

-¿Esa era su responsabilidad?

-No, eso lo hace cualquiera. No sabía qué lesión tenía, por eso no le hice el cacheo. Yo quería que estuviera lo mejor posible y que viniera el médico.

-¿No le pusieron custodia?

-No, porque hay un efectivo para todo. Uno se fija cada rato.

-¿Hacían una requisa de la celda cada vez que se iba un detenido?

-No. Se limpiaba para entregar la guardia.

El médico

También declaró ayer el médico José Emilio Allier, que llegó en la ambulancia después de que lo llamaron porque se había quemado Fernández. “Estaba sentado en una silla, quemado. Lo asistimos, estaba conciente, en una actitud doliente”, describió. “No manifestó nada”, aclaró.

-¿Observó otra lesión? -le preguntó Marquesoni.

-No me llaó la atención ni la busqué. Uno no se ocupa de los detalles en esos momentos. Era una situación de quemaduras graves.

Comentá la nota