La venta callejera de alimentos no cumple en general las prácticas mínimas de higiene.
Según sostiene la ANMAT, “las características de los puestos de venta y de los vendedores callejeros pueden ofrecer un riesgo para la salud de la población si en la preparación de los alimentos no se usa agua potable, no se siguen prácticas mínimas de higiene y adecuada manipulación, también si no se hace una correcta selección de materias primas y si no se previene la contaminación ambiental”. El organismo también destaca que “este tipo de comercios son informales y quedan fuera de los sistemas de control, condición que aumenta el riesgo sanitario”. Para fomentar y organizar el control, la ANMAT recomienda verificar ciertos elementos antes de comprar comida en la calle. Por ejemplo: si tienen autorización sanitaria, qué tipo de alimentos procesan y venden, si tienen accesos a agua potable y si los que manipulan los alimentos están capacitados. Para eso, aclara, debe haber controles en conjunto, nucleando áreas de servicios, de medio ambiente, urbanismo y espacio público y otras relacionadas con la salud, como las que están vinculadas con epidemiologías.
Una de las iniciativas que la Ciudad tomó para controlar la venta ilegal de comida en la calle fue “legalizar” los puestos conocidos como carritos. El plan arrancará en Costanera Sur, donde próximamente llegarán el nuevo “Puesto Rodante de Venta de Alimentos”, que se entregará en comodato a cada vendedor. Cada “local” tendrá heladera, freezer y medidor de luz para que esté todo regulado. Además, la gran novedad será que tendrán dos cocinas a gas que reemplazarán la clásica cocción a leña de los chorizos y las bondiolas. De los 28 puestos que funcionaban hasta hace poco en la Costanera Sur, cuatro no cumplían con los requerimientos necesarios. Los otros 24 serán reemplazados.
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