Por Nelson FernándezMONTEVIDEO.- Mujica siente que el final del conflicto está cerca; que con la Argentina hay aroma a reconciliación. Y así, pero con cautela, lo ha transmitido a los amigos políticos con los que habla de los temas más reservados.
Es lo que más le gusta a Mujica de la política: conversar mano a mano, negociar, expresar disposición a ceder y conseguir algo para mostrar, como fruto de ese estilo de relacionamiento, que contrasta con lo actuado por su antecesor, Tabaré Vázquez.
Mientras el último presidente oriental pidió a los líderes del Frente Amplio que con el cambio de gobierno no se cambiara la línea de no negociar con puentes binacionales bloqueados, Mujica va y viene, llama por teléfono, se saca fotos junto a Kirchner, junto a su esposa, o se reúne con el gobernador de Entre Ríos.
En diciembre de 2008 había anticipado a LA NACION cómo se manejaría con la Argentina si llegaba a la presidencia. Acababa de ser votado precandidato dentro del Frente Amplio. "Todo lo que pueda tener buena relación con la Argentina lo voy a tener. Y mi despacho está abierto para todo el que venga de la Argentina ¿Por qué? En mi concepción, si hay un país clave para Uruguay, ese es la Argentina", dijo en aquella ocasión, cuando la situación era más que tensa entre Tabaré y los Kirchner (13 de diciembre de 2008).
No sólo habló por entonces de la prioridad hacia la Argentina en materia de política exterior, sino también del estilo. "Hay un plano formal de diplomacia entre los Estados, pero existe otro plano, que es el de cultivar las relaciones personales, y yo me tengo fe para eso", dijo Mujica.
En las charlas sin micrófono, Mujica reconoce que no es sencillo negociar con los Kirchner y que no puede cantar victoria anticipadamente, aunque cree que el bloqueo del puente San Martín tiene los días contados. "Pero de eso no se habla", dice a los suyos.
Justamente, su principal preocupación para los próximos días es la forma como en ambos países se asimile el fallo de la Corte de La Haya.
Por eso, ayer por la mañana les dijo a sus ministros que viajaba a Buenos Aires porque quería acordar con la Argentina una fórmula de tratamiento público de ese fallo; declaraciones controladas a través de voceros oficiales designados previamente. Poca bulla y logros concretos.




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