Tres jóvenes murieron por las graves quemaduras. Sus familias denunciaron "abandono de persona" de parte de los guardias. Pero ninguno fue condenado.
El siniestro tomó estado público ese viernes a la mañana y llegó incluso a los canales de alcance nacional. Ese jueves a la tarde, los oficiales de la dependencia recibieron la denuncia del robo en la zona. Salieron de inmediato e iniciaron los recorridos en la zona y entre las 18 y las 20 regresaron con tres demorados: Matías Martínez, de 16 años; Daniel Romero, de 22 y Hugo Escobar, de 25. Cuando las madres de los dos primeros fueron a buscarlos, les dijeron que era un trámite de averiguación de antecedentes, que el joven iba a salir recién a medianoche y el adolescente, al día siguiente.
Todos fueron llevados hasta la celda en la que se encontraba Ricardo Pared, un adolescente de 17 años que estaba hacía más de dos meses en el lugar por una causa por supuesto homicidio. Después se supo que ese día este joven fue padre, había recibido permiso del Juzgado para ir hasta el centro de salud donde estaba internada su novia y esperó toda la tarde a que uno de los guardias lo acompañe. Ninguno hizo caso a su pedido.
TENSIÓN
Y TRAGEDIA
Escobar, el único que logró salir con vida de la tragedia, declaró años después que fue la desesperación de Pared lo que derivó en el reclamo mortal. "Como los policías no lo dejaron salir, se tragó una bombilla de mate para protestar. Los demás reclusos que estaban en la celda comenzaron a gritar porque veían que se ponía azul. Y cuando los policías vieron que no podía respirar, lo pasaron a un intercelda, pero no lo atendieron", dijo también Gladis Pared, la hermana del joven.
Los demás relatos coincidieron, los jóvenes que veían el estado de Pared se desesperaban de verlo agonizar y reforzaron su reclamo. Cerca de la medianoche, uno de ellos, Jonathan Niz, de entonces 17 años y quien se encontraba en una celda contigua a la de las víctimas, encendió un colchón y lo arrojó en el pasillo para llamar la atención de los oficiales.
Las llamas se expandieron rápido y alcanzaron a Pared y a la celda en la que permanecían Martínez, Romero y Escobar. Los gritos alertaron a los familiares del joven de 22 años que estaban en las cercanías esperando que saliera a la medianoche, como le habían dicho a su madre.
Fueron ellos los que denunciaron la tardía reacción de las autoridades de la seccional para ayudar a los jóvenes. "Unos hombres que estaban en un local de comidas rápidas agarraron un soporte para estacionar bicicletas y después de golpear varias veces la celda, lograron romper el candado, entrar y sacarlos a todos", dijo la madre de Daniel.
Cuando los rescataron fue muy tarde. Romero ingresó al Vidal con el 70 por ciento del cuerpo quemado, murió esa misma mañana. Matías sobrevivió 11 días y murió en el mismo lugar. Pared agonizó un poco más y falleció el 26 de enero.
Escobar tuvo más "suerte", tenía quemaduras graves, pero su salud permitió el traslado hasta Buenos Aires, donde quedó en terapia intensiva por varias semanas hasta que logró reponerse.
Las muestras de profundo dolor de las familias se mezclaron con el reclamo de justicia al que apoyaron importantes referentes de Derechos Humanos. La Justicia procesó a los seis policías que estuvieron de guardia esa noche. Pero todos quedaron libres y el preso Niz fue el único condenado por la tragedia.
Un único responsable para todas las muertes
A medida que pasaron los meses, la Justicia local ordenó la detención de los seis oficiales que estaban a cargo de la seccional la noche de la tragedia, además de Jonatan Niz, el joven que encendió el colchón que desató el incendio.
El oficial Luis Ramírez, el sargento Juan Ayala y los cabos Héctor Fernández, Alfredo Contreras, Gerardo Esquivel y Rubén Flores quedaron implicados, aunque hacia agosto de ese año los únicos procesados fueron Ramírez, Contreras y el adolescente.
La causa fue cerrada recién en agosto de 2012, cuando el Tribunal Oral Penal Nº 1, compuesto por los jueces Ricardo Carbajal, Gabriela Aromí de Sommer y Juan José Cocchia, resolvió que Niz era el único responsable de la tragedia. Lo condenaron a siete años de prisión efectiva. Los familiares de las víctimas, en un gesto de descontento y rechazo, no asistieron a la lectura del fallo.
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