“Los periodistas de los grandes medios son pura basura”

Por Julio Blanck

El encomillado que titula esta columna corresponde a palabras de Hebe de Bonafini, en una carta divulgada el pasado martes 7, en ocasión del Día del Periodista. Para que no haya malentendidos sobre lo que opinó Bonafini, en ejercicio de su libertad de expresión, lo ponemos de vuelta: “Los periodistas de los grandes medios son pura basura”.

Después de trabajar más de treinta años en el más grande de los grandes medios, quien esto escribe supone que tiene derecho a sentirse aludido. Y entonces dice:

Que periodistas de este diario cubrieron y publicaron a lo largo de estos años las denuncias, investigaciones y juicios por violaciones de los derechos humanos. En estas páginas estuvieron desde la tarea valiente e irremplazable de los organismos a los dramáticos hallazgos de cadáveres en fosas comunes; desde el trabajo excepcional del Equipo de Antropología Forense hasta las sesiones del histórico Juicio a las Juntas que llevó adelante la Cámara Federal.

Que cuando el tema de los derechos humanos parecía sepultado por la cultura dominante entonces, después de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y de los indultos a los genocidas y jefes de la guerrilla, periodistas de este diario difundieron la paciente tarea de abogados como Alberto Pedroncini y David Baigún, que encontraron el resquicio para reabrir la persecución de los represores ilegales a través de causas referidas al plan sistemático para el robo de bebés y el destino final de los desaparecidos.

Que periodistas de este diario entrevistaron, en el país y en el extranjero, a víctimas del terrorismo de Estado y ayudaron a darles voz. Historias de madres que parieron en centros clandestinos de detención como Adriana Calvo de Laborde, de detenidas que ayudaron a las embarazadas de la ESMA como Sara Solarz de Osatinsky, de hijos nacidos en cautiverio como los hoy diputados Victoria Donda y Juan Cabandié, fueron contadas en este diario antes que el actual poder político exhibiera esta tragedia como botín propagandístico.

Que periodistas de este diario informaron, más de una vez como primicia noticiosa, acerca de la declaración de inconstitucionalidad de las Leyes del Perdón y de los indultos, de sus anulaciones en el Congreso y de su definitiva liquidación por los fallos de la Corte Suprema de Justicia, bajo el impulso del actual poder político. Y que en las páginas de este diario pudieron leerse, con fuerte despliegue, la reapertura de los juicios y los procesos y condenas contra Videla, Bignone, Menéndez y otros jefes de la dictadura.

Que sin ser los periodistas de este diario héroes civiles ni campeones de los derechos humanos, ni ostentar esa condición la empresa editora, en la redacción de Clarín hubo y hay periodistas que sufrieron cárcel prolongada, exilio y desaparición temporaria, periodistas que en la represión ilegal perdieron padres, hermanos, familiares y amigos, periodistas que fueron testigos en juicios contra genocidas como Antonio Domingo Bussi, y otros que siguen militando en la causa de los derechos humanos. Entre esos periodistas hubo y hay, como en el resto de la sociedad, quienes tienen fuerte simpatía por el kirchnerismo y quienes sienten fuerte rechazo por él.

Que los periodistas de este diario, en su enorme mayoría, han sido capaces de mantener vitales sus convicciones personales y profesionales, sean cuales fueran unas y otras, a pesar de la inédita tensión propuesta desde un sistema de poder que pretende acallar las voces críticas, sean o no opositoras; el mismo poder que financió con generosos fondos públicos la creación de un poderoso multimedio oficialista orientado a la propaganda del Gobierno y a la difamación de todos quienes no se le subordinen.

Que sin hacer una defensa corporativa de la profesión, sino partiendo de la necesidad de diferenciar entre honestos y corruptos que también los hay en el periodismo, es injusto y canalla tildar de “pura basura” a quienes viven de su trabajo. Sin desconocer que el fruto de ese trabajo puede legítimamente disgustar, molestar, ser cuestionado desde la propia profesión o sometido cada día al implacable escrutinio del público.

Que en vista de los chanchullos y corruptelas que son de público conocimiento, habría que preguntarse si en realidad “pura basura” son quienes roban, dejan robar o promueven el robo bajo el escudo protector de los derechos humanos.

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