Omar Gutiérrez ha conseguido hasta ahora –cuando todavía todo está por verse- desdramatizar el ejercicio de la política en Neuquén. Es un dato importante de la realidad, que se medirá en estos días, cuando la belicosidad creciente de los gremios encuentre (o no) un cauce institucional, traducido en ofertas salariales y eventuales aceptaciones.
Como en la peluquería de Don Mateo, aquel inolvidable sketch cómico que protagonizó en los ’60 y ’70 del siglo pasado Fidel Pintos (creador de la sanata, nada menos), y que continuó con otro tono Jorge Porcel, ya muerto el inolvidable sanatero, el gobernador neuquino encontró un ambiente de distensión que se basa, fundamentalmente, en la oportunidad de elección de escenarios y situaciones.
Enfrenta, ahora, en su imaginaria peluquería distendida, a pesos pesados del gremialismo estatal. Lo hace desde una sintonía fina con el gobierno nacional de Mauricio Macri, y una estrategia que se veía venir a ese nivel desde los indicios inflacionarios de diciembre y enero: dividir en dos la paritaria, y hacer una oferta escalonada en tramos. De aquí a julio, el primero, de julio en adelante, el segundo.
En la paritaria nacional con los docentes, el gobierno de Macri, a través del ministro de Educación, Esteban Bullrich, ofreció 29 por ciento de aumento hasta julio, y a partir de allí, levantar otros 11 puntos, hasta llegar al 40 por ciento en el año. Es, obviamente, un blanqueo de hasta qué porcentaje se estima podrá llegar la inflación del año, y desde ese punto de vista no es una buena noticia. Pero se acerca a la realidad, pues los ásperos sindicalistas docentes –si bien no aceptaron enseguida- miraron la oferta con aprecio, y hasta cierta sorpresa.
Los gremialistas neuquinos tienen un problema: ya dejaron trascender que aspiraban a 40 por ciento para el año. El gobierno de Gutiérrez no se asustó con el porcentaje, pese a estar plenamente conciente de que –según el presente impiadoso- no tiene el dinero para afrontar esa escalofriante suba de la masa salarial estatal. El gobierno no entró en pánico porque dividió de entrada el año en dos, y así comenzó a trabajar la oferta, y los gremios hicieron lo mismo, más allá de lo que hayan evidenciado públicamente ambas partes.
Es posible pues que con cierto nivel de inevitabilidad, las ofertas contemplen para todos los efectos dos semestres, con aumentos diferenciados, que podrán acordarse ahora, o bien limitarse a la consideración de aquí hasta julio, y después volver a negociar.
Todo esto desarmando desde la imagen y el gesto el nivel de dramatismo. Por eso Gutiérrez se sentó a la mesa el primer día de encuentro con los gremios, y por eso también ATE hizo profesión de rechazo hacia el gesto, con ampulosidad combativa: si le quitan el dramatismo, al gremialismo estatal le queda solo la negociación, pelada, como en una peluquería, donde cualquier enojo parece una impostura, una exageración, y un acto que olvida que, en definitiva, el que tiene la navaja es el peluquero.



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