Un paso hacia la reinserción social

Las personas alojadas en el Correccional Abierto trabajan, estudian y desarrollan tareas solidarias con instituciones de la ciudad. Es el paso previo a recobrar la libertad, una vez cumplida la condena.
Una guitarra colgada en la pared, una pelota de cuero que asoma por debajo de la cama y muchas fotografías forman parte de una de las cuatro habitaciones del Instituto Correccional Abierto de esta ciudad. El edificio, que en un tiempo cobijó al primer hospital de la ciudad, ahora alberga a 24 internos que cumplen con la última etapa de reinserción social, antes de egresar hacia la libertad.

La construcción no cuenta con muros hostiles ni rejas en las ventanas. Tampoco con alambres de púas que recorren medianeras. Las puertas dobles se abren con un simple vaivén. Los patios comunican a otras dependencias, como la cocina, el comedor y la sala de estar, donde se puede ver televisión o jugar al ping pong.

"Todos los internos cumplen con tareas laborales y educativas, de acuerdo con lo programado", dijo Gustavo Gauto Alcalde de la Unidad en la cual trabajan 37 personas entre los agentes del Servicio Penitenciario Federal, asistentes sociales, educadores, médicos, psicólogos, veterinarios y administrativos.

Gauto explicó que los internos que llegan hasta el Correccional cumplen con una serie de requisitos indispensables establecido por ley. Entre ellos la buena conducta. Antes de poder acceder al beneficio son parte de un régimen de emancipación moderada, con supervisión. Es que el Instituto es el último paso hacia las puertas de la libertad, cuando la condena ya está cumplida.

"Se necesita mucha autodisciplina para estar en este lugar", agrega Gauto. Luego detalla que los internos se levantan a la siete de la mañana, desayunan y después se dirigen a los sectores de trabajo. Algunos consiguieron emplearse como albañiles. Otro logró ingresar en un servicio de catering y ahora buscar perfeccionar el oficio de la cocina, completando un curso en la Escuela Laboral. En otra parte del edificio funciona un lavadero artesanal de vehículos, que cuenta con máquinas nuevas y numerosos clientes.

Fuera del Correccional, otro grupo de internos es parte de las labores en el campo "El Fortín", donde se mantiene una granja. El predio, que está emplazado en la Ruta Provincial 1 y calle 107, sirve para la cría de animales domésticos. Entre ellos porcinos y bovinos.

Para el alcalde Gauto, "el trabajo y la contención familiar" son elementos determinantes para la inserción social y regresar a cumplir una vida sana en la comunidad. Para el jefe de la unidad, el comportamiento del hombre no es una "ciencia exacta" y, por eso, no se pueden predecir conductas.

Solidaridad.

Durante el día, los internos cumplen con su trabajo, regresan para almorzar y por las tardes terminan de cumplir con labores, estudian o reciben visitas ya programadas. Por la noche, y luego de la cena, el permiso para mantenerse en la sala de recreación es hasta la medianoche.

Cada uno tiene la libertad en la habitación de leer o escuchar radio, siempre que no rompa la intimidad de sus compañeros. Los cuartos contienen hasta siete internos, en ambientes aireados y con una distancia considerable entre cada cama. Por la mañana todas tienen su ropa tendida de manera prolija, junto a libros apilados y roperos individuales.

Por la situación de condena y nivel social muchos internos no pudieron completar la escolaridad, algo que desde el Correccional se exige. Terminar el secundario o aprender computación son algunas de las opciones. Incluso, hasta uno de los alojados había iniciado la carrera de abogacía, por el sistema de educación a distancia.

Integración.

El alcalde Gauto remarcó el grado de colaboración que tienen los establecimientos educativos de General Pico, hacia los internos para facilitar que puedan continuar los estudios. "El grado de integración con la comunidad es excelente", asegura Gauto. Como parte de la retribución social los internos trabajan en la elaboración de material didáctico, que luego es donado a la Escuela de Ciegos. Además, son parte de las campañas para nutrir a los colegios piquenses de los útiles necesarios para los alumnos.

El deporte también es una actividad que es considerada de importancia. Un terreno acondicionado sirve de cancha de fútbol. En otro sector se practican bochas, para competir con clubes locales. Actividades culturales, obras de teatro y cine completan también son parte del programa de reinserción. Una tarea que reúne aristas complejas y que busca derribar la valla de los prejuicios sociales.

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