El grupo de los 20 países más industrializados y los emergentes, del que forma parte Argentina, será el que, al decir del ministro de Economía británico, acordará finalmente los cambios para "las normas de juego globales".
Patricia Souza
El G-7 está de acuerdo en luchar contra la evasión fiscal mediante una "acción colectiva" y en avanzar hacia la reforma bancaria, aseguró el ministro británico de Economía, George Osborne. Los titulares de Finanzas de Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Alemania, Italia, Francia y Canadá concluyeron ayer un encuentro informal de dos días al norte de Londres sin emitir un comunicado conjunto por lo que fue el anfitrión el encargado de presentar las conclusiones, sin grandes detalles.
La reforma bancaria, la lucha contra la evasión fiscal, una política monetaria intrínsecamente doméstica y la necesidad de la consolidación fiscal fueron asuntos sobre los que los siete países más ricos del mundo se mostraron de acuerdo durante su encuentro en un hotel de Aylesbury, en plena campiña inglesa.
También la percepción de que la economía mundial tiene mejores pronósticos que hace unos meses, pero que el crecimiento sigue siendo "inestable" y "no hay que dar por hecha la recuperación", insistió el canciller del Exchequer en rueda de prensa.
Pese al debate sobre austeridad y crecimiento que domina la política europea y las distintas posiciones de EE UU o Alemania, el G-7 mostró más coincidencia "de lo que se cree por lo general", según Osborne, que ha aplicado fuertes recortes en el Reino Unido.
"Todo el mundo piensa que tiene que haber una consolidación fiscal creíble a medio plazo", apuntó el británico para quien, no obstante, es necesario actuar "con flexibilidad".
Como deseaba la presidencia británica del G-7, estos siete países, que suponen el 66% del PBI mundial, apoyaron la necesidad de "una acción colectiva" contra la evasión y la elusión fiscal. Es "extremadamente importante" que los países recolecten los impuestos que les corresponde "de compañías e individuos", apuntó Osborne en clara alusión a las multinacionales que minimizan el pago de impuestos en las naciones donde generan beneficios mediante una serie de estrategias fiscales, centro de críticas en el Reino Unido.
Otro asunto analizado en el encuentro, al que asistieron cuatro gobernadores de bancos centrales, fue el papel de la política monetaria que, según reiteró el G-7, debe ser dirigida por los intereses nacionales y no por un objetivo de manipular el mercado.
El Reino Unido había señalado el viernes que debe buscarse un mayor "activismo monetario" para promover el crecimiento y no sólo luchar contra la inflación, pero el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, dijo que no se le pidieron más esfuerzos.
"Está claro que todos los bancos centrales han hecho mucho, cada uno dentro de lo que establece su mandato", apuntó Draghi, que asistió al encuentro junto con el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Oli Rehn, y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem.
Como se esperaba, la necesidad de una reforma bancaria, aspecto que preocupa sobre todo en Europa, fue también debatido durante los dos días de encuentro, si bien Osborne no ofreció apenas detalles.
"Es importante concluir nuestro trabajo para asegurarnos de que ningún banco es demasiado grande para dejarlo caer" y para "proteger a los contribuyentes", apuntó Osborne, que en todo momento eludió comentar las posiciones concretas de cada país.
Según Osborne, el G-20, que integran las naciones ricas y las emergentes, es ahora "el principal foro económico para decidir las normas de juego globales".
Quizá por ello se eligió un formato informal para este encuentro del G-7, algo que agradó especialmente al gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, que en verano será sustituido por el canadiense Mark Carney, también presente en Aylesbury.
Al no haber obligación de consensuar un comunicado, los representantes financieros de los siete países más ricos del mundo pudieron estos dos días hablar con mayor franqueza y hacer "verdaderos progresos", según King. «
Japón ganó un debate
Japón convenció a sus socios del Grupo de los Siete países más industrializados del mundo de que no se ha dedicado a manipular su divisa dentro de un plan para sacar a la economía nipona de casi dos décadas de estancamiento.
Al concluir la reunión de dos días, los asistentes parecieron reconocer oficialmente que cada uno necesita fomentar su propio crecimiento económico equilibrando las medidas de austeridad con las políticas de expansión.
"Sigue habiendo el empeño de reducir los déficit presupuestarios, pero ciertamente ha habido un cambio de tono", dijo el ministro de Hacienda francés Pierre Moscovici, al concluir el encuentro realizado a unos 89 kilómetros de Londres.
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