La masiva llegada de refugiados representa para Alemania "el mayor desafío desde la reunificación" del país, en 1990, según señaló ayer el vicecanciller y ministro de Economía, Sigmar Gabriel, al comentar lo ocurrido en un fin de semana marcado por nuevos disturbios en centros de acogida de solicitantes de asilo.
"Vamos a tener que cambiar nuestra política sobre refugiados de manera radical, la magnitud del fenómeno nos obliga a hacer mucho más", dijo.
Según Gabriel, serán necesarios unos 3400 millones de dólares adicionales para que los estados federados puedan hacer frente a la ola de refugiados. Los dichos del jefe del Partido Social Demócrata (SPD) se conocieron después de que comandos ultraderechistas provocaran disturbios por segunda noche consecutiva en un centro de acogida en Heidenau, una localidad del este alemán. Cerca de 600 nazis bloquearon el acceso al centro y lanzaron piedras, botellas y petardos a manifestantes de izquierda.
Todo el arco político reaccionó con indignación, en tanto el partido opositor Los Verdes reclamó la intervención de la canciller Angela Merkel. "No entiendo sus titubeos", dijo la líder verde Katrin Göring-Eckhardt. La masiva llegada de refugiados –este año el gobierno espera la cifra récord de 800 mil solicitantes de asilo– hizo saltar las alarmas de muchos municipios desbordados ante la falta de medios. "Esperamos un aumento significativo de los recursos", reclamó el presidente de la Federación de Municipios, Gerd Landsberg.
El ministro del Interior, Thomas de Maizière, aseguró que "el gobierno ayudará a los estados de forma permanente por si necesitasen dinero para incorporar más recursos humanos o materiales adicionales". El Partido Cristiano Demócrata (CDU) señaló que uno de los objetivos más importantes es prepararse para el invierno, disponiendo de más viviendas para los refugiados.

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