El papa Francisco y unas velas que iluminan su compromiso por la villa 31 de Retiro

El papa Francisco y unas velas que iluminan su compromiso por la villa 31 de Retiro
En el Vaticano, el pontífice alentó el proyecto de un grupo de jóvenes que crearon, junto a curas villeros, un taller para que ex adictos puedan trabajar
Ir hacia las periferias, construir puentes, ayudar a los excluidos de la sociedad. Tal es el mensaje que, una y otra vez, repite Francisco. Y que, a todo pulmón, con miles de dificultades, pero con entusiasmo, intentan llevar a la práctica Santiago Mazzinghi, abogado de 25 años, junto a un grupo de amigos, en la emblemática villa 31 de Retiro. Allí, hace un año y medio pusieron en marcha "Luz de Esperanza", un proyecto para ayudar a los más necesitados.

Junto a curas villeros que trabajan en el Hogar parroquial Cristo Obrero-Carlos Mugica de la villa 31, Mazzinghi y compañía crearon un taller en el que personas rescatadas del flagelo de la adicción, tratando de reinsertarse en la sociedad, fabrican velas.

"El Hogar Cristo Obrero ayuda desde hace mucho tiempo a chicos con problemas de adicción. Es un proceso largo porque muchos chicos llegan en estado deplorable por el paco. Primero hay un acompañamiento médico y terapéutico; después se van por tres meses a una granja, un oasis en su vida porque hacen artesanías, viven aislados de la realidad de la villa y reciben catequesis. Pero lo que faltaba era que, al volver a la villa, tuvieran un trabajo", contó a LA NACION Mazzinghi, que el miércoles pasado pudo saludar brevemente a Francisco.

Fue el padre Eduardo Drabble, cura villero, quien le planteó a Santiago y a sus amigos -Nicolás Donnelly, Raúl Catalán, Santiago Acosta, Tomás Taussig, Francisco Bianchetti, todos ex compañeros de colegio e íntimos amigos-, el desafío de conseguirle un trabajo "fácil" a las personas que volvían de la granja con la voluntad de salir de la trampa mortal de la droga y de volver a empezar.

"Se nos ocurrió hacer velas. Y nos ocupamos de conseguir los insumos, difundir el proyecto y vender las velas que los chicos empezaron a fabricar, gracias a una maestra que también conseguimos, Laura Mega. Al principio nos dimos cuentas que no funcionaba cuando Felicitas García Olano y Solana Ferroni, que trabajan en catering, nos dijeron que era mejor que hiciéramos las velas más grandes, de 4 por 5 centímetros, porque podían servir no sólo para santerías, sino también para decoración, en eventos y para ambientaciones. Así, empezamos a recibir más pedidos y a vender más velas", contó Mazzinghi.

"Aunque enseguida el padre Eduardo nos dijo que nos olvidáramos del objetivo económico: lo importante era que cada vez más chicos pudieran trabajar", destacó.

De hecho, si empezaron trabajando 4 personas, al final terminaron 12, de entre 25 y 40 años, varones y mujeres. Yendo al taller solo por la mañana -ya que por la tarde siguen con otros talleres para rehabilitarse-, cada uno recibía un sueldo de 200-300 pesos por semana.

"Tienen miles de recaídas, hay que seguirlos mucho, pero el proyecto, que tiene un año y medio, funciona, a fines de años hicimos un balance y tanto sus integrantes, como los curas villeros están felices con nosotros", contó Mazzinghi, que espera ahora hacer distintos tipos de velas y mejorar el packaging.

"Nuestra idea es difundir el proyecto para que crezcan las ventas y las donaciones. Y para compartir con los demás el anhelo de estos chicos, que luchan para recuperar algo de sus vidas, castigados por una realidad social que no merecen", subrayó Santiago, que confesó que antes de emprender esta aventura tenía miles de prejuicios.

"Yo tenía el típico preconcepto de la villa, una villa que está al lado de mi casa, pero la verdad es que me encontré con gente espectacular, tengo que lavarme la boca antes de hablar sin saber...Y descubrí que tenemos que derribar esas barreras que construimos. Ellos, por otro lado, tenían el mismo preconcepto de nosotros, los conchetos de Recoleta...", admitió.

CON EL PAPA

El 19 de marzo pasado, día que asumió Francisco el trono de Pedro, Santiago y sus amigos fueron en caravana, junto a los curas villeros y a los chicos de la villa 31, hasta la catedral, donde se transmitió la ceremonia.

Hace un mes, el padre Guillermo Torre, párroco de Cristo Obrero, la iglesia de la Villa 31, visitó a Francisco en la Casa de Santa Marta, y le regaló una remera y una caja de velas de "Luz de Esperanza".

Al saludar el miércoles pasado al Papa que, como arzobispo de Buenos Aires alentó como nadie la labor pastoral de los curas villeros, Santiago le contó, con orgullo, que estaba trabajando con ellos y "que en Buenos Aires lo tenemos muy presente".

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