El Papa dijo que permanecerá "oculto para el mundo" cuando deje el trono

El Papa dijo que permanecerá "oculto para el mundo" cuando deje el trono
Benedicto XVI reivindicó el Concilio Vaticano II, que hace 50 años intentó un aggiornamiento para el catolicismo y que en gran medida fue combatido por él al condenar a los teólogos de la Liberación. Conmovedora despedida.

Benedicto XVI se despidió ayer de los obispos y sacerdotes de su diócesis, Roma, a los que dijo que aunque renuncia al papado y quedará "oculto para el mundo", siempre estará unido a ellos en la plegarias y ellos a él. "He notado siempre vuestra presencia física, y aunque me retiro para rezar, sé que siempre estaréis cerca de mí, aunque para el mundo permanezca oculto", afirmó el Papa ante el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini, los obispos auxiliares y los varios centenares de sacerdotes de la diócesis romana cuyo titular es el Pontífice como obispo de la capital de Italia. Benedicto también reivindicó el Concilio Vaticano II, pese a que durante sus distintos cargos y en su papado, de tono conservador, no fue precisamente un defensor de las conclusiones de ese congreso católico.

El encuentro, celebrado en el Aula Pablo VI del Vaticano, estaba previsto antes de que Benedicto XVI anunciara su renuncia, por eso adquirió un significado mayor, ya que fue la última vez que se reúne con toda su diócesis. Así lo entendió el cardenal Vallino, y en su discurso, durante el que se le saltaron las lágrimas, dijo que en estos momentos sentía una "mezcla de sentimientos: tristeza y respeto, admiración y añoranza, afecto y orgullo".

El purpurado destacó la personalidad de Benedicto XVI, del que resaltó su humildad y que nunca "se ha echado para atrás". "En los años de su luminoso Pontificado nos ha enseñado muchas cosas importantes para ser discípulos de Cristo y buenos pastores. El cardenal destacó también el apoyo de Ratzinger a los más débiles y a los pobres, "a los que siempre ha ayudado".

Benedicto XVI llegó al Aula Pablo VI apoyándose en un bastón, mientras los aplausos se mezclaban con el canto "Tu sei Petrus" (Tu eres Pedro). El Papa respondió con una amplia sonrisa por las muestras de cariño y una vez sentado, detrás de una mesa, habló, sin texto, del Concilio Vaticano II, como estaba previsto. El Papa resaltó la validez del concilio, lo que supuso para la Iglesia y la importancia de los documentos emanados del mismo. Benedicto XVI, que participó de aquel congreso que se desarrolló entre 1962 y 1965, aseguró que aún queda mucho por hacer, que la lectura del Concilio que lanzó a la Iglesia hacia el tercer milenio aún no fue completada.

El Papa destacó el ecumenismo, la potenciación del diálogo con las otras iglesias y con las otras religiones, especialmente con la judía, entre los logros del Concilio y recordó aquellos años y aquel evento. «

Efe

Análisis - Los problemas que deberá enfrentar el sucesor de ratzinger

Hanns-Jochen Kaffsack | Roma, Italia/ dpa

Benedicto XVI fue un protector, no un reformista. Intervino en las crisis de su Iglesia, pero dejó muchas tareas pendientes. Al próximo Papa le esperan viejos problemas y deberá reaccionar a las necesidades de reforma y las crisis de fe.

El Miércoles de Ceniza, el propio Joseph Ratzinger señaló el camino que debería seguir su sucesor. Así, condenó los "pecados contra la unidad de la Iglesa y las divisiones en su seno". Otra de las peticiones reiteradas una y otra vez por el Pontífice alemán es "superar los individualismos y rivalidades".

Pero la Iglesia, con sus 1200 millones de creyentes, no necesita únicamente una reforma de la curia romana. Los católicos tienen necesidades distintas en cada continente, y el nuevo Papa debería conciliar todas ellas. "Las instituciones eclesiásticas deben apoyar la acción evangelizadora y no frenarla", apunta el influyente cardenal franciscano sudafricano Wilfried Fox Napier. "La Curia ofrece a menudo más una imagen de arribismo que de servicio a los creyentes", agrega Napier, que está a favor de una fuerte renovación espiritual.

Tras el escándalo Vatileaks de 2012, rodeado de intrigas y luchas de poder, Roma necesita una nueva era. Algunos de los reclamos "europeos" al próximo Papa son el logro de avances en el ecumenismo, la relajación de la moral sexual, conseguir un mayor papel de la mujer en la Iglesia y abordar la cuestión del celibato de los sacerdotes.

Sin embargo, en Latinoamérica, donde la creencia católica es mayor que en otras regiones del mundo, la Iglesia debe ofrecer además respuesta a problemas como el tráfico de drogas, la violencia o la pobreza. Y Río de Janeiro podría ser uno de los primeros destinos del nuevo Pontífice, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará del 23 al 28 de julio.

Entretanto, los católicos de África esperan apoyo por parte del nuevo Papa, en lugar de silencio. Sus problemas son muchos, entre ellos, la lucha contra el sida, el hambre o el "colonialismo" económico. Y el odio islamista y las agresiones contra los cristianos de este continente se unen a la persecución de esta religión a nivel mundial. "Antes los cristianos vivían en paz con los musulmanes en Nigeria, Mali o Kenia. Pero ahora se encuentran en un estado de guerra religioso, lleno de miedo", analizaba recientemente el diario italiano La Stampa.

Benedicto XVI visitó en varias ocasiones África y Cercano Oriente, sobre todo para fortalecer la fe de los cristianos amenazados y llevarlos a quedarse, sobre todo en Tierra Santa. Por su parte, Asia no sólo es de una importancia capital estos años a nivel económico, sino también para la Iglesia. Ratzinger no viajó a Asia y durante su Pontificado hubo varias desavenencias con la cúpula de Pekín, que controla férreamente las religiones. Sólo un pequeño porcentaje de la población asiática es cristiana, aunque en la región vive la mayor parte de la población mundial, lo que supone un reto para la Iglesia Católica. Así, un nuevo Papa asiático sería una extraordinaria señal en ese sentido.

Algunas de las barreras que puede encontrarse la Iglesia en el futuro son la crisis de fe en Occidente, los efectos del escándalo de abusos sexuales y el comportamiento aún no esclarecido respecto a la ultraconservadora Hermandad de San Pío X.

Parte del futuro estará determinado por el continente del que proceda el próximo Pontífice y de su nivel de conservadurismo. Con su retirada, Benedicto XVI ya modernizó ligeramente el cargo. Quizás su sucesor sea más joven y pueda abordar las reformas necesarias con un mayor dinamismo.

Comentá la nota