Panorama petrolero: conflictos previsibles en la cuenca más productiva del país

La prolongación del conflicto petrolero en Santa Cruz, con la paralización absoluta de actividades, amenaza con acentuar las dificultades energéticas que atraviesa el país, tal como quedó evidenciado en la última semana.
En efecto, el ministro de Planificación Julio de Vido salió a argumentar que los cortes de gas provocados a diversos sectores industriales en los últimos días tuvieron su origen en la situación que atraviesa el norte santacruceño.

La paralización de actividades extractivas provoca severas pérdidas para el Estado provincial. Si se considera que la producción promedio de petróleo en Santa Cruz es del orden de los 19.000 metros cúbicos por día (según datos del Instituto Argentino del Petróleo y Gas del mes de enero), puede estimarse que el ingreso por regalías es del orden de los 680.000 dólares por día (considerando un valor de corte de 48 dólares por barril).

Así, cada 10 días de paralización las pérdidas sólo en percepción de regalías ascenderían a alrededor de 6,8 millones de dólares. Pero los perjuicios totales son aun superiores, ya que el volumen de producción mencionado engloba valores de alrededor de 5,7 millones de dólares por día. Al no haber producción, tales cifras se inscriben en rojo, tanto para las operadoras como para las contratistas de servicios, cuyo promedio de facturación es de alrededor del 25 por ciento de dichos montos. Se trata, en suma, de recursos que dejan de inyectarse al circuito local. En ese plano, el eslabón local es el más débil, frente a operadoras que, como en el caso de YPF, no dejan de mostrar evoluciones positivas en sus balances, incluso en los períodos de conflicto.

Vale entonces preguntar, ante tamaña magnitud de pérdidas, cuáles son los impedimentos por los cuales el sindicato de Santa Cruz –más allá del grave conflicto interno que atraviesa, con sus principales líderes claramente enfrentados- no ha podido llegar a cristalizar su convenio colectivo de trabajo, como sí lo hicieron otros gremios del sector, por caso Chubut y los trabajadores petroleros Jerárquicos.

Si, como plantean los delegados santacruceños, el borrador del convenio está elaborado desde el año 2008, ¿cuáles son los motivos por los cuales no se pudo llegar a homologarlo? ¿Es una falla de la Federación sindical, a la que continúa afiliado el sindicato de Santa Cruz? ¿Falta de predisposición de las operadoras, que sí llegaron a firmar con otros sindicatos? Cualquiera sea la respuesta, resulta difícil pensar que no se previó que dicha situación terminaría explotando, más temprano que tarde, sobre todo considerando los antecedentes.

Atado con alambre

Es llamativo el modo en que diversas situaciones del ámbito petrolero se encuentran "sujetas con alfileres" y la explosión de los conflictos –con las consiguientes pérdidas- son casi la crónica de un estallido anunciado.

Está todavía pendiente y con riesgo de recalentarse el planteo entre Jerárquicos y la operadora YPF, cuyos supervisores están encuadrados bajo el gremio del SUPeH y que los primeros reclaman traspasar bajo su órbita. Se trata de 250 trabajadores jerárquicos por cuyo encuadre se produjo un grave paro en diciembre último, afectando tanto la producción en Chubut como Santa Cruz.

Para tener una idea de cómo afectó a la producción petrolera esos días de parálisis, vale repasar los índices del IAPG. En diciembre, Chubut bajó su promedio histórico de producción de los últimos años (cuando pasó a ser el principal extractor de crudo del país) y cayó de 26.000 metros cúbicos diarios a 21.000.

En Santa Cruz, asimismo, los índices mostraron todavía un descenso más pronunciado: su promedio diario fue de menos de 11.000 metros cúbicos, contra los mencionados 19.000 cúbicos diarios que habitualmente mide en los últimos años.

Estos guarismos sin dudas explican parte de la nueva caída de producción anual a nivel país, al pasar de 34,6 millones de metros cúbicos en 2009, a 35,4 millones en 2010. No sería correcto atribuir a los conflictos de la región la totalidad del déficit, ya que la producción no ha dejado de disminuir en los últimos 11 años, producto de la declinación natural de los yacimientos y la falta de inversión exploratoria de la mayor parte de las operadoras.

Pero el dato llamativo es que siendo la del golfo San Jorge la cuenca más productiva y la única que ha aportado datos positivos en materia de recuperación de reservas y curvas productivas en los últimos años, los índices negativos se originan en una conflictividad permanente. Ante ello, es llamativa la pasividad y falta de anticipo por parte de autoridades provinciales -y aun desde algunas de las propias operadoras- para evitar desenlaces que resultan claramente previsibles.

Después, llorar sobre el petróleo derramado no tiene mucho sentido.

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