En medio de la confusión reinante en materia político electoral, hay ciertas certidumbres que parecieran ilógicas replantearlas, habida cuenta que, en definitiva, los protagonistas ponen en juego sus respectivos roles y, en definitiva el poder que supieron conseguir.
Ahora bien, lo que resulta un handicap (contar con semejante candidato), también le cabría el costado vulnerable, aquello que no se vislumbra sucesión. La pregunta es si no existe reemplazo o el propio Lunghi y su séquito no quiere hacerlo lucir.
Marcos Nicolini pareciera ser el heredero, a partir del notable triunfo electoral que supo protagonizar -de la mano de Lunghi- en las elecciones legislativas próximas pasadas. Todos los correligionarios y el propio pediatra se llenan la boca hablando del novel dirigente, empero poco esmero han hecho hasta aquí para dejarlo volar más allá de la omnipotencia lunghista.
Si tanto entusiasmo generara, por qué no lo incluyen en la lista de nombres a la hora de las encuestas para conocer el termómetro sobre sus potencialidades electorales. Básicamente, porque los egos no permiten pensar en que Nicolini (u otro potable dirigente que represente un cambio generacional) pudiera ser el sucesor aquí y ahora.
Lunghi repite sobre la necesidad de la alternancia en un sistema democrático, pero poco hizo y hace para promoverla. Para más datos, pronto a cumplir los ocho años al frente de la comuna va a ir por otros cuatro, e incluso algunos aventureros prenden velas para que la salud del pediatra se mantenga inalterable para incluso insistir en el 2015.
El radicalismo se defiende indicando que el recambio generacional se está transitando, con la inclusión de jóvenes en los primeros rangos del gabinete, pero es un secreto a voces el enfado que el propio Lunghi evidenciaría por lo que considera que muchos de los que lo rodean hacen la plancha. Se enroscan más en los contubernios nacionales y hasta internacionales que en la cosa cotidiana.
En ese contexto, anticipan cambios varios en el virtual gabinete que se conformaría de seguir al frente de la intendencia. Un anticipo que factiblemente se diluya una vez refrendado con el voto la continuidad de gobierno.
Los antecedentes responden que Lunghi nunca echó a nadie. En todo caso pergeñó algunos retoques, recambios a favor de la continuidad laboral de varios impresentables. En definitiva, sería legítimo sostener que, de ganar, les asista el razonamiento que si la mayoría de los tandilenses los siguen apoyando el rumbo no es el incorrecto, y ese rumbo lo protagonizaron justamente los que hoy son mirados con recelo o fastidio.
“Se trataría del último mandato, hay que arrancar de nuevo para cerrar de la mejor manera”, señalan desde los pasillos municipales copados por radicales. Una madurez y audacia dirigencial que en estos ocho años de administración no se evidenciaron. Se mantuvo el statu quo. Mal nos les fue.
ENFRENTE
En la vereda de enfrente se escuchan los mismos acordes, con otras composiciones. Ese necesario recambio generacional tampoco parece fagocitarse y mucho menos fortalecerse desde el justicialismo, como fuerza política capaz de mostrarse como alternativa para conducir el destino de los tandilenses.
Mucho se vocifera sobre la participación juvenil en la militancia, especialmente florecida tras la muerte de Néstor Kirchner, pero a la hora de los bifes, cuando hay que cerrar los acuerdos, quedan los mismos de otrora, con sus apetencias y miserias de siempre.
Nobleza obliga, tampoco es saludable descartar la experiencia de quienes en definitiva encarnaron y sostuvieron al justicialismo, como así también que hay muchos jóvenes que su corta edad no les impide tener más o los mismos vicios que los viejos dirigentes que azuzan.
Tras los fracasos electorales de los San Miguel, Sentís, Mouillerón (por citar caprichosamente algunos referentes), se creyó que el recambio venía de la mano de los Escudero, Cifuentes, Auza, empero, los citados no han dado garantía alguna a la vida interna, más bien todo lo contrario, aportaron y mucho a las luchas intestinas de siempre.
La irrupción de Rogelio Iparraguirre, un tal Sebastián Romay y hasta María Eugenia Poumé se perfilan como las caras nuevas, empero la casta demanda más pruebas, no solo de fidelidad sino de batallas que los coloque con la epidermis necesaria para encarar el complejo proceso.
Pareciera ser que Diego Bossio resultaba la figura clave de esta encrucijada, pero el hombre, hasta aquí, se ha topado con las dificultades de siempre en esta hoguera de vanidades.
Habrá que aguardar por otros tiempos, otros cuatro años, para encontrar ese recambio que la ciudad pareciera demandar a partir de un crecimiento vertiginoso devenido de la impronta privada más que desde una estrategia de Estado.
Al son de la instalación de los que mejores miden en las encuestas, se está resolviendo el entuerto de las respectivas candidaturas. La coyuntura política y la necesidad de sostener la porción de poder, no permitirá en esta nueva elección otra cosa que no sea optar por más de lo mismo. Un Lunghi hablando nuevamente de la necesidad de trasladar el estadio de fútbol y el circuito automovilísto de La Cascada, y un Auza insistiendo en Tandil como cabeza de una futura regionalización. Asuntos ya explicitados frente a un electorado que en su momento eligió y en octubre lo volverá a hacer.





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