El primer indicativo de supuesto pacto entre Juan Manuel Urtubey y Juan Carlos Romero quedó plasmado en los nombres de los futuros jueces de la Corte de Justicia de Salta.
Sin embargo, en una democracia endeble como todavía era la que recibió Juan Carlos Romero cuando asumió la Gobernación de la Provincia de Salta, esos cargos fueron ocupados por personajes designados según el viejo dicho popular que señala: “hacete amigo del juez”.
Así, al dejar su mandato, Juan Carlos Romero dejó en funcionamiento una Corte adicta, cuyos integrantes el Gobernador Urtubey fue cambiando y de ese modo llegaron Susana Kauffman, Guillermo Félix Díaz y Abel Cornejo que son independientes del poder político, que no es el caso de Fabián Vittar que saltó allí desde su puesto de Diputado renovador, y tres jueces de pura cepa romerista como Guillermo Posadas, Guillermo Catalano y Gustavo Ferraris.
El hecho es que a la fecha, los mandatos de Catalano y Ferraris, se vencen a finales de este año, mientras que al actual Presidente, Guillermo Posadas, lo alcanza el tiempo de la jubilación.
Juan Manuel Urtubey que es hombre de tradiciones, decidió continuar con aquella de colocar “jueces amigos” y así tenía ya en carpeta los legajos de Ernesto Samsón, Horacio Aguilar con quien había mantenido conversaciones y le faltaba conversarlo con Julio Leonardo Bavio, enemigo público y declarado de Juan Carlos Romero quien junto a Sonia Escudero hicieron siempre todo lo que estaba a su alcance por posponerlo en su carrera.
Finalmente, las carpetas de Aguilar y Bavio fueron al papelero, y el Gobernador Urtubey decidió impulsar anticipadamente a Samsón a quien ya había separado de la función pública preparándolo para este momento y dejó a dos “paladares negros” del romerismo más auténtico: Guillermo Posadas y Guillermo Catalano, que fueron nombrados nuevamente.
Al interno de la Corte, los magistrados confirmaron en la Presidencia a Posadas, que se quedaría únicamente dos años hasta jubilarse, como Vicepresidente Primero a Guillermo Catalano y como segundo a Guillermo Félix Díaz, con lo cual salta a la vista que los jueces aplauden este contubernio del Gobernador Urtubey con Romero, ya que dejan en los principales puestos del Tribunal a los dos esbirros romeristas.
Romero venía cargando con el peso de las causas penales en su contra y luego de un fallo adverso de la Corte que ratificaba su obligación de comparecer ante los juzgados porque sus fueros no lo exoneraban, sumado al desliz de sus abogados que dejaron vencer los tiempos de la apelación y un fallo de nulidad rechazado por la Corte Suprema, el ex Gobernador se vio acorralado y envió su embajada a negociar con Urtubey.
En este punto comenzó a operar la estructura romerista a través de un viejo (en el más literal sentido) mariscal del ex Gobernador Romero, el Doctor, Rodolfo Urtubey, conocido con el alias de “Coyote”, que supiera ocupar los cargos de Fiscal de Estado y Presidente de la Corte de Justicia en tiempos de Romero; a la sazón, padre del actual Gobernador Urtubey.
¿Por qué es importante este acuerdo?
Todo esto huele tan mal como “La Ciénaga”, la causa que lastra a Romero, y revela que los tiempos de la Ley no son los tiempos de la política, ya que esos pliegos debieron enviarse al Senado provincial en diciembre, pero el Gobernador Urtubey resolvió adelantar este proceso para los primeros días de este mes.
El motivo es mantener con la rienda corta nada menos que al poder republicano de mayor peso, lo cual permitirá que un sujeto como Juan Carlos Romero con más de media docena de causas que le embargan el sueño, pueda continuar navegando por los mares del mundo en su millonario yate y viajando libremente con total impunidad frente a los procesos en su contra que quedarán esperando “el Juicio de los Justos”, es decir, en la eternidad.
Esta “tranza” demuestra la vigencia del poder de Romero, capaz de influir nada menos que en la composición de la Corte de Justicia, y constituye el broche de oro a la trayectoria y nuevamente demostrada habilidad de “Coyote” Urtubey, quien en menos de 48 horas terminó conciliando los intereses de dos gobiernos, hasta aquí, aparentemente opuestos.
Este pacto viene también a completar la estrategia comenzada por Urtubey de generar una oposición de cartón mediante los “Trostkos” del Partido Obrero como forma de impedir que toda esa “responsabilidad” opositora descanse en las huestes romeristas.
Un atentado a la ética pública
Si bien es una jugada política de alta gama, este arreglo se constituye en un ultraje a la ética y a la confianza pública, ya que con este manoseo de entregar la Corte de Justicia al romerismo, Juan Manuel Urtubey podrá conseguir sus propósitos de mantener el campo tranquilo y decidir qué quiere hacer en el 2015, pero a la vez, deja en pie y con muy buena salud el poder de Juan Carlos Romero, una apuesta peligrosa ya que bien se puede pensar en términos de caza, que lo más peligroso que hay es dejar al león herido. Hay que matarlo. Pero éste no ha sido el caso.







Comentá la nota