Capitanich llegó a Ituzaingó, y en Corrientes es como que vino “a hacer política”.
Eso para las huestes ricardistas que volvieron a mostrar ‘la hilacha’, negándose a sumar voluntades en pos de la búsqueda de soluciones. O en todo caso de espetarles las cosas en la cara a los tan criticados funcionarios nacionales. Cuando uno observa las penurias (repetidas, cada tanto) de las cientos de familias ribereñas que tienen el río en sus casas, uno tiene la obligación de preguntarse si es necesario un nuevo desplante, una nueva pelea, un nuevo capricho.
Que no le invitaron al gobernador, que no hay necesidad de ir, que solo responden a algunos. Todos argumentos que hasta pueden ser sostenidos, pero que caen al vacío cuando ni siquiera se habla cara a cara.
La situación, en definitiva, queda supeditada a la voluntad de un sector, o a la intencionalidad política supuesta del otro. Siempre en la pelea, siempre en la vana discusión, la gente… bien gracias.
Se insiste: no vienen éstas líneas en defensa de Capitanich y compañía. Son grandes y se defienden solos.
Pero, en una muestra más del síndrome ‘de la gata Flora’, se quejan si no vienen… y no van si vienen.
Muy raro, e inexplicable.
En Ituzaingó, en tanto, Capitanich, adelantó que “en una nueva reunión que se dará el jueves próximo vamos a notificar a todos los intendentes y gobiernos provinciales todas las acciones que se implementarán ante esta emergencia provocada por la creciente del rio Paraná en todo el litoral Argentino”.
Entre ellas se contará la “intervención del ANSES, que dispone la utilización de recursos en materia de jubilaciones y SUH para las personas damnificadas por emergencias de esta naturaleza, así como el establecimiento de “mecanismos de financiamiento a través del programa Norte Grande… y la intervención de Vialidad Nacional para recuperar caminos y terraplenes y articulación de defensas”.
Acá, parece que muchos no se enteraron que vino. Al menos para rechazar la ayuda.

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