Por Luis María RuizEn el último año fue ministro del Interior; legislador provincial en uso de licencia -renunció a fines de 2013 para que asumiera oficialmente el primo del gobernador, José León- y diputado nacional por el Frente para la Victoria -dimitió este mes sin haber pensado siquiera algún proyecto de ley, de declaración o de resolución para el Congreso-.
Aunque los más experimentados dicen en voz alta que “no es momento de hablar de nombres”, el oficialismo y la oposición trabajan en silencio para posicionar sus posibles aspirantes. Es casi un hecho que el Acuerdo Cívico y Social (ACyS) impulsará al radical José Cano para que busque el sillón de Lucas Córdoba. Por ahora, las demás fuerzas refractarias al PJ no han mostrado una carta que garantice la chance de pelear la partida hasta el final. Para eso hacen falta recursos e influencias que pocos tienen.
“Creo que sería una burla ir por una testimonial”, lanzó el gobernador en junio del año pasado. Juan Manzur y Jaldo fueron sus principales candidatos a diputados, y ni pisaron el recinto del Congreso. El primero continuó siendo ministro de Salud de la Nación; el segundo, a la hora de la verdad, jamás se alejó del ministerio del Interior provincial. Ellos aparecen justamente como dos de los “candidateables” por la Casa de Gobierno. La restante es la senadora Beatriz Rojkés.
Todos los oficialistas coinciden en que a la última palabra la dirá -como ocurre desde hace más de 10 años- José Alperovich. La vieja guardia peronista de la Legislatura tiene, sin embargo, preferencias por Manzur. Crecen las versiones de que regresará a ejercer el cargo de vicegobernador después del mundial de fútbol en Brasil, y los veteranos lo esperan con ansias. En los últimos meses, han tenido que dirimir cada espacio de poder con la nueva tropa alperovichista, y en más de una ocasión han debido ceder. El acaudalado médico, en cambio, nunca les negó un asado ni un café cada vez que viajaron a Buenos Aires. Un legislador que lleva varios mandatos opina que Jaldo no les dará ese espacio. “En su discurso de reasunción dijo que la columna vertebral del proyecto son los intendentes y los delegados rurales”, planteó el justicialista.
El misterio sobre el futuro del ministro crece cuando se mencionan otros dos nombres: Beatriz Rojkés y Domingo Amaya. En la propia Legislatura, la esposa del gobernador contaría con más adeptos que Jaldo (la avalan las esposas de los intendentes y la nueva tropa alperovichista). El jefe municipal de la Capital sólo tiene dos escaños con su sello, pero en el “Tucumán Crece” valoran que siempre hayan votado según los pedidos de la Casa de Gobierno. En el amayismo rumorean que, de todas formas, su líder no bajará sus pretensiones: quiere ser candidato a gobernador.
Aunque es “el hombre fuerte” fuera de San Miguel de Tucumán -regula el grifo de plata para comunas y municipios-, Osvaldo Jaldo no tiene más garantías que sus contendientes internos. Su nombre aparece y desaparece de las posibles duplas alperovichistas. Y aunque su reasunción haya tenido olor a candidatura, el tranqueño se ha convertido en el misterio del interior.





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