La osadía yihadista y la impotencia de Estados Unidos

El avance yihadista en Irak y en Siria renueva la discusión sobre si es necesario que Estados Unidos y sus aliados envíen fuerzas terrestres para detener a los rebeldes islámicos.

Aunque el gobierno del presidente Barack Obama se resiste a aplicar dicha respuesta militar, el 15 de mayo un grupo de las fuerzas especiales estadounidenses mató al dirigente del Estado Islámico (EI) Abu Sayyaf, en un operativo realizado en el este de Siria.

Llamado el emir del petróleo y el gas, Sayyaf tenía vínculos con el líder del EI, el iraquí Abu Bakr al Baghadi.

Su esposa, Umm Sayyaf, fue arrestada e interrogada por los norteamericanos luego de que se registraran combates cuerpo a cuerpo, sin que fuera informado el gobierno del presidente sirio, Bachar al Assad.

Este caso marca un antecedente importante, ya que ocurrió días antes de que el gobierno del primer ministro iraquí, Haidar al Abadi, enviara una brigada de combatientes chiitas a la ciudad de Ramadi, unos 100 kilómetros al sur de Bagdad, antes de que cayera en poder de los yihadistas.

En medio de una lucha coordinada en varios frentes, el EI conquistó también esta semana la ciudad de Palmira, en el centro de Siria, considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por sus tesoros arqueológicos.

Las fuerzas del presidente Al Assad se habían comprometido a defender los yacimientos de gas del norte de Palmira, esenciales para el suministro de electricidad de ese país.

Pero los sirios sucumbieron ante el avance de los yihadistas que ya controlan más del 50 por ciento del territorio sirio, tras apoderare del desierto central.

"No creo que estemos perdiendo" la guerra, dijo Obama en una entrevista con la revista estadounidense el Atlantic, tras la caída de Ramadi, Palmira y la ciudad libia de Sirte, según anunció el EI.

A pesar de las presiones de los republicanos para que fuerzas terrestres se involucren en el conflicto, la Administración Obama solo ha hecho cambios cosméticos: envió cohetes antitanques y estudia ampliar el entrenamiento de fuerzas locales.

Convencido de que una nueva guerra podría perjudicar a Estados Unidos, el mandatario norteamericano se niega a mandar fuerzas a combatir, doce años después de que el republicano George W. Bush decidiera invadir Irak.

"El EI es un engendro que nadie sabe quién lo creó en Medio Oriente", dijo a Télam Ricardo Elía, director del Departamento Cultural del Centro Islámico de Buenos Aires.

"Han hecho desaparecer a por lo menos dos países. Hoy en día, Siria e Irak no existen más: están desintegrados, y el Estado Islámico está ocupando un 50 por ciento de Irak y otro 50 por ciento de Siria", afirmó.

Para Elía, el El "es un ejército de mercenarios. No tienen nada que ver con islam, es una fachada para demonizar a todo el islam. La gente en general cree que son musulmanes, como matan cristianos, pero no lo son. ¿Quién está detrás de todo esto?".

Más allá de las culpas atribuidas a Bush por las supuestas armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas en Irak, algunos analistas se preguntan si la actual situación que vive ese país no es responsabilidad de Obama, quien ordenó el retiro de las tropas que permanecían en ese país en diciembre de 2011.

En agosto pasado, el presidente estadounidense autorizó los bombardeos contra el EI después de que los fundamentalistas tomaran Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak.

Desde entonces, se llevaron a cabo 4.050 misiones en territorio iraquí y en Siria, en un intento por debilitar a los yihadistas, informó The New York Times.

Frente a la aparente superioridad militar de los combatientes vestidos de negro, parece imposible que los iraquíes derroten a la milicias del EI si no son ayudados por chiítas iraníes, lo que podría provocar enfrentamientos con los sunnitas, la otra rama del Islam, sostienen expertos.

La influencia de Irán, el principal país chiíta, ha crecido tras el derrocamiento del ajusticiado presidente iraquí Saddam Hussein, en abril de 2003.

Aunque Washington lo relativice, los bombardeos de la coalición internacional no han podido frenar el avance de los fundamentalistas que suelen degollar o esclavizar a sus opositores en las ciudades que conquistan.

Ante esta situación, la jefa de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, dijo que los asesinatos de los yihadistas y la destrucción del patrimonio cultural serán denunciados como crímenes de guerra ante la Corte Penal Internacional.

Libia también se encuentra bajo el asedio del EI, tras el derrocamiento y asesinato de Kaddafi en octubre de 2011, hecho apoyado por Occidente que condujo luego al país a la anarquía. El EI controla la ciudad portuaria de Sirte, al este de ese país, desde el pasado 19 de febrero.

Hoy, Libia tiene dos gobiernos: uno rebelde en Trípoli y otro con sede en Tobruk, reconocido por la comunidad internacional.

¿Llegarán a Bagdad y Damasco los yihadistas? No sería descabellado pensar que podrían llegar mucho más lejos aún, dado que el viernes reivindicaron un ataque suicida a una mezquita en Arabia Saudita, donde hubo 21 muertos.

A mediados de octubre de 2014, las milicias que son fieles a una versión primitiva de la sharia, ley islámica, prometieron conquistar Roma y hacer flamear su bandera negra sobre sobre el palacio del Vaticano.

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